Para 2027: La verdadera elección comienza dentro de los partidos

De Política Alejandro Álvarez Manilla

Las elecciones intermedias de 2027 aún parecen lejanas para buena parte de la ciudadanía. Sin embargo, para los partidos políticos la contienda ya comenzó. Hoy, la disputa más intensa no ocurre frente a las urnas, sino al interior de las organizaciones políticas, donde se libra la batalla por las candidaturas que definirán el rumbo de 17 gubernaturas, la Cámara de Diputados, los congresos locales y cientos de ayuntamientos.

En teoría, la selección de candidatos debería ser el ejercicio más democrático de cualquier partido. Es el momento para evaluar trayectorias, capacidad de gobierno, cercanía con la ciudadanía y propuestas. En la práctica, con demasiada frecuencia prevalecen las encuestas opacas, los acuerdos entre grupos, las negociaciones de último momento y los intereses de las corrientes internas sobre el mérito o la experiencia.

Morena enfrenta quizá su mayor desafío desde que llegó al poder. Ser el partido dominante implica administrar una competencia interna cada vez más intensa. El elevado número de aspirantes registrados para las gubernaturas demuestra que el principal adversario del oficialismo puede encontrarse dentro de sus propias filas. Mantener la unidad sin generar fracturas será una prueba de liderazgo y de institucionalidad.

Pero el reto no es exclusivo del partido gobernante. La oposición también se juega buena parte de su futuro. Partido Acción Nacional, Partido Revolucionario Institucional, Movimiento Ciudadano y el resto de las fuerzas políticas deberán decidir si continúan apostando por los mismos perfiles de siempre o si abren espacio a nuevos liderazgos capaces de conectar con un electorado cada vez más crítico y menos dispuesto a respaldar candidaturas por simple tradición partidista.

Existe un riesgo que no debe minimizarse: el adelantamiento de los tiempos políticos. En muchos estados ya se observan funcionarios en abierta promoción personal, recorridos disfrazados de actividades institucionales y una permanente exposición mediática con claros fines electorales. Aunque la legislación busca establecer reglas para garantizar la equidad, la realidad demuestra que la competencia inicia mucho antes del calendario oficial

La ciudadanía también tiene una responsabilidad. No basta con exigir campañas limpias durante los meses previos a la elección. El escrutinio debe comenzar desde ahora, cuando los partidos deciden quiénes aparecerán en las boletas. Es precisamente en esta etapa donde se define buena parte de la calidad de la democracia.

México llegará en 2027 a una elección de enorme relevancia. Además de renovar 17 gobiernos estatales, estará en juego la integración de la Cámara de Diputados, responsable de aprobar el Presupuesto de Egresos, revisar la actuación del Ejecutivo y construir los acuerdos legislativos que marcarán la segunda mitad del sexenio. A ello se suman los congresos locales y los gobiernos municipales, que representan el primer contacto entre la ciudadanía y el Estado.

La pregunta de fondo no es quién ganará la elección. La verdadera interrogante es si los partidos estarán a la altura de presentar a las y los mejores candidatos, o si volverán a privilegiar cuotas, compadrazgos y cálculos políticos de corto plazo.

Las campañas duran algunos meses; las consecuencias de elegir mal permanecen durante años. Por ello, la democracia no empieza el día de la votación. Comienza cuando los partidos deciden quién merece representar a la sociedad. Y esa decisión, que hoy se está tomando en oficinas, mesas de negociación y procesos internos, será la que determine buena parte del México que veremos en los próximos años.

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