Sheinbaum y Maru Campos volvieron al centro de la conversación política tras conocerse nuevos detalles de la reunión privada que sostuvieron el 19 de septiembre en Ciudad Juárez. Lo que en un inicio se presentó como un encuentro de coordinación terminó convertido en un episodio incómodo, con reclamos cruzados, versiones opuestas y el caso de los presuntos agentes de la CIA en Chihuahua como telón de fondo.
Los dimes y diretes entre la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora de Chihuahua se reactivaron este 23 de octubre, luego de que ambas partes contaran su propia versión del encuentro. La discusión, según lo dicho en público, no fue menor: hubo alzas de voz, señalamientos sobre traición a la patria y un intercambio que dejó claro que la relación entre Palacio Nacional y el gobierno estatal sigue lejos de ser tersa.
En medio de ese cruce, cada una trató de fijar una narrativa. Sheinbaum insistió en que el tema central fue la presunta entrada de agentes extranjeros sin autorización y la posible responsabilidad del entonces fiscal estatal. Maru Campos, por su parte, aseguró que habló porque necesitaba defenderse de acusaciones que, dijo, venían acumulándose desde la tribuna presidencial.
Qué detonó el nuevo choque
El episodio volvió a explotar cuando la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que en su reunión con la gobernadora hubo momentos de tensión y que ambas levantaron la voz. Según su relato, Maru Campos comenzó la conversación reclamándole por haberla acusado de traición a la patria. La mandataria federal respondió que su señalamiento no iba dirigido a una persona en lo particular, sino a un hecho que, dijo, debía investigarse: la presunta entrada de agentes extranjeros a México sin permiso.
Sheinbaum también sostuvo que en esa charla la gobernadora le dijo que el responsable no había sido ella, sino el exfiscal César Jáuregui Moreno. La presidenta añadió que Campos le habló de presuntos actos de corrupción atribuidos al exfuncionario y que ella le respondió que, si había elementos, debía procederse por la vía legal. Con ese relato, Palacio Nacional buscó enmarcar la reunión como un intercambio duro, pero institucional.
La versión presidencial dejó otra idea clara: no hubo una conversación cómoda ni protocolaria. Sheinbaum dijo que el encuentro no fue una charla entre amigas, sino una discusión entre funcionarias públicas con posiciones encontradas. Aun así, remarcó que la relación con Chihuahua seguirá siendo institucional y que el gobierno federal mantendrá el respaldo que corresponda, independientemente del choque político.
El trasfondo no es menor. El caso que detonó la tensión está vinculado con la presunta participación de agentes estadounidenses en un operativo en Chihuahua, un tema que abrió investigación y que ha servido de combustible para el intercambio de acusaciones entre ambos gobiernos. Por eso, cada frase pronunciada desde Palacio Nacional o desde el gobierno estatal termina teniendo eco más allá del caso puntual.
La versión de Maru Campos: se defendió, no negoció
Del otro lado, Maru Campos decidió contar su propia versión y explicar por qué hizo pública una conversación que, en principio, debía quedarse entre ambas partes. La gobernadora dijo que sabía que ventilar el encuentro podía incomodar a la presidenta, pero afirmó que lo hizo porque sentía la obligación de defenderse de los señalamientos que, aseguró, venía recibiendo desde las mañaneras.
Su argumento fue directo: no buscaba abrir un pleito con el gobierno federal ni construir un escándalo artificial. Campos sostuvo que habló para desmentir versiones sobre un supuesto pacto con Sheinbaum y para dejar claro que no existió ninguna negociación política para acomodar el caso a conveniencia. En su lectura, el silencio solo alimentaba más rumores.
La mandataria estatal también dijo que la presión sobre Chihuahua ha sido fuerte y que la discusión no puede entenderse solo como un intercambio personal entre dos figuras de alto nivel. Aseguró que el problema de fondo es la forma en que se ha tratado a su gobierno y la necesidad de marcar límites cuando, desde su perspectiva, se cruza una línea política. Por eso insistió en que, si expuso los detalles de la reunión, fue para defenderse y defender a los chihuahuenses.
Ese punto le da otra dimensión al choque. Ya no se trata únicamente del caso de la CIA o de la discusión sobre el exfiscal. También hay una batalla por el relato público. Sheinbaum quiere dejar claro que no hubo pacto ni exoneración; Maru Campos quiere dejar claro que no se dobló y que respondió ante una ofensiva política que consideró injusta. En medio de ese cruce, el ruido crece y la distancia también.
Lo que deja este pleito político
La bronca entre Sheinbaum y Maru Campos no es menor porque ocurre en un estado clave y en un momento en el que la seguridad sigue siendo uno de los temas más sensibles del país. Chihuahua ha quedado en el centro de la conversación por el operativo relacionado con la presunta participación de agentes estadounidenses, por las investigaciones abiertas y por el impacto que todo eso ha tenido en la relación entre ambos gobiernos.
Aun así, las dos partes repiten una idea similar: la coordinación no debería romperse. Sheinbaum afirmó que, más allá del roce, el gobierno federal seguirá dando apoyo a Chihuahua y que cualquier asunto institucional debe canalizarse por las vías oficiales. Maru Campos, por su lado, ha insistido en que el diálogo con la Federación sigue siendo necesario, aunque no siempre sea amable ni cómodo.
El problema es que el intercambio ya dejó huella pública. La presidenta expuso que el encuentro terminó con tensión y que la gobernadora lanzó reclamos directos. Campos respondió que habló porque necesitaba defenderse de señalamientos previos. Así, el episodio terminó convertido en un choque con dos lecturas: para unos, una aclaración necesaria; para otros, una filtración que enrareció todavía más el ambiente político.
Por ahora, lo único claro es que Sheinbaum y Maru Campos seguirán obligadas a entenderse. Y aunque ambas hablen de coordinación institucional, el tono que dejaron estas declaraciones muestra que la relación entre la Presidencia y Chihuahua sigue pasando por uno de sus momentos más tensos.













