Entre apoyos sociales y cuentas pendientes, y Trump
De Política Alejandro Álvarez Manilla
Este martes 1 de septiembre, Claudia Sheinbaum llegará a su segundo Informe de Gobierno con una oportunidad que va mucho más allá de enumerar obras, programas sociales, reformas y cifras favorables. El verdadero desafío será explicar qué país está construyendo y, sobre todo, cómo piensa resolver los problemas que siguen golpeando a millones de mexicanos.
Porque México puede presumir algunos avances, pero también enfrenta una realidad que no cabe en un discurso triunfalista: violencia que persiste en distintas regiones, extorsiones que afectan a comerciantes y empresas, desapariciones, organizaciones criminales con capacidad para controlar territorios y una economía que avanza con mucha mayor lentitud de la que el país necesita.
La pregunta inevitable es: ¿qué puede anunciar la presidenta ante este escenario?
Sheinbaum seguramente hablará de los resultados de su estrategia de seguridad y de la reducción de homicidios que ha reportado su gobierno. Sin embargo, el problema de la inseguridad mexicana no puede medirse únicamente con el número de asesinatos. Para una familia, un comerciante o un empresario que recibe una llamada de extorsión, poco importa que determinada estadística nacional haya disminuido si en su comunidad continúa viviendo con miedo.
La seguridad también significa poder abrir un negocio sin pagarle al crimen organizado, transitar por una carretera sin temor, buscar a una persona desaparecida con la certeza de que el Estado hará su trabajo y vivir sin que la delincuencia determine las reglas de una comunidad.
Ese es uno de los grandes pendientes que deberían ocupar el centro del segundo informe.
El otro gran desafío: hacer crecer la economía
Por un lado, el Gobierno puede argumentar que México ha resistido un complicado entorno internacional y que existen señales de recuperación. El Banco de México elevó recientemente su pronóstico de crecimiento para 2026 a 1.5%.
Pero 1.5% difícilmente puede considerarse un crecimiento extraordinario para un país con más de 130 millones de habitantes y enormes necesidades de infraestructura, empleo, seguridad, educación y salud.
El problema más profundo está en la inversión.
La inversión extranjera directa alcanzó un máximo histórico durante el primer semestre de 2026, pero existe un dato que debería llamar especialmente la atención: las nuevas inversiones disminuyeron 42%, mientras que la mayor parte del flujo correspondió a la reinversión de utilidades de empresas que ya están instaladas en México.
Esto significa que no basta con anunciar que llega capital extranjero. Lo verdaderamente importante es saber cuánto capital nuevo está llegando, cuántos empleos genera, qué tecnología incorpora y qué nuevas empresas decide instalarse en territorio mexicano.
México necesita inversión privada.
No porque el Estado deba renunciar a su responsabilidad social, sino porque ningún gobierno puede sostener indefinidamente el crecimiento, el empleo y los programas de bienestar únicamente con recursos públicos.
Ahí aparece una de las grandes preguntas para el segundo informe: ¿cómo piensa el gobierno generar las condiciones para que empresarios nacionales y extranjeros vuelvan a invertir con mayor confianza?
Seguridad, certeza jurídica, infraestructura, energía suficiente, agua, reglas claras y un sistema de justicia confiable no son demandas exclusivas de los empresarios. Son condiciones indispensables para generar empleos y elevar los ingresos de las familias.
Más programas sociales, pero ¿hasta cuándo?
Uno de los grandes sellos del gobierno de Sheinbaum ha sido la continuidad y ampliación de los programas sociales.
Para millones de mexicanos, una pensión, una beca o un apoyo económico representa una diferencia concreta en su vida cotidiana. La política social no debe despreciarse ni entenderse como un simple instrumento electoral.
Pero existe una diferencia fundamental entre repartir recursos y generar las condiciones para que las personas puedan prosperar por sí mismas.
Un país no puede conformarse con entregar apoyos si al mismo tiempo no genera suficientes empleos formales, empresas, inversión, productividad y oportunidades para los jóvenes.
El gasto social tiene un límite. Y ese límite empieza a ser visible. Un análisis reciente señala que el Gobierno enfrenta mayores restricciones fiscales para sostener el crecimiento de los programas sociales, en un contexto de menor dinamismo económico, recaudación estancada y presión creciente sobre las finanzas públicas.
Por eso el debate no debería ser programas sociales sí o programas sociales no.
La verdadera discusión es cómo convertir esos apoyos en un puente hacia una economía con mayores oportunidades.
Porque una pensión ayuda a una persona mayor, pero un empleo formal permite a una familia construir un proyecto de vida. Una beca ayuda a un estudiante, pero una economía dinámica debe ofrecerle un empleo cuando termine sus estudios.
Sheinbaum necesita hablarle también al sector privado
Durante este segundo año de gobierno, uno de los mensajes más importantes que podría enviar la presidenta es que la inversión privada no es enemiga de la transformación.
Por el contrario, puede ser uno de sus principales motores. México tiene una oportunidad extraordinaria por su cercanía con Estados Unidos, el T-MEC, la relocalización de empresas y su posición estratégica en América del Norte. Pero esa oportunidad no se materializará únicamente con discursos o programas gubernamentales.
Se necesita confianza. Y la confianza se construye con instituciones fuertes, seguridad, certidumbre jurídica y reglas que no cambien constantemente.
El propio debate económico alrededor del Plan México apunta hacia esa necesidad de combinar inversión pública con inversión privada y fortalecer sectores estratégicos.
Un informe no debería ser solamente una celebración
Claudia Sheinbaum llega a su segundo informe con una ventaja política importante: conserva una amplia capacidad de decisión y una base social sólida.
Precisamente por eso, el informe debería ser algo más que una ceremonia de resultados.
Debería ser un ejercicio de autocrítica. México no necesita que le digan solamente que “vamos bien”. Necesita saber qué se está haciendo para que la extorsión deje de ser parte de la vida cotidiana de miles de personas; cómo se recuperarán territorios donde el crimen tiene presencia; cómo se garantizará justicia para las familias de desaparecidos; cómo se atraerá inversión privada; cómo crecerá la economía y cómo se financiarán los programas sociales en los próximos años.
El segundo informe presidencial llega, en ese sentido, en un momento decisivo.
Sheinbaum puede optar por presentar un balance político de lo realizado o aprovechar el momento para establecer una hoja de ruta mucho más ambiciosa.
Porque gobernar no consiste únicamente en repartir lo que existe.
Gobernar también significa crear las condiciones para que exista más.
Más inversión. Más empleos. Más seguridad. Más productividad. Más oportunidades.
Y, sobre todo, un Estado capaz de garantizar que el mexicano que trabaja, emprende, estudia o simplemente quiere vivir en paz tenga la certeza de que su esfuerzo no terminará financiando la inseguridad, la corrupción o la falta de oportunidades.
Trump: el vecino que condiciona la economía mexicana
Sheinbaum ha tenido que gobernar bajo la sombra de un Donald Trump mucho más agresivo que en su primer mandato.
El presidente estadounidense ha utilizado los aranceles y la política comercial como instrumentos de presión, mientras México negocia las condiciones de su relación económica con Washington y la revisión del T-MEC.
La situación no es menor. México depende enormemente del mercado estadounidense y, al mismo tiempo, necesita conservar las ventajas que le ofrece el tratado comercial.
En las últimas semanas, el gobierno mexicano ha buscado reducir los aranceles estadounidenses que afectan a sectores como el automotriz y el acero, mientras las negociaciones sobre el futuro del T-MEC avanzan en un ambiente de incertidumbre.
Este martes, la presidenta tendrá nuevamente la atención del pueblo mexicano.
La sociedad tendrá que escuchar no solamente lo que se ha hecho, sino también lo que falta por hacer.
Porque el verdadero éxito de un gobierno no se mide únicamente por el número de programas que entrega, sino por la capacidad de transformar esos apoyos en oportunidades y convertir un país que sobrevive en un país que crece, produce y vive en paz.










