En el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, que se conmemora este 30 de agosto, los obispos de México hicieron un llamado a la sociedad a no normalizar la desaparición de personas y a acompañar a las familias que continúan en la búsqueda de sus seres queridos.
A través del semanario Desde la fe, de la Arquidiócesis Primada de México, los prelados advirtieron que ante la dimensión de esta tragedia “no podemos permitirnos caer en la peligrosa tentación de acostumbrarnos”.
Señalaron que la magnitud del problema no puede entenderse únicamente a partir de cifras, pues detrás de cada caso existe una persona, un nombre y una familia que mantiene viva la esperanza de encontrarla.
“¿Dónde están?” es, apuntaron, la pregunta que miles de familias mexicanas se formulan una y otra vez, mientras enfrentan diariamente la incertidumbre y esperan volver a abrir la puerta de su casa para recibir a un hijo, una hija, un padre, una madre o un hermano.
Ante esta realidad, los obispos convocaron a la sociedad a “salir al encuentro de quienes buscan y de quienes desean colaborar en la construcción de un México en paz”.
Asimismo, subrayaron que acompañar y solidarizarse con las familias buscadoras no significa sustituir las responsabilidades de las autoridades. Recordaron que corresponde al Estado prevenir las desapariciones, activar mecanismos de búsqueda inmediata y efectiva, investigar los casos, procurar justicia y generar condiciones para evitar que estos hechos vuelvan a ocurrir.
“No puede haber reconciliación construida sobre la impunidad ni diálogo que pretenda esconder la verdad”, enfatizaron.
Los obispos consideraron que la desaparición de personas constituye una de las heridas más profundas de México y, por ello, su búsqueda debe convertirse en una causa nacional que involucre tanto a las instituciones como a la sociedad.
En este sentido, destacaron la necesidad de contar con autoridades e instituciones capaces de responder de manera efectiva y con una sociedad dispuesta a escuchar, acompañar y no abandonar a quienes atraviesan esta situación.
La Iglesia católica también reconoció que tiene una responsabilidad frente a esta problemática, al señalar que su fe le impide permanecer indiferente ante el sufrimiento de los demás.
“Acompañar a las familias buscadoras, abrir espacios para escucharlas, contribuir a la reconstrucción del tejido social y promover caminos de encuentro y de paz no son asuntos ajenos a nuestra misión”, señalaron.
Los prelados reconocieron de manera especial la labor de las madres buscadoras y de las organizaciones ciudadanas que, impulsadas por el dolor, la valentía y la perseverancia, han encabezado la búsqueda de sus seres queridos y contribuido a realizar hallazgos que mantienen vigente la exigencia de verdad y justicia.
Por ello, llamaron a que este 30 de agosto sea una jornada para recordar a quienes permanecen ausentes, solidarizarse con sus familias, exigir a las autoridades que cumplan con sus responsabilidades y dejar atrás la indiferencia.
En la Arquidiócesis Primada de México, además, se pidió que durante las misas dominicales de este domingo, a solicitud del cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México, se eleve una oración por las personas desaparecidas y por las familias que continúan buscándolas.
La intención que será pronunciada durante las celebraciones eucarísticas señala:
“Oramos por nuestros hermanos desaparecidos y por sus familias, particularmente por las madres y familiares que no han dejado de buscarlos; para que el Señor los acompañe, los fortalezca en la esperanza, y mueva nuestros corazones a ser solidarios con su dolor y con su búsqueda”.
Finalmente, los obispos plantearon una pregunta dirigida a toda la sociedad: mientras miles de familias continúan buscando a quienes aman, “¿dónde estamos nosotros?”.
Y llamaron a que la búsqueda de quienes faltan también interpela a todos: “Que la búsqueda de quienes faltan nos encuentre, y nos encuentre cerca”.
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