México estaría en riesgo de enfrentar una parálisis logística y desabasto en sectores estratégicos si Estados Unidos, su principal proveedor, decide cancelar o reducir sus exportaciones de diésel. El país importa alrededor de 220 mil barriles diarios del combustible, mientras que sus inventarios nacionales apenas alcanzarían para cubrir cinco días de consumo.
La eventual interrupción de los envíos afectaría principalmente al transporte de carga, el comercio, la minería, el campo y la industria, debido a la importancia del diésel para las actividades productivas y logísticas.
Análisis de la consultora estadounidense Wood Mackenzie —especializada en los sectores energético, químico, de energías renovables, metalúrgico y minero— y un estudio del ingeniero Ramses Pech, especialista en hidrocarburos, energía geotérmica y economía, coinciden en que una reducción de las exportaciones estadounidenses de diésel podría generar afectaciones en distintas regiones del mundo.
De acuerdo con Wood Mackenzie, la posibilidad de que el gobierno de Donald Trump evalúe restricciones a las ventas de diésel al exterior responde a diversos factores. Entre ellos se encuentra el incremento de la demanda mundial derivado de conflictos bélicos, incluida la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha provocado interrupciones en las cadenas internacionales de suministro y contribuido a mantener los inventarios estadounidenses en niveles históricamente bajos.
La consultora también señala que Estados Unidos ha reducido en los últimos años su capacidad de refinación de petróleo destinada a producir diésel. Esto se debe, entre otros factores, al cierre de refinerías que dejaron de ser rentables y no fueron sustituidas por nuevas instalaciones. Se trata de una tendencia que se arrastra desde la década de 1970.
Como consecuencia, las refinerías que permanecen operativas trabajan cerca de su capacidad máxima, lo que limita el margen de maniobra para responder a un incremento de la demanda, tanto interna como internacional.
Otro factor señalado por Wood Mackenzie es el avance de Washington hacia una transición energética basada en fuentes renovables y la intención de reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Ramses Pech coincide en que la disminución de la oferta de diésel proveniente de regiones como Medio Oriente y Rusia, derivada de los conflictos que enfrentan, se suma a una capacidad mundial de refinación insuficiente. De mantenerse esta situación, advierte, podría generarse una parálisis en sectores industriales y comerciales, particularmente si no se alcanzan acuerdos para restablecer el suministro.
El especialista destaca que el diésel es fundamental para el transporte, el campo y la minería, por lo que una reducción significativa de su disponibilidad también tendría efectos sobre los precios de otros combustibles y, en general, sobre los costos de operación de distintas actividades económicas.
El ingeniero químico señala que Estados Unidos es el mayor refinador de petróleo del mundo; sin embargo, sus inventarios de diésel se encuentran entre los niveles más bajos de su historia. El país produce grandes volúmenes, pero mantiene una capacidad de almacenamiento limitada.
Además, su única reserva estratégica de diésel tendría capacidad para cubrir aproximadamente 30 días de consumo, de los cuales alrededor de 10 estarían destinados al noreste estadounidense, donde el combustible es indispensable para los sistemas de calefacción durante la temporada invernal.
En su análisis sobre el riesgo que enfrentaría México, Pech estima que Estados Unidos producirá en promedio 5.2 millones de barriles diarios de diésel durante 2026, mientras que procesará alrededor de 17.3 millones de barriles diarios de crudo. Las refinerías estadounidenses operarían, en promedio, cerca de 96 por ciento de su capacidad.
Los países que resultarían más expuestos ante una eventual restricción a las exportaciones estadounidenses serían los de América Latina y el Caribe, debido a que la región constituye uno de los principales destinos de esos barriles. México, por su cercanía y dependencia del suministro estadounidense, estaría entre los primeros países afectados.
Pech señala que México compra a Estados Unidos alrededor de 220 mil barriles diarios de diésel, volumen que representa 61 por ciento de los 360.8 mil barriles diarios que la Secretaría de Energía (Sener) proyecta como demanda nacional para 2026.
El impacto de una interrupción en las ventas estadounidenses sería particularmente relevante debido a que México cuenta con inventarios suficientes únicamente para unos cinco días de consumo. Actualmente, el precio promedio del diésel en las estaciones de servicio ronda los 27 pesos por litro.
El especialista plantea tres escenarios dependiendo de la magnitud de los recortes a las exportaciones estadounidenses hacia México. En el primero, una reducción de 25 por ciento implicaría dejar de recibir alrededor de 55 mil barriles diarios, equivalente a aproximadamente 15 por ciento de la demanda nacional.
Con ese nivel de reducción, México mantendría inventarios para apenas cinco días, lo que incrementaría el riesgo de interrupciones en el transporte y en las actividades económicas que dependen directamente del diésel.











