IMSS: entre la falta de medicamentos, las carencias médicas y el abandono a pacientes

De Política Alejandro Álvarez Manilla

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es una de las instituciones más importantes de México. Durante décadas, ha representado para millones de trabajadores y sus familias la posibilidad de recibir atención médica, acceder a tratamientos y enfrentar una enfermedad sin que ello signifique perder por completo su estabilidad económica. Sin embargo, hoy esa promesa de seguridad social se enfrenta a una realidad preocupante: pacientes que esperan durante horas para recibir atención, recetas que no siempre se surten en su totalidad, equipos médicos insuficientes o fuera de servicio y personal de salud que debe trabajar bajo una presión cada vez mayor.

La crisis del IMSS no puede reducirse a un problema administrativo ni resolverse únicamente con discursos oficiales. Detrás de cada medicamento faltante hay una persona que necesita continuar su tratamiento; detrás de cada equipo médico que no funciona hay un diagnóstico que puede retrasarse, y detrás de cada consulta saturada hay un paciente que merece atención digna, oportuna y de calidad.

El problema es que, cuando las deficiencias se vuelven parte de la rutina, existe el riesgo de que la sociedad termine acostumbrándose a ellas. Hacer largas filas, esperar meses por una consulta de especialidad o recorrer distintas farmacias en busca de un medicamento no debería considerarse normal en un sistema de seguridad social que tiene la responsabilidad de proteger la salud de la población.

Cuando enfermarse también significa enfrentar obstáculos

Uno de los problemas más sensibles es el desabasto de medicamentos. Para una persona con diabetes, hipertensión, cáncer o cualquier otra enfermedad crónica, no recibir a tiempo el tratamiento prescrito puede representar una complicación grave. No se trata de un inconveniente menor ni de una simple molestia burocrática: la continuidad de un tratamiento puede marcar la diferencia en la evolución de una enfermedad.

Es cierto que las autoridades federales y el propio IMSS han informado sobre avances en el suministro de medicamentos. Sin embargo, los porcentajes generales de abasto no siempre reflejan la experiencia cotidiana de quienes acuden a una unidad médica y descubren que el fármaco que necesitan no está disponible.

La pregunta es inevitable: ¿de qué sirve anunciar buenos indicadores nacionales si todavía hay pacientes que salen de una farmacia institucional con una receta incompleta?

La evaluación del sistema de salud debe partir de resultados concretos. No basta con contabilizar las compras realizadas o las piezas distribuidas; también es indispensable verificar que los medicamentos correctos lleguen a la unidad médica indicada, en el momento necesario y en las cantidades suficientes para atender a cada paciente.

Hospitales sin el equipo necesario y personal rebasado

A la falta de medicamentos se suman las carencias de equipo médico, los problemas de mantenimiento y la insuficiencia de personal en distintas unidades. Las denuncias recientes de trabajadores del Instituto han puesto nuevamente sobre la mesa estas dificultades, así como las condiciones en las que médicos, enfermeras y otros profesionales desempeñan sus labores.

Un hospital no funciona únicamente con edificios y camas. Necesita equipos de diagnóstico, instrumentos quirúrgicos, material de curación, laboratorios abastecidos, instalaciones adecuadas y personal suficiente para responder a la demanda.

Cuando alguno de estos elementos falla, toda la cadena de atención se ve afectada. Un estudio que no puede realizarse a tiempo retrasa un diagnóstico; una cirugía que debe posponerse prolonga el sufrimiento de un paciente, y una consulta saturada reduce las posibilidades de brindar una valoración cuidadosa.

Tampoco sería justo responsabilizar exclusivamente al personal médico por las deficiencias del servicio. Muchos trabajadores hacen esfuerzos extraordinarios para atender a los derechohabientes, incluso cuando no cuentan con todos los recursos necesarios. Exigirles resultados sin garantizarles las herramientas indispensables es trasladarles una responsabilidad que corresponde también a quienes administran y dirigen la institución.

La solución, por tanto, requiere escuchar al personal de primera línea, identificar las necesidades de cada hospital y establecer compromisos verificables para resolverlas.

El costo humano de la burocracia

Quizá la consecuencia más grave de esta crisis sea la pérdida de confianza. Cuando una persona acude al IMSS, espera encontrar una institución que responda a sus necesidades de salud, no un laberinto de trámites, citas lejanas y explicaciones que no resuelven su problema.

Para las familias de menores ingresos, acudir al sector privado no siempre es una alternativa. Una consulta particular, un estudio especializado o la compra de medicamentos pueden representar gastos imposibles de cubrir. Por eso, las deficiencias del sistema público afectan de manera desproporcionada a quienes tienen menos posibilidades de buscar atención por otra vía.

La seguridad social no debe convertirse en un servicio que dependa de la suerte de encontrar un medicamento, de conocer a alguien que agilice un trámite o de contar con dinero para pagar lo que el sistema no pudo proporcionar.

La atención médica es una necesidad fundamental y una responsabilidad pública. Por ello, cada retraso injustificado, cada receta sin surtir y cada equipo fuera de servicio debe ser atendido con seriedad, transparencia y sentido de urgencia.

Menos promesas y más resultados

Frente a este panorama, las autoridades deben asumir compromisos claros. Es necesario mejorar la planeación y distribución de medicamentos, garantizar el mantenimiento preventivo y correctivo de los equipos, cubrir las vacantes prioritarias y fortalecer la capacidad de atención de las unidades médicas.

También se requiere transparentar el destino de los recursos, publicar información verificable sobre el abasto por hospital y establecer mecanismos eficaces para que los pacientes reporten las deficiencias y reciban una solución. Cada compromiso debe contar con responsables, plazos y resultados que puedan ser evaluados por la ciudadanía.

La estrategia de escucha activa anunciada por el IMSS para revisar las condiciones de 277 hospitales constituye una oportunidad para identificar problemas operativos y atender las demandas de sus trabajadores. Pero escuchar no es suficiente: el verdadero reto será convertir los diagnósticos en acciones concretas y demostrar que las condiciones de atención están mejorando.

La rendición de cuentas debe ser parte central de cualquier esfuerzo de transformación. La población tiene derecho a conocer qué problemas se han detectado, qué recursos se destinarán a resolverlos y cuáles serán los mecanismos para comprobar que las soluciones realmente funcionan.

La salud de los mexicanos no puede esperar

El IMSS necesita una transformación que vaya más allá de los anuncios y de las medidas temporales. Requiere planeación de largo plazo, inversión eficiente, una administración responsable y una política de salud que coloque al paciente en el centro de todas sus decisiones.

Defender al Instituto no significa ignorar sus fallas ni minimizar las denuncias de sus derechohabientes. Por el contrario, significa reconocer su importancia para el país y exigir que funcione a la altura de las necesidades de la población.

Millones de mexicanos contribuyen al sistema mediante sus cuotas y las aportaciones correspondientes. A cambio, esperan recibir atención digna cuando más la necesitan. No piden privilegios: exigen que se cumpla el propósito para el que existe la institución.

La crisis del IMSS debe ser una llamada de atención para las autoridades, los responsables administrativos y todos los actores involucrados en el sistema de salud. No podemos permitir que la falta de medicamentos, las deficiencias del equipo médico y las largas esperas se conviertan en una condición permanente.

Porque cuando se habla de salud pública, no se habla solamente de presupuestos, estadísticas o procedimientos administrativos. Se habla de personas, de familias y de vidas que no pueden quedar sujetas a la ineficiencia.

El reto del IMSS no es únicamente atender a millones de derechohabientes, sino garantizar que cada uno de ellos reciba la atención que merece. Y esa responsabilidad no puede seguir esperando.

El artículo toma como referencia las denuncias recientes de trabajadores y las medidas anunciadas por el Instituto para revisar las carencias hospitalarias.

 SHAPE  \* MERGEFORMAT

Comparte