Miscelánea, salud y política. Judith Álamo López
Cuando la jefa política del Estado mexicano en lugar de atender crisis estructurales, prioriza sumarse a un tema viral en redes que le genere simpatías de los fanáticos del futbol, debemos preguntarnos: ¿incurre en una conducta humanista o más bien banaliza su responsabilidad presidencial?
Los políticos siempre han buscado la aceptación de sus gobernados, y la presidente Sheinbaum atraviesa por una crisis de popularidad con índices de aceptación descendiente –según las principales encuestadoras independientes–, por lo que es evidente que en la mañanera ella también aprovechó la celebridad ganada por el simpático pato vestido con la playera de la selección nacional para beneficiarse.
No es reprobable que la mandataria busque humanizar su figura pública mostrando interés en fenómenos populares como el protagonizado por el pato Merlín y sus dueños, una madre y un hijo adolescente vendedores ambulantes. Tampoco es criticable que busque empatía con las clases populares, lo injustificable es que carezca de humanismo para resolver los problemas de millones de mexicanos que claman por justicia, trato digno, respeto a la libertad de expresión y derecho a la vida.
La comunicación oficial desde que el líder de la Cuarta Transformación (4T) llegó al poder eliminó aquello de que la comunicación social institucional debía ser organizacional y mantener flujos horizontales de información, así como tener retroalimentación, es decir capacidad para escuchar a la sociedad y dar respuesta a las demandas sociales.
El mesías tropical adoptó el esquema autoritario de verticalidad y descenso de la información desde la cúpula, donde se dedicó a crear una realidad alterna beneficiosa a la 4T. Claudia Sheinbaum ha mantenido ese esquema en el que generalmente se establece una narrativa pública acorde a sus intereses partidistas, sin apego a la veracidad.
Pero la comunicación oficial pese al uso de los medios del Estado y de un aparato en redes y medios de difusión privados, montados con recursos públicos como parte de la red de propaganda gubernamental, ha descuidado resolver conflictos sociales, como la atención a los grupos de madres y padres de desaparecidos, quienes en tono irónico se quejaron de no ser patos ni saber graznar para poder recibir la atención del gobierno.
Organizaciones sociales como Fundar condenaron la estigmatización pública de estas agrupaciones por parte del gobierno, qué en su afán por desviar la crisis de 134,000 desapariciones, quisieron llevar el debate hacia el financiamiento de los autobuses, tratando de aplicar una estrategia que deslegitima la lucha de miles de familias en todo el país.
“La soberanía y la grandeza de un Estado no se miden por la capacidad de organizar un Mundial, sino por su capacidad de garantizar justicia y su voluntad de responder a quienes buscan a sus seres queridos con sus propias manos. Las familias buscadoras no son un problema de seguridad pública ni un asunto de financiamiento político. Son víctimas que exigen lo que el Estado les debe: verdad y justicia” (Pronunciamiento de Fundar.org.mx 012/06/26)
Cuando más quisiera el gobierno actual quitarse de la mira internacional por las acusaciones de Narco-Estado, brindar una buena cara a los visitantes extranjeros con motivo de la Copa Mundial de Futbol, saltan a la vista los problemas de ingobernabilidad junto con los estridentes ajolotes morados por doquier y los ridículos candiles Luis XVI en la estación Hidalgo del Metro.
Se invirtieron recursos públicos en obras de ornato absurdas, mientras que los habitantes capitalinos luego de las lluvias tienen que esquivar alcantarillas sin desazolve, que suelen desparramarse, hieden; el Metro por falta de mantenimiento va a paso de peatón, dicen que para evitar descarrilarse y los automovilistas esquivan o caen en baches ocultos por las inundaciones…
Cierto que la necesidad de evadir la problemática realidad puede llevarnos a sumergirnos en el sueño pambolero de imaginar al equipo mexicano campeón del mundo, aunque sus probabilidades sean solo del 1.6%, según el científico Steven Stern.
Si algo anima en tiempos de crisis es bajar la guardia y sonreír, quizá ante la simpática figura del pato Merlín, vestido con la playera del tri, caminando en zonas transitadas del centro de la Ciudad de México, atrás de sus afortunados dueños, quienes ya pueden monetizar su imagen. Aunque quizá alguien realista diga: ¿De qué te ríes, estú…?
Mientras soñamos, el gobierno busca mantener su popularidad y no duda en transgredir la ley para conservar el poder; así con meses de anticipación, los morenistas ya arrancaron el proceso de selección de candidatos a los comicios del 2027, en los que se elegirán 15 mil puestos de elección popular: 500 diputados federales, 17 gobernadores estatales, integrantes de congresos locales, presidencias municipales y 16 alcaldías.
Morena adelantó los tiempos electorales con una supuesta estrategia para elegir “coordinadores estatales en defensa de la transformación y soberanía nacional”, pero la oposición no se quiere quedar atrás por lo que el PRI nombrará “defensores de México” y el PAN a “coordinadores de la defensa de la Patria, la familia y la libertad”.
La presidente de la Comisión nacional de elecciones de Morena, Citlalli Hernández, sin el menor rubor frente al desacato legal, presumió que “es un orgullo que nuestros procesos sean los más democráticos, tanto que el PRI y el PAN lo copiaron, nosotros los llevamos haciendo desde el inicio”.
Así, la coalición oficialista y la oposición que no quiere rezagarse en la competencia, siguen la máxima del líder “moral” del movimiento: “No me vengan con que la ley es la ley” y es que el mal ejemplo cunde.











