Alejandro Álvarez Manilla
Por años, los aficionados mexicanos soñaron con volver a ser anfitriones de una Copa del Mundo. El Mundial FIFA 2026 representa una oportunidad histórica para que México se convierta en el primer país en albergar tres ediciones del torneo más importante del futbol. Sin embargo, a medida que se acerca la competencia, crece una sensación incómoda entre millones de aficionados: la fiesta parece diseñada para unos cuantos y no para la mayoría.
El futbol convertido en un lujo
El primer obstáculo es el precio de los boletos. Asistir a un partido del Mundial se ha convertido en un privilegio reservado para quienes cuentan con una capacidad económica muy superior al promedio nacional. Entre boletos, transporte, hospedaje y alimentos, una familia mexicana difícilmente podrá costear la experiencia completa.
La FIFA ha transformado el evento en un producto global dirigido al turismo internacional y al consumidor de alto poder adquisitivo. Mientras que para muchos extranjeros viajar a México representa una opción accesible, para millones de mexicanos el costo equivale a varios meses de salario.
Resulta paradójico que los estadios ubicados en territorio nacional reciban partidos que una gran parte de los ciudadanos del país anfitrión no podrá presenciar en persona.
Ver futbol también tendrá costo
La segunda barrera es la televisión. Tradicionalmente, los Mundiales habían sido un acontecimiento que unía a las familias mexicanas frente al televisor. Bastaba con encender la televisión abierta para seguir los encuentros de la Selección Mexicana y buena parte de la competencia.
Hoy el panorama es diferente. La creciente fragmentación de los derechos de transmisión ha provocado que muchos encuentros estén disponibles únicamente mediante servicios de televisión restringida o plataformas digitales de pago. El aficionado ya no necesita sólo una televisión; necesita suscripciones.
La situación contrasta con lo que ocurre en Estados Unidos, donde una parte importante de los encuentros puede verse a través de cadenas abiertas o plataformas con mayor cobertura gratuita para el público. Mientras el país vecino busca ampliar las audiencias y acercar el torneo a la población, en México existe la percepción de que el acceso al espectáculo está condicionado por la capacidad de pago.
El riesgo es evidente: un Mundial organizado parcialmente en México podría terminar siendo visto por menos mexicanos que ediciones anteriores disputadas a miles de kilómetros de distancia.
Un Centro Histórico sin ambiente mundialista
A ello se suma otro factor que ha generado debate: las restricciones para la venta y consumo de bebidas alcohólicas en distintas zonas del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Nadie discute la necesidad de mantener el orden público y la seguridad. Sin embargo, también es cierto que los grandes eventos deportivos suelen estar acompañados de espacios de convivencia donde los aficionados se reúnen para celebrar, convivir y compartir la pasión por el futbol.
La experiencia internacional demuestra que las denominadas “fan zones” funcionan cuando existe un equilibrio entre seguridad, actividad económica y ambiente festivo. Limitar excesivamente ciertas actividades puede restar atractivo a una ciudad que busca proyectarse como una de las grandes anfitrionas del torneo.
El desafío para las autoridades será encontrar un punto medio que garantice la tranquilidad sin apagar el ambiente que caracteriza a una Copa del Mundo.
El Mundial debe ser para la gente
México tiene estadios, infraestructura, tradición futbolera y una afición reconocida mundialmente. Lo que falta es asegurar que quienes han sostenido durante décadas la pasión por este deporte puedan disfrutar realmente del evento.
Un Mundial no debería medirse únicamente por la derrama económica, el turismo o los contratos comerciales. También debería evaluarse por la capacidad de acercar el futbol a la población.
Si los boletos son inaccesibles, si los partidos más atractivos quedan detrás de un muro de suscripciones y si los espacios públicos pierden parte de su carácter festivo, el riesgo es que el Mundial 2026 termine siendo una gran celebración internacional observada desde lejos por millones de mexicanos.
La Copa del Mundo llega a México, pero la pregunta sigue vigente: ¿llega también para los mexicanos?













