¿Tamales y tomates? Trump vuelve a equivocarse con México

De Política Alejandro Álvarez Manilla

Por si alguien todavía tenía dudas sobre la manera en que Donald Trump entiende la relación con México, el presidente estadounidense volvió a dejarlo bastante claro: desde su perspectiva, nuestro país poco tiene que ofrecerle a Estados Unidos, más allá de “tamales picantes y tomates”.

La frase puede provocar una carcajada, pero en realidad debería provocar algo más: preocupación.

No porque México tenga que ofenderse por una referencia a sus tamales. Al contrario. Los tamales forman parte de una de las gastronomías más reconocidas del mundo y los tomates mexicanos llegan todos los días a las mesas estadounidenses. El problema es que detrás de esa frase hay una visión peligrosamente simplista de una relación económica que sostiene empleos, industrias y cadenas de suministro en ambos lados de la frontera.

Trump habla como si México fuera un vendedor ambulante tocando la puerta de Estados Unidos para ofrecerle mercancía.

La realidad es muy distinta.

México fabrica automóviles que circulan por las carreteras estadounidenses, produce autopartes que mantienen funcionando las plantas industriales de aquel país, participa en cadenas de producción de tecnología, exporta alimentos y suministra una enorme cantidad de bienes que los consumidores estadounidenses compran todos los días.

Pero quizá eso no cabe en un discurso de campaña.

La respuesta de Sheinbaum: sencilla, pero inteligente

Frente a la provocación, Claudia Sheinbaum no necesitó sacar un catálogo de exportaciones ni entrar en una competencia de insultos.

Su respuesta fue simple: México quiere una relación positiva con Estados Unidos, pero también exige respeto.

Y ahí está la diferencia.

Trump necesita convertir prácticamente cualquier negociación en una demostración de fuerza. Amenaza, presiona, acusa y después negocia. Es su método político. El problema es que México no puede darse el lujo de responderle exactamente de la misma manera.

Sheinbaum entendió que una guerra de declaraciones puede ser muy popular en redes sociales, pero poco útil para proteger los intereses mexicanos.

No se trata de demostrar quién grita más fuerte.

Se trata de demostrar quién tiene mejores argumentos.

Y México los tiene.

¿De verdad Estados Unidos no necesita a México?

Aquí es donde el discurso de Trump comienza a tropezar con la realidad.

Si México solamente le vendiera a Estados Unidos tomates y tamales, sería difícil explicar por qué las empresas estadounidenses han construido durante décadas cadenas productivas profundamente integradas con nuestro país.

También sería complicado explicar por qué tantas compañías estadounidenses producen en México para vender en Estados Unidos.

Y habría que responder otra pregunta todavía más incómoda: si México es tan poco importante, ¿por qué Trump dedica tanta energía a hablar de él?

La respuesta es evidente.

Porque México importa.

Importa comercialmente, industrialmente, geográficamente y estratégicamente.

Y también importa políticamente.

México tampoco debe caer en la complacencia

Ahora bien, tampoco se trata de responder a Trump con la versión mexicana de “nosotros somos mejores”.

México tiene enormes retos. Necesita fortalecer su Estado de derecho, mejorar la seguridad, atraer mayor inversión, elevar la productividad y aprovechar mucho mejor las oportunidades que ofrece el comercio con América del Norte.

No basta con decirle a Washington que nos respete.

Hay que construir un país que tenga cada vez más capacidad para negociar desde una posición de fuerza.

Pero eso es muy distinto a aceptar la idea de que México no tiene nada que ofrecer.

Los tamales no son el problema

Hay algo particularmente curioso en la frase de Trump.

Los tamales y los tomates que utiliza como burla son, precisamente, productos que millones de estadounidenses consumen.

La cultura mexicana no necesita visa para entrar a Estados Unidos.

Está en sus restaurantes, en sus supermercados, en sus ciudades y en sus familias.

México ya está dentro de Estados Unidos de muchas maneras.

Y Estados Unidos también está profundamente integrado en México.

Por eso la idea de que uno puede simplemente “dejar de comerciar” con el otro como si nada ocurriera suena más a consigna política que a estrategia económica.

Sheinbaum hizo bien en no morder el anzuelo

Quizá algunos esperaban una respuesta contundente de la presidenta. Una frase que se volviera viral. Un golpe político contra Trump.

Pero responderle con el mismo lenguaje habría sido entrar exactamente en el terreno que él domina.

Sheinbaum hizo algo más inteligente: no permitió que Trump marcara toda la conversación.

México no necesita demostrar su dignidad mediante una pelea.

Necesita defender sus intereses.

Y eso implica negociar, exigir respeto y, sobre todo, entender que la relación con Estados Unidos debe ser entre socios, no entre subordinados.

Trump puede seguir hablando de tamales y tomates.

Pero mientras él convierte una relación internacional en una frase para el aplauso de sus seguidores, la realidad seguirá siendo mucho más complicada.

Porque México no es un puesto de mercado al sur de la frontera.

Es una economía de más de cien millones de habitantes, una potencia manufacturera, un socio comercial estratégico y el vecino inmediato de Estados Unidos.

Así que sí: México vende tomates.

También vende automóviles, autopartes, maquinaria, tecnología, alimentos y una larga lista de productos que forman parte de la economía estadounidense.

Y, por supuesto, vende tamales.

La diferencia es que México sabe lo que vale un tamal. Quizá lo que Trump todavía no termina de entender es cuánto vale México.

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