Con una frase que ya genera titulares, Claudia Sheinbaum aseguró que Andrés Manuel López Beltrán hizo “muy buen trabajo en Morena” y remató subrayando el músculo del movimiento: hoy, dijo, Morena es —o está entre— el partido más grande del país. La presidenta lanzó el reconocimiento en su conferencia de este martes 26 de mayo, destacando el operativo de afiliación que, según cifras oficiales, rozó los 12 millones de registros, y calificando a “Andy” como “un buen organizador”. La mención de “muy buen trabajo en Morena” llega justo después de su salida de la Secretaría de Organización para competir por una diputación en Tabasco. (eluniversal.com.mx)
¿Qué dijo Sheinbaum y por qué importa ahora?
En la “mañanera del pueblo” de este 26 de mayo (CDMX), Sheinbaum no solo elogió a López Beltrán; también acomodó las piezas del tablero interno al destacar la llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia de Morena, en un contexto de reordenamiento tras meses de tensiones y reacomodos. El mensaje fue doble: reconocer resultados y, al mismo tiempo, trazar una nueva ruta para el partido gobernante. En términos políticos, la señal es potente: si el operador que encabezó la afiliación masiva deja el cargo, el movimiento debe demostrar que el despliegue territorial y la disciplina en tierra quedaron institucionalizados más allá de un solo nombre. Sobre el dato duro, Sheinbaum validó públicamente el salto de la militancia morenista hacia cifras inéditas, cercanas a los 12 millones, lo que refuerza el relato de “partido más grande”. (eluniversal.com.mx)
La narrativa del “gigante guinda” no es nueva. A mediados de enero, la Secretaría de Organización —entonces bajo el mando de López Beltrán— presumió más de 11 millones de afiliaciones, proclamando a Morena como el partido político más grande en la historia de México. Ese hito fue presentado como el resultado de un trabajo hormiga: credencialización, comités, y recorridos por colonias y comunidades. En el manual de construcción partidaria, nada reemplaza el contacto cara a cara; Morena lo llevó al extremo. (jornada.com.mx)
Para poner las magnitudes en perspectiva, en semanas recientes se habló incluso de 12.5 millones de militantes y de Morena como el segundo partido más grande del mundo, una comparación que, aunque rimbombante, ilustra el ánimo interno de superioridad numérica y capilaridad territorial que hoy presume el oficialismo. La lectura estratégica: con una base tan ancha, el partido podría blindar el segundo tramo del sexenio de Sheinbaum y preparar el terreno hacia las intermedias de 2027. (diario.mx)
El saldo de Andy en la Secretaría de Organización
¿Qué fue, concretamente, ese “muy buen trabajo en Morena” que Sheinbaum reconoce? El expediente de Andy en la Secretaría de Organización arranca con una meta pública: alcanzar y luego rebasar los 10 millones de militantes mediante una campaña nacional de afiliación y reafiliación. Para eso, el equipo puso en marcha una logística con módulos itinerantes, brigadas territoriales y eventos focalizados con liderazgos locales, desde gobernadores hasta legisladores. La apuesta: convertir la popularidad electoral en militancia verificada, un activo que cuenta en la disputa interna por candidaturas y en el reparto de cuadros para campañas. (politica.expansion.mx)
Los cortes intermedios mostraron avances rápidos —un millón en 15 días en los primeros compases de 2025, por ejemplo— y, ya entrado 2026, el umbral de 11 millones quedó atrás con nuevos anuncios de récord. Más allá de la cifra puntual —que varía según el corte y la fuente—, el trazo general es claro: Morena multiplicó su padrón y lo convirtió en una credencial visible en mítines, asambleas y giras. En el ecosistema morenista, una credencial es más que plástico: es pertenencia y, muchas veces, promesa de movilización. (jornada.com.mx)
Por supuesto, no todo fue aplauso. A la par del crecimiento, aparecieron críticas por opacidad en los procesos y cuestionamientos sobre la verificación efectiva de las afiliaciones. Hubo reportes periodísticos que apuntaron a “afiliaciones masivas y poca transparencia” como sello problemático de la gestión, una polémica que el partido trató de encapsular con comunicados y ajustes a sus mecanismos de validación. La controversia dejó una moraleja de manual: cualquier padrón que crece a esa velocidad debe explicar, con lujo de detalle, cómo se verifican identidades, cómo se depuran registros duplicados y qué incentivos —políticos o burocráticos— acompañan la credencialización. (eluniversal.com.mx)
En términos operativos, la Secretaría de Organización funcionó como bisagra entre lo institucional y lo territorial. Sean 11, 12 o 12.5 millones, la masa importa menos por el conteo exacto que por su activación: quién la llama, cómo se coordina, qué tan engrasada está la cadena de mando en estados y municipios, y cómo se traducen esas redes en presencia en las casillas. El legado que Sheinbaum celebra —ese “muy buen trabajo en Morena”— es, al final, un andamiaje de movilización que difícilmente se desmonta de un día a otro si el know-how quedó documentado y distribuido.
También hay un ángulo generacional. La dupla que subió a la dirigencia en 2024 —Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán— encarnó la idea de relevo, con aprendizaje acelerado y exposición máxima. Un año y medio después, las mismas fichas fueron reacomodadas: Alcalde salió de la presidencia del partido y hoy es consejera jurídica de la Presidencia; López Beltrán dejó Organización y se va a la boleta en Tabasco. En el inter, se consolidó una jefatura política más nítida de la propia presidenta, con Ariadna Montiel como timonel partidista. En ese mapa, el expediente de Andy queda como la operación de crecimiento más ambiciosa que haya intentado Morena desde su fundación. (eluniversal.com.mx)
¿Qué sigue para Morena sin Andy al frente de Organización?
Políticamente, la salida de López Beltrán abre dos frentes. El primero, interno: conservar la inercia de afiliación, cerrar filas con la nueva dirigencia y evitar fugas de cuadros en estados donde la competencia con aliados —PT y PVEM— suele tensarse a la hora del reparto de candidaturas. El segundo, externo: capitalizar la cifra de militantes sin provocar anticuerpos por prácticas de cooptación o clientelismo en programas sociales, un fantasma recurrente que la oposición invoca cada que crece el padrón morenista.
Sobre el primer frente, el movimiento ya tomó decisiones. Con Montiel al mando y con Citlalli Hernández en la operación, el guion apunta a disciplina y a una cadena de mando alineada directamente con la Presidencia. La lectura desde Palacio: institucionalizar el músculo y reducir los costos de fricción que generó, en algunos episodios, la convivencia de liderazgos con poder propio. El objetivo táctico inmediato es despejar dudas antes del ciclo electoral que viene —intermedias en 2027— y traducir militancia en estructura para tierra y casilla. (elpais.com)
El segundo frente pasa por narrativa pública. Si Morena se asume como “el partido más grande”, deberá sostener ese título con transparencia de padrones, auditorías periódicas y cruces con bases de datos externas que permitan disipar sospechas. No basta con una cifra redonda —11, 12 o 12.5 millones—: la legitimidad del tamaño también se construye mostrando metodología, tasas de reafiliación y bajas por depuración. En esa lógica, la propia declaración de Sheinbaum se siente como una apuesta: si públicamente enalteces el “muy buen trabajo en Morena”, públicamente deberás defender los cómos, no solo los cuántos. (eluniversal.com.mx)
Ahora, ¿qué hay de Andy? Su siguiente jugada es tan vieja como la política misma: pasar de la operación partidista al territorio electoral, en su caso, Tabasco. La candidatura a una diputación local funciona como trampolín de legitimidad propia, desconectada —al menos en discurso— de la sombra paterna. En términos de carrera, el cálculo es claro: si logra un escaño competitivo, con narrativa de “operador que también gana en las urnas”, ampliará márgenes para buscar, en el mediano plazo, posiciones de mayor peso. Si tropieza, el expediente de Organización seguirá ahí, pero sin medalla electoral en la solapa. (elpais.com)
En paralelo, el partido afina su propio “segundo piso”: con el control político más cercano a Sheinbaum, Morena busca blindarse frente a crisis internas y, sobre todo, frente a la erosión natural del poder. Relevar dirigencias, rotar operadores y consolidar una figura de mando única desde la Presidencia son jugadas clásicas para administrar la diversidad de tribus internas. En ese sentido, la salida de Andy no luce como ruptura, sino como parte del rediseño que se venía cocinando desde abril: un nuevo equilibrio con Montiel al frente y operadores con tareas más acotadas. (elpais.com)
Si algo quedó claro hoy es que el reconocimiento presidencial no fue improvisado. Llega cuando hacía falta ordenar el relato: cerrar ciclo a la era de las megaafiliaciones, reconocer a quien las operó y, enseguida, señalar que la batuta política ya tiene otro timbre. En otras palabras: un “gracias por el empuje; ahora vamos por la consolidación”. Y sí, Sheinbaum volvió a poner en el centro al partido con una frase simple que pesa: “muy buen trabajo en Morena”.
¿Queda alguna duda abierta? Varias, y no menores. Por ejemplo: ¿cuánto de esa militancia se traducirá en participación activa sostenida —asambleas, formación, defensa del voto— y cuánto es, simplemente, simpatía registrada? ¿Cuánto del padrón es nueva militancia y cuánto reafiliación de antiguos simpatizantes? ¿Cuál es la tasa de baja por depuración? ¿Qué estados concentran los crecimientos más abruptos y por qué? Responder con evidencia a esas preguntas no solo blindaría a Morena ante críticas, sino que le permitiría presumir que su “partido más grande” lo es también en cultura política y vida interna, no solo en número de carnets.
Mientras tanto, la oposición observa. El tamaño de Morena obliga a repensar estrategias: coaliciones más inteligentes, trabajo territorial permanente y una narrativa que no dependa solo del hartazgo. Los padrones no votan solos; los partidos tampoco se sostienen sin cuadros que hagan política todos los días. Ahí estará la verdadera prueba del “muy buen trabajo en Morena”: en que el músculo se mueva cuando más se necesite.












