El Gobierno federal perfila que antes del arranque del ciclo escolar 2026-2027 quede definido el marco de reglas para el uso de teléfonos celulares y otros dispositivos móviles en las escuelas, una medida que forma parte de una estrategia más amplia para enfrentar los efectos que, según especialistas, tiene el consumo excesivo de redes sociales entre niñas, niños y adolescentes.
La presidenta Claudia Sheinbaum informó que la decisión será presentada antes del inicio de clases, previsto para el 31 de agosto, una vez concluya la discusión nacional convocada para analizar el impacto de las plataformas digitales en la salud mental y el desarrollo de los menores.
Durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, la mandataria sostuvo que el objetivo no es imponer prohibiciones, sino construir un consenso social que involucre a familias, docentes, estudiantes y especialistas. Afirmó que cualquier regulación deberá surgir de un proceso de reflexión colectiva para evitar que los jóvenes perciban las medidas como una imposición.
“Lo importante no es prohibir los teléfonos, sino entender que las plataformas digitales están diseñadas para captar y mantener la atención de los usuarios mediante mecanismos que pueden generar conductas adictivas”, señaló.
Como parte del debate, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, y especialistas en tecnología y comportamiento digital presentaron argumentos sobre la manera en que los algoritmos de las principales plataformas incentivan un uso compulsivo de las redes sociales.
Desde Estados Unidos, el psicólogo Jonathan Haidt, profesor de la Universidad de Nueva York y autor del libro La generación ansiosa, advirtió que los algoritmos no son herramientas neutrales, sino sistemas diseñados para maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios. Consideró que muchos padres han convertido los teléfonos inteligentes en un “chupón digital” para sus hijos, sin dimensionar los efectos que ello puede tener en su desarrollo emocional y social.
Haidt recomendó que México considere medidas similares a las implementadas en otros países, entre ellas mantener a los estudiantes separados de sus teléfonos durante toda la jornada escolar y elevar a 16 años la edad mínima para abrir cuentas en redes sociales.
El académico recordó que entre 2010 y 2015 la infancia experimentó una transformación profunda con la masificación de los teléfonos inteligentes y las tabletas. Señaló que la expectativa de que las nuevas generaciones, por ser “nativas digitales”, desarrollarían mayores habilidades tecnológicas no se tradujo en mejores condiciones de bienestar, sino en un incremento de problemas asociados con la salud mental y la interacción social.
En el mismo foro participó Arturo Béjar, ingeniero mexicano, exdirectivo tecnológico y responsable del desarrollo de herramientas de protección para usuarios en Meta, quien explicó que las plataformas digitales incorporan elementos de diseño orientados a prolongar la permanencia de los usuarios.
Entre esos mecanismos mencionó el desplazamiento infinito de contenido, la reproducción automática de videos, las recomendaciones basadas en algoritmos, las notificaciones constantes, los indicadores públicos de popularidad y los sistemas de comparación social, funciones que, afirmó, incrementan el riesgo de dependencia, especialmente entre menores de edad.
Béjar sostuvo que, frente a las críticas por el impacto de sus plataformas, las empresas tecnológicas suelen rechazar que exista un problema de adicción y trasladan la responsabilidad del uso de las redes a las familias. Ese enfoque, dijo, ha retrasado la adopción de regulaciones más estrictas en distintos países.
La discusión impulsada por el Gobierno federal busca definir un equilibrio entre el acceso a las herramientas digitales y la protección de la salud física y emocional de los estudiantes. De concretarse, las nuevas reglas convertirían a México en uno de los países que avanzan hacia una regulación más activa del uso de dispositivos móviles dentro del entorno escolar, en línea con las políticas que ya han comenzado a implementarse en diversas naciones.












