Por qué la tokenización podría ser un punto de inflexión para las finanzas institucionales

La tokenización podría entrar en una etapa decisiva para las finanzas institucionales si demuestra que puede resolver problemas concretos del mercado. Así lo piensa al menos Patrik Björklund, estratega de innovación en Janus Henderson Investors, quien sostiene que su avance dependerá menos de la novedad tecnológica y más de beneficios como liquidaciones rápidas, mejor uso de garantías y menores cargas administrativas.

Tokenizar significa representar la propiedad de una acción, un bono, un fondo u otro activo financiero mediante una cadena de bloques o blockchain. Esta tecnología funciona como un registro digital compartido. Sin embargo, Björklund plantea que la pregunta central no consiste en saber si un activo puede tokenizarse, sino en determinar si esa versión ofrece mejores resultados que el formato tradicional.

El proceso guarda semejanzas con la expansión de los fondos cotizados en bolsa, conocidos como ETF. Estos productos comenzaron como una alternativa de bajo costo para acceder a carteras diversificadas, pero ganaron escala cuando los inversores reconocieron ventajas prácticas, entre ellas, la liquidez durante la jornada, la transparencia y la facilidad operativa.

La tokenización podría recorrer un camino comparable. Los inversores institucionales ya conocen el concepto, aunque todavía no encuentran suficientes productos con beneficios visibles. La adopción podría acelerarse cuando estos instrumentos ofrezcan liquidez el mismo día, transferencias más ágiles, garantías fáciles de movilizar y conexiones eficientes entre diferentes plataformas financieras.

Björklund lo plantea de forma sencilla: “La utilidad, no la tecnología, impulsará la adopción”. De acuerdo con el experto de Janus Henderson Investors, trasladar un fondo existente a blockchain no será suficiente. “Los inversores solo adoptarán las estructuras tokenizadas si ofrecen ventajas claras sobre los vehículos tradicionales, ya sea mediante una liquidación más rápida, una mayor liquidez, la interoperabilidad de protocolos, una mejor utilidad de las garantías, una mayor transparencia o una experiencia de propiedad significativamente mejor”, afirma.

Un bono del Tesoro tokenizado, por ejemplo, puede conservar su capacidad de generar rendimiento y también emplearse como garantía en otras operaciones. Del mismo modo, ciertos productos de crédito podrían incorporar pagos programados y registros más claros, lo cual reduciría tareas manuales y facilitaría el seguimiento de los flujos de dinero.

Esa evolución ya empieza a verse en el mercado. La primera gran aplicación de blockchain en las finanzas fueron las stablecoins, activos digitales diseñados para mantener un valor estable y facilitar pagos y transferencias. Después comenzaron a aparecer productos vinculados a efectivo y bonos del Tesoro tokenizados, y ahora el crédito privado también empieza a dar sus primeros pasos dentro de este modelo, aunque todavía se encuentra en una etapa inicial.

Sin embargo, Björklund sostiene que la liquidez representa el principal obstáculo. Una blockchain puede acelerar operaciones, pero no crea compradores, vendedores ni confianza por sí sola.

Muchos activos tokenizados permanecen aislados porque gran parte del capital institucional continúa dentro de sistemas tradicionales. Según Björklund, si no hay mecanismos confiables de transferencia y reembolso, esos instrumentos difícilmente podrán funcionar como garantías o recursos disponibles para operaciones cotidianas.

Björklund identifica además un problema de arranque: los emisores dudan en crear productos sin demanda suficiente, mientras los inversores evitan comprometer capital cuando la oferta sigue limitada. Ante esa situación, la regulación, la verificación de identidad, la custodia y la integración con los sistemas contables también deberán avanzar en paralelo.

En ese contexto, el escenario más probable apunta a una convivencia entre fondos tradicionales, ETF y vehículos tokenizados. La infraestructura financiera no migraría por completo a blockchain en el corto plazo, pero podría incorporar gradualmente procesos programables, liquidaciones rápidas y nuevas formas de movilizar activos.

La conclusión del estratega se concentra en la infraestructura: “El envoltorio no es la revolución, los rieles lo son”. El punto de inflexión podría llegar cuando la tokenización deje de presentarse como una versión digital de productos existentes y ofrezca ventajas operativas que las instituciones puedan utilizar de manera cotidiana.

Información de NotiPress

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