Migraña y territorio: cuando el espacio propio se invade

Hay dolores que aparecen cuando alguien o algo entra donde no debía. Detrás de la oreja, la lectura apunta al espacio propio.

Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística.

En muchas oficinas de Querétaro el escritorio ya no tiene dueño: se reserva por turnos, se comparte con quien llegue primero y se desocupa a las seis. En casa, el comedor funciona al mismo tiempo de oficina, de salón de clases y de cocina. Hay personas que se adaptan a todo eso con buena cara y, a media tarde, sienten un dolor concentrado detrás de la oreja, siempre del mismo lado.

En consulta se escuchan frases como “Siento que ya no tengo un lugar mío” o “Llego a casa y nada está como lo dejé”. Rara vez se relacionan con el dolor de cabeza, aunque aparezcan juntas en la misma historia.

El espacio propio

Dentro de la lectura de la cinta craneal que se comentó en el artículo anterior, la zona detrás de la oreja se asocia con el territorio: el espacio que cada persona necesita para sentirse segura. Puede ser una casa, y también un escritorio, un horario, un rol en la familia, la forma en que se hacen las cosas. Cuando ese espacio se ve amenazado, la lectura habla de una vivencia de invasión, y el dolor se ubica en esa zona. Son teorías que se miran como hipótesis de trabajo.

El territorio se defiende mucho antes de que existan las palabras. Basta ver a un niño proteger su cuarto, o a un adulto molestarse porque alguien movió su silla, para reconocer la reacción: es una manera de decir “aquí me siento seguro”.

Dos maneras de sentirse invadido

La primera llega de fuera hacia dentro: alguien ocupa un lugar, decide en un terreno que era de otro o se instala sin pedir permiso. Puede ser un nuevo jefe, un familiar que se queda “unas semanas” o una pareja que reorganiza todo. La segunda ocurre dentro del propio espacio: las cosas dejan de estar donde se dejaron, las rutinas se alteran y la persona ya no se encuentra en su casa ni en su trabajo. Hombres y mujeres viven las dos, y con frecuencia aparece una mezcla de ambas. Lo común es la sensación de haber perdido el control sobre lo propio.

En consulta, la pregunta no se limita al lugar físico. Se indaga qué espacio cambió antes de la primera crisis: una mudanza, una remodelación, un nuevo jefe, una pareja que llegó a vivir, un hijo que regresó a casa. Con frecuencia el cambio parecía menor y se aceptó sin comentarios, y por eso no quedó registrado como algo importante. Desde la Psicosomática Clínica, lo que llama la atención es justo eso: lo que se aceptó callando.

Algunas señales de que el territorio se siente invadido:

  • Irritación al volver a casa o al entrar a la oficina.
  • Necesidad de encerrarse un rato a solas para recuperar el aire.
  • Dificultad para decir que no a quien llega sin avisar.
  • Sensación de que todo se decide sin consultarlo.

Cuando el lugar se mueve

Esta misma lectura incluye el lugar que cada quien ocupa dentro de un grupo. Se observa en personas que se sienten apartadas de un equipo o de una familia, y en quienes vivieron el abuso de confianza de alguien cercano, como un socio que dejó de cumplir lo acordado. El espacio propio también es el lugar que uno ocupa entre los demás.

Un despacho que dejó de ser suyo

Rodrigo, agente de seguros de 52 años, llevaba veinte con su despacho propio cuando una aseguradora absorbió su cartera. Le dieron un escritorio compartido en una sala abierta, un sistema nuevo y un horario que no había elegido. Sus colegas más jóvenes se adaptaron en una semana; él se descubrió llegando antes para ocupar siempre el mismo lugar. Llegó a consulta con migrañas detrás de la oreja derecha, que aparecían casi todas las tardes de oficina y pocas veces en fin de semana. Su médico le había indicado un tratamiento que seguía sin falta.

Al ordenar su historia, Rodrigo reconoció que nunca dijo nada: aceptó el cambio como parte del trato. Con el apoyo de su médico y de las sesiones, empezó a poner límites concretos. Pidió un día de trabajo en casa, negoció un rincón fijo para sus papeles y le explicó a su director cómo atendía él a los clientes de su cartera. Con los meses las crisis se fueron espaciando. Rodrigo sigue con su tratamiento y cree que la mejoría vino de las dos cosas: de lo que su médico le indicó y de lo que por fin se atrevió a decir.

El patrón suele repetirse: la persona se adapta rápido, se le reconoce como alguien flexible y nadie vuelve a preguntarle cómo le fue con el cambio. Esa flexibilidad tiene un costo que casi nunca se contabiliza hasta que aparece el dolor, y a veces tarda años en aparecer.

Lo que se obtiene al ordenar el territorio

En una consulta holística se trabaja el momento de vida en que apareció el dolor: identificar qué espacio se sintió invadido, desde cuándo y qué límite quedó sin ponerse. La Psicosomática Clínica ofrece ahí una herramienta concreta: ponerle fecha y lugar a la invasión, porque lo que tiene fecha y lugar puede negociarse. Esa claridad suele ayudar a tres cosas: reconocer lo que se está tolerando, decidir qué puede negociarse y poner un límite concreto sin conflicto innecesario. Muchas personas empiezan por algo pequeño: un horario protegido, un cajón propio, una frase dicha a tiempo. Lo pequeño, cuando se sostiene, cambia la manera de habitar todo lo demás. Los resultados varían de una persona a otra. Con frecuencia, la persona recupera la sensación de tener un lugar propio. Un límite puesto a tiempo también es una forma de cuidarse.

En el siguiente artículo, el recorrido llega a la zona de la cabeza que habla de afecto y de justicia: lo que se necesita recibir y lo que se siente injusto.

¿Qué espacio sientes hoy que ya no es tuyo, y desde cuándo vienes cediendo un poco más sin decirlo?

Los límites suelen ponerse mejor con alguien que acompañe la mirada, y una consulta holística puede ser esa compañía.

Aclaración: la migraña es un padecimiento real, con diagnóstico y tratamiento que corresponden al médico. El acompañamiento emocional va al lado de esa atención y no la sustituye.

Nota: los nombres, edades y profesiones de los casos referidos han sido modificados para proteger la identidad y la confidencialidad de las personas que acuden a consulta.

Fuentes de referencia: relés cerebrales del Dr. Ryke Geerd Hamer (Nueva Medicina Germánica) y lectura clínica de la Psicosomática Clínica humanista del Dr. Salomón Sellam.

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