Antes de preguntar cuánto duele, vale la pena preguntar dónde y desde cuándo.
Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística.
Un lunes cualquiera en Querétaro la agenda arranca a las ocho, el celular acumula cuarenta mensajes y a media mañana aparece esa presión en la cabeza que obliga a bajar la persiana de la oficina. Hay juntas que no se pueden mover, pendientes que no esperan y una pantalla que sigue encendida. Muchas personas con vidas ordenadas y responsables aprenden a convivir con ese dolor. Tienen la pastilla en el cajón, el nombre de un buen neurólogo y una explicación a la mano: es el estrés. Y siguen.
En consulta se escuchan frases como “Ya probé de todo y la migraña siempre regresa” o “Me duele siempre del mismo lado y no sé por qué”. La segunda contiene un dato que casi nunca se mira: el lado, la zona, el punto exacto. Quien vive con migraña conoce ese punto mejor que nadie, aunque nadie le haya preguntado por él.
El dolor con domicilio
Dentro de la Descodificación Biológica existe una forma de leer la cabeza como un mapa. Parte de los relés cerebrales, zonas de la corteza donde se ubican, de manera ordenada, vivencias de territorio, de separación, de miedo y de lo que se dice y se calla. Esa lectura se resume en la llamada cinta craneal: una franja que rodea el cráneo, dividida en tramos, donde cada tramo se asocia con un tipo de vivencia: el espacio propio, la necesidad de afecto, la sensación de injusticia, el lugar que se ocupa en el grupo, lo que no se dice. Son teorías y aquí se leen desde la mirada de la consulta.
Funcionan como hipótesis de trabajo y ofrecen una forma ordenada de hacer preguntas a partir de un dato que la persona ya conoce, el punto exacto donde le duele.
Dos preguntas sencillas
Dónde duele y desde cuándo. La primera ubica la zona de la cabeza y la segunda ubica el momento de la historia. En muchos casos se observa que la fecha de las primeras crisis coincide con un periodo en que la persona vivía algo que no tuvo oportunidad de resolver ni de decir: una mudanza, un ascenso, una separación, un duelo, un cambio de socio. A veces el acontecimiento fue evidente y a veces pasó casi inadvertido, porque la vida siguió su curso y nadie tuvo tiempo de detenerse. Esa coincidencia suele aparecer como patrón, y cada historia pide su propia lectura.
En consulta se hace así. Se pide a la persona que señale con un dedo el punto exacto del dolor y que diga de qué lado aparece. Después se arma una línea de vida con fechas: mudanzas, trabajos, parejas, nacimientos, pérdidas. Sobre esa línea se ubica la primera crisis y se revisa qué más ocurría ese año. La mirada de la Psicosomática Clínica parte de una idea sencilla: el cuerpo guarda lo que la persona vivió sin poder resolverlo en ese momento, y lo guarda con cierto orden. Esa mirada convive con los estudios médicos y agrega una pregunta que ellos no hacen.
Los años que aparecen en esas líneas suelen ser familiares: la separación de los padres, la salida de un hijo de casa, la enfermedad de alguien cercano. En personas jóvenes llega a coincidir con el tiempo en que los padres discutían frente a ellas y les tocó, sin que nadie lo pidiera, hacer de puente. Con los años, esa costumbre de administrar el conflicto de otros se queda como forma de vivir.
El dolor tiene lado, y la historia tiene fecha. Con esos dos datos, “me duele la cabeza” se vuelve “me duele aquí, desde aquel año”, y esa frase ya se puede trabajar.
El año en que empezó
Patricia, dentista de 43 años con consultorio propio, llegó con migrañas de más de una década. Había pasado por neurología, seguía su tratamiento con disciplina y conocía de memoria cada recomendación: dormir ocho horas, comer a sus horas, moderar la pantalla. Cuando se le pidió ubicar el dolor, señaló siempre la misma zona. Al revisar su línea de vida, la primera crisis aparecía en el año en que su socio se retiró y ella quedó sola con el consultorio, una deuda y la sensación de que de ella se esperaba que pudiera con todo.
Patricia siguió con su tratamiento y su neuróloga continuó llevándolo. En paralelo, la sesión le dio un orden: la fecha, la pregunta de qué necesitaba en ese año y una lista de lo que había quedado pendiente. Con los meses fue atendiendo cada punto: renegoció la deuda con el banco, delegó la administración del consultorio en una persona de confianza y empezó a cerrar la agenda a una hora fija. Las crisis se fueron espaciando y con menos intensidad. Ella no sabe cuánto se debe al tratamiento y cuánto al orden que puso en su vida, y cada cosa hizo su parte. Lo que sí tiene claro es que dejó de esperar la siguiente crisis para frenar.
Lo que se obtiene al mirarlo acompañado
Una consulta holística parte de lo que el estudio médico no registra: el momento de vida en que empezó el dolor. En una sesión se arma un Mapa Emocional, que muestra de dónde viene lo que se vive y por dónde empezar a resolverlo. Ese mapa suele ayudar a tres cosas: identificar la situación que quedó abierta, tomar decisiones concretas sobre ella y llegar a la consulta médica con datos más claros sobre cuándo, dónde y en qué circunstancias aparece el dolor. Nadie puede asegurar cuánto cambia la migraña con ello. Lo que suele cambiar es la sensación de estar a merced de ella.
Un dolor que se repite suele tener fecha de nacimiento. Encontrarla permite mirar la historia con calma y sin culpa para nadie, y decidir qué hacer con lo que quedó pendiente.
En el siguiente artículo, el recorrido sigue por la zona de la cabeza que habla del espacio propio: la casa, la oficina y quién entra en ellos.
¿Si tu migraña tuviera una fecha de nacimiento, qué estaba pasando en tu vida ese año, y a quién le dijiste lo que necesitabas?
Preguntas como esta suelen necesitar un espacio donde alguien acompañe la mirada, y una consulta holística puede ser el primer lugar para empezar a buscar.
Aclaración: la migraña es un padecimiento real, con diagnóstico y tratamiento que corresponden al médico. El acompañamiento emocional va al lado de esa atención y no la sustituye.
Nota: los nombres, edades y profesiones de los casos referidos han sido modificados para proteger la identidad y la confidencialidad de las personas que acuden a consulta.
Fuentes de referencia: relés cerebrales del Dr. Ryke Geerd Hamer (Nueva Medicina Germánica) y lectura clínica de la Psicosomática Clínica humanista del Dr. Salomón Sellam.











