INCan logra preservar extremidad a paciente con cáncer de hueso mediante cirugía de alta especialidad

El Instituto Nacional de Cancerología evitó la amputación de una paciente con un tumor maligno en el tobillo gracias a una innovadora cirugía de preservación de extremidades y reconstrucción con una prótesis especializada.

El Instituto Nacional de Cancerología (INCan), de la Secretaría de Salud, consolidó su liderazgo en cirugía oncológica de preservación de extremidades al realizar con éxito una intervención de alta complejidad que permitió salvar la pierna de una paciente diagnosticada con un tumor maligno en el tobillo.

Gracias a un tratamiento multidisciplinario y al uso de técnicas avanzadas en ortopedia oncológica, especialistas del instituto lograron extirpar por completo el cáncer y reconstruir la articulación mediante una prótesis modular diseñada específicamente para este tipo de procedimientos, evitando así la amputación.

Este caso representa un importante avance para la medicina oncológica en México, al demostrar la capacidad del INCan para atender tumores óseos poco frecuentes, como el condrosarcoma, mediante alternativas terapéuticas que permiten controlar la enfermedad sin comprometer la movilidad, la independencia funcional ni la calidad de vida de los pacientes.

El especialista en ortopedia oncológica del Departamento de Tumores de Piel, Partes Blandas y Óseos, Miguel Ángel Clara Altamirano, explicó que el condrosarcoma es una neoplasia maligna que se origina en las células productoras de cartílago y constituye el segundo tumor maligno primario de hueso más frecuente, afectando principalmente a personas adultas en edad productiva.

Asimismo, señaló que los sarcomas óseos representan menos del uno por ciento de todos los casos de cáncer, por lo que su diagnóstico y tratamiento requieren de personal altamente especializado debido a la complejidad anatómica y biológica de estas enfermedades.

El médico destacó que el Departamento de Tumores de Piel, Partes Blandas y Óseos del INCan es un referente nacional en la atención de neoplasias poco frecuentes, como los sarcomas de hueso y tejidos blandos, además del melanoma y otros tumores cutáneos.

El tratamiento de estos pacientes se desarrolla bajo un enfoque multidisciplinario en el que participan ortopedistas oncólogos, cirujanos oncólogos, oncólogos médicos, radiooncólogos, patólogos, radiólogos y otros especialistas, quienes trabajan de forma coordinada para establecer un diagnóstico preciso y definir la mejor estrategia terapéutica.

Cirugía de alta complejidad evita amputaciones

De acuerdo con Clara Altamirano, este procedimiento representó un reto quirúrgico excepcional debido a que el tumor se encontraba en el tobillo, una de las articulaciones más pequeñas y complejas del cuerpo humano por la concentración de estructuras óseas, tendones, vasos sanguíneos y nervios indispensables para caminar.

El principal objetivo fue eliminar completamente el tumor sin afectar dichas estructuras y conservar una extremidad funcional para la paciente.

El especialista recordó que hace apenas dos décadas la amputación era el tratamiento habitual para este tipo de casos, ya que el condrosarcoma convencional presenta resistencia tanto a la quimioterapia como a la radioterapia en dosis convencionales.

Sin embargo, gracias a los avances en cirugía oncológica, actualmente entre el 80 y el 90 por ciento de los pacientes con sarcomas óseos pueden ser candidatos a procedimientos de preservación de extremidades, siempre que el diagnóstico sea oportuno y el tratamiento se realice en centros especializados.

La intervención quirúrgica puede durar entre dos y diez horas e incluye la resección completa del tumor, seguida de la reconstrucción del tobillo mediante una prótesis modular oncológica, capaz de sustituir grandes segmentos óseos y adaptarse con precisión al defecto generado por la cirugía.

A diferencia de las prótesis convencionales, estos implantes permiten mantener la longitud de la extremidad y favorecen una marcha funcional, mejorando significativamente el pronóstico y la calidad de vida del paciente.

Tras la operación, la paciente inició un programa integral de rehabilitación física para recuperar progresivamente la movilidad y adaptarse a la nueva articulación, una etapa clave para alcanzar una recuperación funcional satisfactoria.

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