Llegó el final de una de las historias más significativas del fútbol mundial. Lionel Messi disputó el último de sus 208 partidos con la camiseta de la Selección Argentina y le puso cierre a una carrera única, que no tiene ni tendrá jamás comparación. Lo hizo con una victoria 3-0 sobre Benín , en la que dio sus últimas asistencias y marcó su último gol, pero el resultado no les hace justicia a las emociones de una noche para el recuerdo.
La vida de Messi ya es una parte fundamental de la historia gloriosa del combinado nacional. La grandeza de la Albiceleste, que precedía la aparición del rosarino, se hizo todavía más nítida, más rotunda, después de las más de dos décadas de trayectoria del número diez. No hay necesidad de caer en comparaciones fútiles, solo alcanza con decir que su imagen se convirtió en ícono de uno de los países que lideran este juego. Una Copa del Mundo, dos Copas América y una Finalissima sirven para intentar describir su legado, que excede los títulos.
Después de su emocionante campaña en la Copa del Mundo 2026 y del posterior fallecimiento de su padre, Messi anunció su retiro del seleccionado, que lo despidió con una fiesta en su honor frente a un rival digno, que ofreció resistencia en el primer tiempo hasta que en la segunda mitad cayeron los goles esperados e inevitables. De todos modos, el partido fue solo una excusa frente a un estadio Monumental repleto que le rindió homenaje al astro. Lo único que importó en este día fue celebrar al capitán que ya es eterno.
Se vio un Messi feliz y relajado. Emocionado, claro, pero también seguro de su decisión. Convencido de que ya no necesita más. Sabe muy bien que hizo todo y más para llevarle gloria al equipo representativo de su patria. Y así también lo entendió el público argentino. Aplaudió cada una de sus intervenciones, festejó su presencia y recordó su historia con más alegría que nostalgia.
No pudo cantar el himno, con un nudo en la garganta por los recuerdos y el peso de su propia figura. Sus compañeros lo hicieron por él, con la ya legendaria bandera de “Las Malvinas son argentinas” por delante. Así comenzó su noche, que luego terminó como tantas otras, con fútbol y goles.
Enfundado en una camiseta que Adidas presentó para esta ocasión, Messi jugó los 90 minutos. A los 10 del primer tiempo, el juego se detuvo durante más de un minuto para la ovación de todo el estadio, rivales incluidos. Esa admiración de los jugadores de Benín se puede trasladar a cada uno de los adversarios contra los que Messi jugó en su carrera. Casi todos lo valoran como el más grande que alguna vez enfrentaron.
Su primer remate al arco fue a los seis minutos, cuando intentó desde afuera del área y el arquero Marcel Dandjinou controló. Luego, Benín aprovechó la esperada descontración del cuadro local y tuvo algunas situaciones claras, hasta que a los 22 Messi estuvo a punto de abrir el marcador, pero no pudo controlar y definió incómodo. Poco después, volvió a buscar desde afuera con un lejano tiro libre.
Otra gran ocasión del primer tiempo fue a los 32, cuando tras un gran pase de Lautaro Martínez, el diez definió desviado y bien marcado por la defensa de Benín. El primer tiempo no fue como se esperaba: el conjunto africano no quiso ser solo un invitado a la fiesta argentina y estuvo cerca del gol en algunas oportunidades.
Messi dio la asistencia de tiro de esquina para la definición de Nicolás Otamendi, el otro futbolista de la Selección que se despidió en este encuentro. Fue un guiño del destino. Si no era Messi, el autor del gol debía ser Otamendi, uno de sus más fieles compañeros en su larga carrera internacional.
Benín bajó su intensidad en la segunda etapa y Argentina dominó de forma más consistente. Los cambios también le dieron frescura al equipo dirigido por Lionel Scaloni. De hecho, dos minutos después de ingresar, Nico Paz marcó el segundo tras un pase de Messi. La aparición estelar del jugador que asoma como nueva estrella argentina fue otro punto alto de la noche.
Y a los 26 minutos del segundo tiempo llegó el momento más esperado. De penal, Messi marcó su último gol intyernacional. Su 126 tanto con la camiseta argentina. Uno de los máximos goleadores de la historia del fútbol no podía despedirse de su selección en silencio.
Messi dijo adiós y su legado será eterno. Parece una obviedad y un lugar común, pero en su última noche vestido de celeste y blanco, vale la pena valorarlo de esa manera. Porque dejó una huella en la vida de una generación de argentinos. Y su paso por el seleccionado es un hachazo brillante en la historia del fútbol nacional.













