Miscelánea, salud y política Judith Álamo López
Mientras el Mundial de futbol FIFA 2026 transcurre en los estadios repletos a toda su capacidad confirmando a los codiciosos directivos de la Federación que el alto costo del boletaje no desincentivó la asistencia a los estadios de Estados Unidos, Canadá y México, los cuales desde el inicio del torneo lograron el 99% de ocupación.
Solo por entradas, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) recaudará alrededor de 3 mil 017 millones de dólares, incluidos paquetes de hospitalidad (experiencias VIP), esto representa el 34% de los ingresos totales del evento que se efectúa desde hace una semana (11 de junio) y concluirá el 19 de julio.
Los ingresos estimados de la FIFA serán superiores a los 11 mil millones de dólares durante el mundial futbolístico, estos incluyen derechos de televisión; patrocinios y marketing, venta de licencias para la comercialización de la marca, productos e imagen a nivel global.
En tanto que la mayoría de los millones de aficionados a este deporte se tienen que conformar con ver los partidos a través de medios electrónicos, y los gobiernos de los países asociados suelen aportar sus infraestructuras y cumplir con las exigencias de la poderosa Federación.
El gobierno de México es el único de los países sede del mundial cuyo Congreso de la Unión aprobó en la Ley de Ingresos de la Federación exención total del pago de impuestos a la FIFA.
En México, la clase política gobernante es incongruente con los valores sociales que dice enarbolar, la temerosa presidente Claudia Sheinbaum prefirió asistir a una fastuosa cena en el Castillo de Chapultepec para los altos directivos de la FIFA e invitados especiales, con espectáculo de drones, que dar la cara como jefe de Estado en el estadio Azteca.
También rehuyó la mandataria y su equipo en cumplir con escuchar y atender reclamos válidos de grupos como las “madres buscadoras” que piden al gobierno atienda la crisis de desaparecidos, tampoco resolvió demandas de una decena de manifestantes con reclamos populares.
Mientras la dirigente nacional morenista, Ariadna Montiel Reyes, en un acto de hipocrecía llamó a los funcionarios de su partido a no asistir a los estadios pagando los altos precios de los boletos, sino acercarse al pueblo que acude a los sitios montados por el gobierno capitalino con pantallas, las llamadas FIFA Fan Fest del Mundial, que operan en el Zócalo capitalino y en 18 espacios oficiales, distribuidos en las 16 alcaldías de la CDMX.
Existen estudios científicos con el registro de pruebas fisiológicas concretas de que la experiencia de un partido de futbol se vive con una intensidad emocional y fisiológica significativamente mayor en el estadio que a través de la televisión o medios electrónicos (Universidad de Bielefeld. Revista científica: Scientific Reports)
Aunque la experiencia gozosa haya sido menor, me aventuro a decir que este martes (16-06-26), los argentinos y sus simpatizantes, al ser espectadores virtuales del partido contra Argelia, disfrutaron del triunfo de su equipo y especialmente guardarán en su memoria la trilogía de goles consumada por Lionel Messi.
Para los futboleros y cronistas deportivos albiazules esta proeza fue Messi-ánica, una prueba de que Dios existe, dicen con retórica profana quienes adjudican a los goleadores fuera de serie, como Messi o Maradona, habilidades sobrehumanas para llevar al paroxismo a los espectadores.
En el último medio siglo los avances científicos como la neurobiología del gol prueba que el aficionado al futbol vive la anotación de su equipo como experiencia propia: mientras viaja el balón dentro de la portería, su cerebro experimenta una tormenta química de neurotransmisores.
La dopamina y endorfinas se liberan provocando un estado de felicidad y beneplácito. En tanto que la oxitocina afianza el vínculo de pertenencia al equipo, el lazo se afianza con mayor fuerza en la atmósfera del estadio, en donde la felicidad alcanza niveles de éxtasis o euforia.
Quizá los fundadores de la (FIFA) Federación Internacional de Futbol Asociación hace ya 122 años crearon este organismo con sede en Zúrich (Suiza), “de buena fe”, sin avizorar que para el siglo XXI, su poderoso Consejo integrado por 37 dirigentes se darían trato de magnates al administrar las ganancias del más popular de los deportes en el planeta en beneficio propio.
“México y el resto del mundo viven la magia del mundial”, frase retórica de uso común para los cronistas deportivos, pero en la realidad este espectáculo ha sido secuestrado por un grupo de interés económico, el cual tiene una larga historia de corrupción sistémica que actúa de forma facciosa, y frente al que los gobiernos de 211 asociaciones nacionales prefieren plegarse a defender los derechos de sus ciudadanos.











