EL DINERO NO ES UN PROBLEMA DE NÚMEROS

Hay quien gana bien y nunca tiene liquidez. Lo que falla rara vez está en la hoja de cálculo.

Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística.

En una ciudad que mide el éxito con indicadores visibles —el puesto, la colonia, la escuela de los hijos, el saldo del día último— existe un desgaste que poca gente quiere aceptar: ganar bien y que no se note en lo que se disfruta. Facturar cifras respetables y llegar apretado al día veintiocho. Sostener a todos y no poder darse un gusto sin que aparezca la culpa.

Cuando eso ocurre un año, es un mal año. Cuando se repite durante los siguientes años, ya dejó de ser un problema de administración.

Lo que se dice en voz baja

Hombres y mujeres con carreras sólidas llegan a consulta diciendo frases muy parecidas entre sí. “No sé en qué se me va el dinero.” “Me da pena cobrar lo que realmente vale mi trabajo.”

Lo que describen se repite con una constancia que ellos mismos no alcanzan a explicar, y que ninguna hoja de cálculo aclara.

El dinero también se trabaja en consulta

La Psicosomática Clínica observa la relación de una persona con el dinero con el mismo cuidado con el que observaría un síntoma físico. La dificultad para cobrar, el gasto sistemáticamente superior al ingreso, la entrega permanente de los propios recursos a padres, hermanos o sobrinos son conductas que se leen igual que un dolor de estómago que no cede. El dinero rara vez es el tema; casi siempre es el lugar donde el tema aparece.

La imagen que suele explicarlo mejor es la del iceberg. La falta de dinero es lo que asoma. Debajo está la historia que la sostiene, y esa historia rara vez empezó con quien la está pagando.

En muchos casos se observa el mismo patrón: la persona cree que está fallando al administrar, pero en realidad está obedeciendo un mensaje aprendido sobre lo que significa tener. “El dinero se pierde.” “A nosotros no nos toca.” “Tener de más genera problemas.” Nadie lo formuló así en voz alta. Se transmitió en repeticiones de comportamientos, en la manera en que se hablaba —o en que no se hablaba— del dinero en la mesa.

Ese mensaje se obedece con una eficiencia que la persona no aplica en ningún otro terreno de su vida. Puede dirigir un área entera, negociar contratos difíciles y cuidar con precisión un presupuesto ajeno, y al mismo tiempo administrar el propio de una manera que a ella misma le resulta inexplicable.

Un caso

Andrés, ingeniero de 51 años, dirige el área de operaciones de una planta en el Bajío. Sueldo alto, prestaciones, dos hijos en escuela privada. Llegó a consulta por cansancio y hartazgo, no por cuestiones de dinero. Fue en la segunda sesión cuando apareció el dato que él consideraba irrelevante: nunca ha logrado sostener un ahorro. Cada vez que junta una cantidad, aparece un gasto familiar que la deshace. Lleva 18 años así y le llama mala suerte.

Al revisar su historia familiar salió algo que en la familia nunca se consideró importante, por tratarse de cosas del pasado. Su abuelo firmó como aval de un socio y perdió la casa donde vivía toda su familia. Desde entonces, en esa casa el dinero se volvió un tema del que no se hablaba. Andrés cayó en la cuenta de lo que el dinero había significado para sus ancestros: su abuelo lo había perdido todo por confiar en su socio. Logró ver, por primera vez, que guardar dinero le daba miedo. Eso todavía no resolvió nada. Pero cambió la pregunta.

La conciencia va antes que la estrategia

Ninguna herramienta financiera funciona sobre un mandato activo. Se puede aprender a presupuestar, a invertir, a subir precios, y aun así el dinero se irá por donde tiene que irse mientras la lealtad siga operando en la sombra. El orden es el contrario al que se supone: primero se hace consciente la historia, después se decide.

Quien llega hasta ahí puede seguir dando exactamente lo mismo que daba antes. Lo que deja atrás es pagar sin saberlo.

En la siguiente entrega revisaremos ese mismo bloqueo desde las Constelaciones Familiares: qué ocurre cuando la cuenta que alguien sostiene fue abierta por otro.

Antes de volver a abrir tu estado de cuenta, hay algo que conviene revisar primero. ¿Sabes qué pasó con el dinero en la historia de tu familia: quién lo tuvo, quién lo perdió, quién se quedó debiendo, si alguien murió por tenerlo o por quitárselo a otro?

Es probable que no lo sepas. De eso no se habla en casa, y cuando se habla, incomoda.

Hay respuestas que solo aparecen revisando historias. Una consulta holística ayuda a saber por dónde empezar a buscar.

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