A tres años del asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora en Cerocahui, Chihuahua, la Iglesia Católica renovó su llamado urgente a la paz y exhortó a toda la sociedad a “desarmar las calles”, no solo de armas físicas, sino también de actitudes y estructuras que perpetúan la violencia. En su editorial […]
A tres años del asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora en Cerocahui, Chihuahua, la Iglesia Católica renovó su llamado urgente a la paz y exhortó a toda la sociedad a “desarmar las calles”, no solo de armas físicas, sino también de actitudes y estructuras que perpetúan la violencia.
En su editorial semanal publicado en Desde la Fe, órgano oficial de comunicación de la Arquidiócesis Primada de México, se advirtió que el anhelo de paz no debe ser una consigna vacía ni un simple gesto simbólico. “La paz verdadera no se decreta: se construye desde abajo, en comunidad, con oración, justicia y acciones cotidianas que rompan los círculos del odio”, se señala.
No solo armas físicas, también simbólicas
La Iglesia subraya que el llamado a desarmar va más allá de retirar armas de fuego de las calles, hogares y comunidades. También se trata de erradicar las “armas simbólicas” que desgarran el tejido social, como:
- El odio
- La mentira
- La indiferencia
- La corrupción
- El desprecio
“La violencia no comienza con el disparo, sino con la exclusión y el olvido”, enfatiza el texto, en el que se recoge el clamor de víctimas silenciadas y una justicia aún pendiente.
Un movimiento desde la sociedad civil
En el marco del Diálogo Nacional por la Paz, surgido tras el asesinato de los jesuitas, miles de personas se han sumado en todo el país —desde parroquias, escuelas, universidades y colectivos ciudadanos— a iniciativas de:
- Reconciliación
- Encuentro
- Justicia restaurativa
La más reciente convocatoria, respaldada por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), llama a construir un “nosotros” amplio, valiente y comprometido con la transformación de México.
“La paz no es tarea exclusiva del Estado ni de las iglesias. Es una responsabilidad compartida entre gobiernos, comunidades de fe, ciudadanía organizada, medios de comunicación y toda la sociedad”, señala el editorial.
Gestos cotidianos que construyen paz
El mensaje también destaca que la paz se construye a partir de acciones concretas y diarias, como:
- Educar
- Acompañar
- Participar
- Cuidar la palabra
- Abrir espacios de encuentro
Inspirada en las palabras del papa León XIV, la reflexión final afirma:
“La verdadera paz es desarmada y desarmante. Es subversiva en el mejor sentido: desafía las lógicas del miedo y del odio con actos de ternura, verdad y justicia”.
Convertir el dolor en esperanza
Finalmente, la Iglesia propone convertir el dolor de las víctimas en esperanza activa:
“En memoria de quienes han perdido la vida injustamente, hagamos de su sangre una semilla: semilla de un país nuevo, donde la vida no sea una excepción, sino una promesa cumplida”, concluye el texto.
Los comentarios están cerrados