Boris toca tierra entre Guerrero y Oaxaca con vientos

Boris en Guerrero y Oaxaca ya no es un pronóstico: es la postal climática de la madrugada de este martes 9 de junio. La tormenta tropical tocó tierra en la franja limítrofe entre ambos estados a las 03:00 horas, de acuerdo con el reporte difundido por Conagua y retomado por medios nacionales. En ese momento, el sistema se ubicaba a 25 kilómetros al este-noreste de Punta Maldonado y a 170 kilómetros al este-sureste de Acapulco, con vientos máximos sostenidos de 65 km/h y rachas cercanas a 85 km/h. No llegó como huracán, pero sí con el combo que suele meter presión real en la costa: lluvia fuerte, mar alterado y viento suficiente para complicar caminos, laderas y servicios. Además, Boris se convirtió en la segunda tormenta con nombre de la temporada 2026 en el Pacífico, una señal temprana de que junio viene bastante movido en el sur del país.

Lo que siguió después del impacto confirma por qué estos sistemas no necesitan un gran número en la escala para ser peligrosos. Reportes de la mañana indicaron que Boris comenzó a debilitarse rápidamente tras entrar a tierra e incluso fue degradado a depresión tropical en las primeras horas del día. Medios que siguieron el aviso del Servicio Meteorológico Nacional señalaron que el impacto se registró durante la madrugada en la zona de Santo Domingo Armenta, Oaxaca, y que hacia las 06:00 horas el centro del sistema ya avanzaba tierra adentro con vientos más bajos, alrededor de 55 km/h, y movimiento hacia el nor-noroeste. Esa pérdida de fuerza, sin embargo, no borra el riesgo: cuando el suelo ya viene saturado y las bandas nubosas siguen descargando agua, la amenaza cambia de nombre, pero no desaparece; se traslada a deslaves, desbordamientos e inundaciones repentinas.

El aterrizaje de Boris: una madrugada tensa en la costa sur

Desde el lunes por la mañana, el tono oficial ya venía subiendo. El Gobierno de México y autoridades de Guerrero habían advertido que Boris, antes depresión tropical Dos-E, se aproximaba lentamente a la costa con lluvias de intensas a torrenciales, vientos fuertes y oleaje elevado. A las 06:00 horas del lunes 8 de junio, el ciclón se encontraba a 135 kilómetros al sureste de Acapulco y a 80 kilómetros al suroeste de Punta Maldonado, con desplazamiento muy lento hacia el noreste. Esa lentitud fue clave: permitió que el sistema cargara humedad suficiente para empapar durante más tiempo la franja costera. Durante la noche, su trayectoria se ajustó hacia la frontera entre Guerrero y Oaxaca, y el pronóstico se cerró sobre esa zona como el punto más probable de impacto. Para la población de Costa Chica, el mensaje fue claro desde horas antes: no confiarse porque el mayor golpe no siempre entra por la categoría, sino por la duración de la lluvia y la persistencia del mar bravo.

Antes del ingreso a tierra, el Centro Nacional de Huracanes y las autoridades mexicanas mantenían una advertencia por tormenta tropical desde Lagunas de Chacahua, en Oaxaca, hasta Técpan de Galeana, en Guerrero. AP reportó que Boris podía dejar entre 10 y 25 centímetros de lluvia en zonas costeras de ambos estados, con posibilidad de inundaciones peligrosas y deslaves en áreas de terreno escarpado. Después del impacto y del debilitamiento matutino, esa zona de prevención fue levantada, pero el foco cambió a los remanentes. Ahí está el detalle que muchas veces se subestima: una tormenta puede perder fuerza en el viento y seguir pegando durísimo con el agua. En el caso de Boris, la madrugada no solo dejó la entrada del sistema, sino una amplia banda nubosa todavía activa sobre el sur del país, suficiente para mantener la presión sobre ríos, arroyos, caminos serranos y comunidades pegadas a la costa.

También hay un dato que ayuda a poner la nota en contexto: Boris no apareció de la nada. El sistema evolucionó desde la depresión tropical Dos-E y tomó nombre en la madrugada del lunes 8 de junio, cuando alcanzó vientos sostenidos de 65 km/h. Desde entonces, Protección Civil de Guerrero activó monitoreo permanente, seguimiento desde el C5 de Acapulco y coordinación con autoridades municipales. En Oaxaca, las lluvias ya venían impulsadas por la combinación del sistema tropical con un canal de baja presión, el flujo monzónico y la aproximación de la onda tropical número 5. En otras palabras, Boris llegó a un ambiente ya muy cargado de humedad, y eso explica por qué, aun con una intensidad moderada en el viento, el potencial de daño por lluvia se mantuvo alto. No fue un ciclón de espectáculo, fue uno de esos eventos que se sienten más en la tierra reblandecida y en los caminos complicados que en las cifras grandotas del radar.

Lluvias, oleaje y laderas: por qué el riesgo sigue aunque baje el viento

Tras tocar tierra, Boris continuó dejando lluvias puntuales muy fuertes de 50 a 75 milímetros en Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero y Oaxaca, además de precipitaciones fuertes en Puebla, Estado de México, Ciudad de México y Morelos, según los reportes de la mañana. Pero el antecedente de las horas previas es igual o más importante: el Gobierno federal había advertido acumulados de 150 a 250 milímetros en Guerrero y Oaxaca antes del impacto, mientras que AP documentó el riesgo de inundaciones y deslaves con acumulados de entre 10 y 25 centímetros. Esa mezcla entre lluvia previa, suelos mojados y nuevas precipitaciones es la receta clásica para que el problema se mueva de la costa a la montaña. Por eso las autoridades insistieron en vigilar ríos y cuerpos de agua, no cruzar corrientes crecidas y poner especial atención en zonas bajas y de difícil drenaje. En temporada de ciclones, la escena más complicada no siempre está en la playa; muchas veces está varios kilómetros tierra adentro, donde el agua baja con fuerza y sin mucho aviso.

En el frente marítimo, Boris también dejó una cadena de alertas que no son menores. Antes del impacto, se pronosticaron rachas de 70 a 90 km/h en costas de Guerrero y oleaje de 4 a 5 metros en buena parte del litoral del Pacífico sur y occidente. Más tarde, ya con el sistema debilitado, el pronóstico se ajustó a rachas de 50 a 70 km/h en Guerrero y Oaxaca, así como oleaje de 2 a 3 metros en costas de Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Jalisco y Colima. En Oaxaca, además, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana alertó por mar de fondo, cerró puertos y suspendió de manera provisional la navegación menor en San Pedro Mixtepec y Santa María Colotepec. La dependencia también reportó el rescate de una persona arrastrada por una ola en Playa Carrizalillo, un recordatorio bastante crudo de que el mar alterado no se mide solo con boyas o tablas; se mide en decisiones que pueden salir muy caras si alguien baja la guardia.

En Oaxaca, los remanentes de Boris siguieron cargando agua sobre regiones donde la geografía no perdona. De acuerdo con reportes estatales y medios locales, las zonas más expuestas durante este martes incluyen el Istmo de Tehuantepec, la Cuenca del Papaloapan, la Sierra Sur, la Sierra Juárez y los Valles Centrales. La Coordinación Estatal de Protección Civil ya había advertido desde el lunes sobre saturación de suelos, crecida rápida de ríos y arroyos, deslizamientos de tierra e inundaciones repentinas en zonas urbanas con drenaje limitado. A eso se sumó el riesgo en carreteras y caminos por deslaves y caída de rocas, además del avance del mar sobre palapas, locales y viviendas cercanas a la línea costera. Dicho sin rodeos: aunque Boris se fue debilitando, dejó activado un escenario de riesgo múltiple, donde la lluvia, el relieve y el oleaje pueden juntarse para armar problemas distintos en cuestión de horas. Es la clase de temporal que obliga a mirar tanto el cielo como el cerro y la playa al mismo tiempo.

Operativo, refugios y clases suspendidas: así se movieron las autoridades

Frente al avance del sistema, la respuesta institucional arrancó antes del impacto y se mantuvo durante la madrugada. El Gobierno de México informó que los tres órdenes de gobierno desplegaron acciones preventivas y preparatorias para mitigar afectaciones a la población. En Guerrero se mantuvo comunicación con municipios susceptibles de daño y se reportó el acondicionamiento de 620 refugios temporales. Al mismo tiempo, Sedena activó el Plan DN-III-E en Chiapas, Oaxaca y Guerrero, mientras la Marina mantuvo el Plan Marina en Colima, Guerrero y Oaxaca. UnoTV reportó que más de 33 mil 500 efectivos del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional quedaron en alerta, con recorridos en zonas de riesgo, monitoreo de ríos, intercambio de información preventiva y trabajos de despeje en la Autopista del Sol y vigilancia sobre la carretera Oaxaca-Tehuantepec. En este tipo de emergencia, esa parte del operativo casi no luce en foto, pero es la que define si una comunidad recibe apoyo a tiempo o si un corte carretero se vuelve aislamiento total.

Las medidas también tocaron la vida diaria. La Secretaría de Educación de Guerrero suspendió clases para el martes 9 de junio en las regiones Sierra, Costa Grande, Acapulco, Costa Chica, Centro, Norte y Montaña, como medida preventiva ante el paso de Boris. Además, las autoridades insistieron en ubicar refugios temporales, seguir los avisos de Protección Civil y evitar actividades marítimas o desplazamientos innecesarios en zonas de ladera y costa. El tono del llamado fue bastante directo: no propagar rumores, atender solo información oficial y mantener lista una salida rápida si el nivel del agua aumenta o si el terreno muestra señales de deslave. Y sí, quizá a estas alturas Boris ya no tenga la fuerza de una tormenta tropical bien armada, pero Boris en Guerrero y Oaxaca seguirá marcando el ritmo del día mientras sus remanentes descarguen agua sobre la región. El viento puede bajar primero; el riesgo, no necesariamente.

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