Por Óscar Solórzano La violencia cada vez está más recrudecida, no podemos dejar de mirar que en México nos hemos sumido en un proceso donde al principio estaba limitada a cuestiones delincuenciales, es decir, escuchábamos robos aislados o situaciones terribles, pero nos parecían lejanas a nosotros, pero poco a poco se fue acercando hasta que […]
Por Óscar Solórzano
La violencia cada vez está más recrudecida, no podemos dejar de mirar que en México nos hemos sumido en un proceso donde al principio estaba limitada a cuestiones delincuenciales, es decir, escuchábamos robos aislados o situaciones terribles, pero nos parecían lejanas a nosotros, pero poco a poco se fue acercando hasta que tuvimos que defendernos de los violentos y para ello, nos convertimos también en violentos.
Hoy la situación es otra, la violencia se ha transformado en una condición de nuestra sociedad, una forma de vida, somos incapaces de ver la realidad sin pensar en la violencia como parte de lo que somos.
Y no me refiero solamente a aquella que se ejerce en la baja intensidad pero con altísimos índices al interior de los hogares, en esta ocasión quiero hablar de lo que sucede en el país.
Es muy impactante lo que le ha sucedido a Pedro Carrizales, exdiputado, mejor conocido como “El Mijis”, quien antes pertenecía a las bandas y decidió apartarse de esa vida para buscar una comunidad mejor, eso lo llevó a obtener una curul en la cámara.
Desde allí se miraba su actuación, al menos, congruente; ahora a unos meses de haber dejado el cargo nos enteramos de que El Mijis ha muerto en circunstancias absolutamente sospechosas, que según versiones oficiales se resumen a un accidente automovilístico. Si esto fuera un hecho aislado podríamos creerlo, pero el contexto nacional hace que sea difícil.
Por otro lado, de alarma y vergüenza es lo sucedido este sábado 5 de marzo entre las barras de aficionados del club Atlas y del Querétaro, en el estadio Corregidora, donde entrenan los Gallos Blancos.
Los números extraoficiales hablan de al menos 17 muertos; las imágenes y vídeos hablan por sí solas, son aterradoras, se miran hombres caídos sangrando, a los que les siguen pegando hasta dejarlos al menos desnudos e inconscientes.
Los números oficiales dicen que apenas hubo heridos. Alguien miente, el tiempo nos dirá quién.
La campal que pasó más allá de las tribunas y se fue a todos los lugares del estadio, parecía un acto premeditado, había cadenas tubos, arena y otros objetos que parece poco posible que no fueran llevados desde el exterior.
En todas las imágenes, lo que no se ve es a la autoridad haciéndose cargo, de todas las fotografías y vídeos que pude observar solo en una se mostraban cinco efectivos tratando de hacer algo.
Aquí no hay pretexto, la violencia se ve claramente, sin un móvil preciso más allá de un juego de pelota, ¿quién gana aquí?, ¿quien se beneficia de todo esto?, me atrevo a pensar que todos perdemos.
Este hecho no podemos analizarlo como solamente una cuestión del fútbol, no cuando el contexto nacional es igualmente violento, tenemos que mirar que la construcción que estamos generando de comunidad es fallida.
Esto no depende solamente de autoridades sino que de la propia educación y visión que tenemos sobre lo que sucede, aquí somos responsables los políticos, los medios de comunicación que resaltan en amarillo todo aquello que sea sangriento, la propia sociedad civil que asume a la violencia como una salida; el vecino que sigue tirando la basura enfrente de la casa del otro, el hombre que golpea a su esposa, la madre que golpea al hijo, el niño que acosa sen la escuela, toda la sociedad que vemos a la violencia como una solución o desahogo a la situación crítica que estamos viviendo.
Sin embargo, si es a las autoridades a quienes corresponde empezar a actuar para que esto deje de suceder.
Este encierro de la pandemia está dejando secuelas más duras de las que imaginamos: la depresión, la ansiedad, las adicciones, la violencia van a aumentar considerablemente en los próximos meses, estamos a tiempo de poder tomar acciones contundentes, así que ya saben, en eso quedamos.
@OscarSolorzanoMx
Los comentarios están cerrados