Muy, muy para tan, tan. Por Óscar Solórzano No cabe duda que quienes más han sido afectados en esta crisis pandémica son las niñas, niños y jóvenes del país; ellos fueron los que sufrieron el primer embate, en marzo del año pasado, los primeros en confinarse. Aunque pudiera parecer exagerado fue una medida necesaria, […]
Muy, muy para tan, tan. Por Óscar Solórzano
No cabe duda que quienes más han sido afectados en esta crisis pandémica son las niñas, niños y jóvenes del país; ellos fueron los que sufrieron el primer embate, en marzo del año pasado, los primeros en confinarse.
Aunque pudiera parecer exagerado fue una medida necesaria, para su protección, la de sus familias, docentes y todas las personas que trabajan alrededor de las escuelas. Así ese ciclo se acabó a tropiezos y les prometieron que llegaría un nuevo año con grandes soluciones, la infancia no sería abandonada.
El resultado de aquella brillantísima estrategia fue una serie de programas de televisión, que supuestamente serían complementados de muchas formas para que no se perdiera el año y que han costado más de 600 millones de pesos. Al final resultó un verdadero fiasco en el que lejos de lograr un avance, la educación ha experimentado un claro retroceso, el año se perdió, aunque, eso sí, todos pasaron. Este es el nivel de simulación por parte de la SEP.
Tenemos entonces un año perdido educativamente hablando, miles de chicas y chicos viviendo entre la angustia, la depresión y el estrés, escuelas en quiebra, aumento de alrededor del 30% de la violencia intrafamiliar, sin olvidar los datos de feminicidios que también aumentaron 7.1% en los primeros 5 meses del 2021, además del propio impacto entre docentes que son los verdaderos héroes de esta historia, pues con sus propios recursos hicieron todo lo posible por continuar con su labor.
El precio ha sido alto, pero, como dice la voz popular, lo importante es que tenemos salud, la infancia y la juventud no se ha contagiado.
Por eso, sorprende que sin más se cambie el criterio y se escuche a López Gatell decir que “incluso con semáforo en rojo” las escuelas serán “actividad prioritaria” y al presidente declarar que “llueva, truene o relampaguee” habrá clases presenciales.
Pretenden lanzar ahora a la población más vulnerable y sin vacunas a las aulas, sin una estrategia clara, probada o gradual. Casi 33 millones de niñas, niños, adolescentes y jóvenes regresarán a las escuelas sin más protección que un cubrebocas y un poco de alcohol en gel. Para ellos no ha habido ni habrá vacuna según “los otros datos”.
Los protocolos presentados recientemente por la Secretaría de Educación pretenden que todas las actividades sean dentro del salón, sin recreos, evitando el contacto físico y sin ningún tipo de actividad al aire libre. Imaginen ustedes a un grupo de 40 estudiantes de los que asisten normalmente a secundaria, en un salón de aproximadamente 30 m2, ¿cómo se puede guardar la sana distancia?, ¿cómo se puede evitar el contacto físico entre los niños de preescolar?, ¿cómo se ventilarán esos salones enrejados?, ¿qué no era mejor tener actividades al aire libre que en un espacio cerrado, o apostar a la tecnología y seguir con clases a distancia para mitigar los efectos del Covid-19 y sus variantes?
¿Para qué entonces tanto sacrificio si al final íbamos a acabar exponiendo a la infancia al contagio? Porque es conocido que la variante Delta del virus es altamente contagiosa y que afecta sobretodo a los más pequeños, tan sólo en Tamaulipas, durante estas últimas dos semanas van 112 nuevos contagios en menores de 17 años, de los cuales uno ya falleció, un bebé de menos de 12 meses de edad.
Si además tomamos en cuenta que solo 29 millones de los 120 de mexicanos tienen el cuadro de vacunación completa y que la taza de letalidad en nuestro país es de 8.10% (dato alarmante comparado con el promedio de la letalidad mundial 2.1%) es claro que no hay condiciones de salud para el regreso a clases ya que esta última semana México rompió su propio récord de más contagios en un día en lo que va de la pandemia y superó las más de 3 millones de personas infectadas por el virus, tan solo en una semana mantuvo un ritmo constante superior a los 20 mil casos diarios .
Es preocupante que además en esta ocasión cuenten con el apoyo del SNTE; el propio sindicato ha olvidado que su papel es proteger a los agremiados y no exponerlos a un contagio masivo. Recordemos que el propio laboratorio Cansino Biologics, vacuna que se le aplicó a los docentes del país, declaró que se requiere de una segunda dosis y en un periodo de seis meses para obtener mayor eficacia pero no la inmunidad. Hace unos días el Mtro. Alfonso Cepeda, secretario general del sindicato sentenció: “Hay que salir a justificar el sueldo”. Yo soy de la idea que la vida, salud y dignidad de cualquier persona anteceden a cualquier justificación de salario sin dejar de mencionar que la ley está obligada a proteger a los trabajadores, y evidentemente en tiempos pandémicos más.
Al mismo tiempo, y lamentablemente, el gobierno convoca a una celebración ostentosa pero exige a los padres de familia una carta responsiva para el regreso a clases obligatorio y presencial, donde busca comprometer a los tutores de los niños por un entorno que ellos no controlan ni supervisan, en donde la autoridad escolar queda eximida de cualquier falla sin dar garantía alguna de cumplimiento en protocolos sanitarios para las familias porque conoce bien la situación y la gravedad de la enfermedad.
En las redes sociales los padres de familia hacen un llamamiento a la sociedad a no firmar la carta que exige la SEP y piden a cambio que sea la autoridad, como corresponde, quien se haga cargo y se comprometa en el control sanitario dentro de cada escuela.
Si en algún momento hubo una estrategia pareciera que ahora ha quedado abandonada, ya que estamos en pleno semáforo rojo sin limitar ninguna actividad pudiendo justificar que cualquier situación que le ocurra al “pueblo bueno” será bajo su propio riesgo ya que nadie está obligado a salir a trabajar, ir al colegio o abrir su negocio pero en año y medio de pandemia no se ha podido generar una sola política pública que ayude a mitigar el impacto de no realizar tales actividades. Para muestra podemos ver las contradictorias declaraciones entre el Subsecretario de Salud y la Jefa de Gobierno de la CDMX, que si el semáforo es rojo o es naranja; hasta que tuvo que llegar el propio Presidente López Obrador con sus otros datos a decretar el color del semáforo: “es naranja”. Con esas palabras dio el espaldarazo a Claudia Sheinbaum y la espalda a López-Gatell quien es RESPONSABLE del manejo de la pandemia y de este próximo y siguiente desastre.
Así que ya saben, en eso quedamos. Queridos lectores síganme en mis redes sociales @OscarSolorzanoMX
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