La creciente inseguridad en las carreteras mexicanas se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación para el comercio trilateral. Con la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) prevista para 2026, la seguridad logística y el transporte de carga se perfilan como factores decisivos para la competitividad regional. Aunque […]
La creciente inseguridad en las carreteras mexicanas se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación para el comercio trilateral. Con la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) prevista para 2026, la seguridad logística y el transporte de carga se perfilan como factores decisivos para la competitividad regional.
Aunque tradicionalmente los debates en torno al acuerdo se concentran en reglas de origen, criterios laborales o mecanismos de solución de controversias, el deterioro de las condiciones de seguridad en las rutas mexicanas ha desplazado otros temas en la agenda empresarial y gubernamental. Grandes corporaciones de Estados Unidos y Canadá han advertido que el robo al transporte de carga en México ya no es un problema aislado, sino un riesgo estructural que amenaza el desempeño del mercado integrado. Los costos derivados de esta inseguridad se estiman en alrededor del 0.5% del PIB.
Corredores estratégicos bajo presión
Los reportes más recientes señalan que los corredores del Estado de México, Puebla, Guanajuato, el Bajío, el Arco Norte, Puebla–Veracruz y el Valle de México concentran la mayor parte de los incidentes. Más del 80% de los robos se cometen con violencia, afectando no solo la competitividad logística sino también la vida de los transportistas.
El malestar generado por esta situación detonó bloqueos simultáneos en al menos 20 estados del país, donde organizaciones de transportistas y productores exigieron mayores condiciones de seguridad, el fin de la extorsión y la eliminación de prácticas abusivas. Estos bloqueos expusieron la fragilidad de un sistema que debería operar como una red integrada y eficiente, tal como busca el T-MEC.
Seguridad logística: la nueva pieza del rompecabezas comercial
El transporte de carga es el eslabón físico de la integración económica. Sin rutas seguras, las reglas de libre comercio pierden efectividad. Por ello, en los foros preparatorios del proceso de revisión del tratado ha surgido la propuesta de incorporar compromisos explícitos en materia de seguridad logística, no como sanciones, sino como una responsabilidad compartida para garantizar carreteras confiables, coordinación policial efectiva y sistemas de inteligencia que reduzcan vulnerabilidades en las cadenas de suministro.
Retos regulatorios y asimetrías persistentes
Más allá de la inseguridad, persisten desafíos normativos. En Estados Unidos, solo un número limitado de empresas mexicanas cuenta con permisos para circular plenamente en sus carreteras, mientras que requisitos como el dominio del inglés o la homologación de licencias generan tensiones dentro del sector. Sin embargo, coinciden los analistas en que el principal freno continúa siendo la inseguridad en territorio mexicano: sin corregir ese punto, cualquier avance regulatorio tendrá un impacto limitado.
Un desafío que pone a prueba la credibilidad del Estado mexicano
La seguridad en el transporte de carga no es solo un asunto operativo; también es un indicador de la capacidad institucional del Estado para garantizar condiciones mínimas de confianza a la inversión. En este sentido, la revisión del T-MEC será más que un ejercicio técnico: representará una evaluación de la credibilidad de México como socio comercial.
Si el país logra comprometerse con estrategias efectivas contra el robo en carreteras —patrullajes coordinados, tecnología de rastreo, fortalecimiento de la Guardia Nacional y colaboración con la iniciativa privada— enviará una señal de responsabilidad que reforzará su posición en la mesa de negociación.
Una oportunidad para transformar un problema en ventaja estratégica
El reto es considerable, pero también es una oportunidad. La revisión de 2026 permitirá que México impulse acuerdos bilaterales y trilaterales donde la seguridad logística sea reconocida como un componente esencial del comercio. Convertir carreteras seguras en una política de Estado podría consolidar la confianza logística que Norteamérica requiere para sostener su integración económica.
El transporte de carga ya no es un tema marginal en el T-MEC: es el corazón de la competitividad de la región. Para México, garantizar rutas seguras será clave no solo para cumplir con sus compromisos comerciales, sino para fortalecer su papel estratégico en el futuro económico compartido de Norteamérica.
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