El consumo de alcohol en México vive una paradoja: mientras la Secretaría de Salud impulsa campañas para reducir su ingesta y promover hábitos saludables, el mercado proyecta un crecimiento anual del 5.8% entre 2025 y 2034, de acuerdo con Informes de Expertos. Aunque más del 90% de los mexicanos considera el consumo de bebidas alcohólicas […]
El consumo de alcohol en México vive una paradoja: mientras la Secretaría de Salud impulsa campañas para reducir su ingesta y promover hábitos saludables, el mercado proyecta un crecimiento anual del 5.8% entre 2025 y 2034, de acuerdo con Informes de Expertos.
Aunque más del 90% de los mexicanos considera el consumo de bebidas alcohólicas como un problema importante o moderado, según la Red de Acción sobre Alcohol (RASA), factores como las ventas online y las vinotecas digitales han facilitado el acceso a estos productos, impulsando la expansión del sector.
En contraste, crece la tendencia hacia bebidas bajas o sin alcohol, especialmente entre los jóvenes. Esta corriente, antes vista con recelo, hoy se percibe como una alternativa premium, vinculada a experiencias sociales más responsables.
La Dra. Bethlem Boronat, investigadora de la EAE Business School, explica:
“Los jóvenes buscan experiencias gastronómicas y sociales que no comprometan su bienestar ni rendimiento, y la industria está respondiendo a esa demanda”.
Marcas como Tanqueray, Seagram’s y Ballantine’s ya han lanzado ginebras y whiskeys “light”, mientras que el sector vinícola ofrece versiones desalcoholizadas con procesos que mantienen el sabor original.
Para ser consideradas “sin alcohol”, las bebidas deben contener menos de 0.5% de alcohol (0.05% en Reino Unido); las opciones totalmente libres se etiquetan como 0.0%.
El cambio cultural también ha sido impulsado por celebridades como Mario Casas, Nathy Peluso o Miley Cyrus, quienes han compartido públicamente su decisión de reducir o eliminar el alcohol de su vida, influyendo en la generación Z, la más abierta a estas opciones.
Hoy, restaurantes incluyen en sus cartas vinos desalcoholizados, coctelería sin alcohol y maridajes alternativos, mientras envases gourmet y asociaciones con festivales refuerzan la normalización de este consumo.
El informe de la EAE Business School concluye que esta tendencia se consolidará en los próximos años, con una oferta más amplia y sofisticada. Lo “sin” dejará de ser un nicho para convertirse en parte habitual de la experiencia gastronómica y social.
“Reducir el consumo de alcohol no significa dejar de celebrar, sino redefinir los rituales con opciones más inclusivas y responsables”, apunta Boronat.
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