De Política Alejandro Álvarez Manilla El mitin de la presidenta Claudia Sheinbaum este domingo 9 de marzo en el Zócalo de la Ciudad de México fue, sin duda, un evento de gran magnitud y significado. Lo que comenzó como una convocatoria para abordar los posibles aranceles de Estados Unidos, terminó convirtiéndose en una demostración de […]
De Política Alejandro Álvarez Manilla
El mitin de la presidenta Claudia Sheinbaum este domingo 9 de marzo en el Zócalo de la Ciudad de México fue, sin duda, un evento de gran magnitud y significado. Lo que comenzó como una convocatoria para abordar los posibles aranceles de Estados Unidos, terminó convirtiéndose en una demostración de fuerza política y unidad nacional. Pero, más allá del espectáculo, cabe preguntarse: ¿fue un acto de gobierno o una estrategia electoral?
Un mensaje de unidad y soberanía
Desde su discurso, Sheinbaum buscó transmitir un mensaje de firmeza y colaboración con el gobierno estadounidense, al recalcar la reducción en el tráfico de fentanilo y la necesidad de frenar el flujo de armas hacia México. Además, dejó claro que la relación con Washington debe basarse en el respeto mutuo, un enfoque similar al que utilizó su predecesor, Andrés Manuel López Obrador.
El tono de su discurso no solo fue diplomático, sino que también apeló a la identidad nacional y al sentido de unidad del pueblo mexicano. El aplazamiento de los aranceles por parte de Estados Unidos le permitió transformar la convocatoria en una especie de celebración política, evitando un tono de confrontación directa con el gobierno de Donald Trump y, al mismo tiempo, reforzando su liderazgo ante la ciudadanía.
Un Zócalo abarrotado: ¿espontaneidad o movilización política?
Las imágenes de un Zócalo lleno de simpatizantes fueron un recordatorio del poder de convocatoria de la actual administración. Sin embargo, es válido cuestionar hasta qué punto esta asistencia fue un reflejo genuino de respaldo popular o si, como en otros actos políticos, hubo una movilización organizada desde los gobiernos estatales y locales afines a la Cuarta Transformación.
El respaldo masivo y las consignas de apoyo a Sheinbaum muestran que sigue contando con una base sólida de seguidores. Pero también es cierto que estos eventos tienen una fuerte carga simbólica y propagandística, lo que lleva a preguntarnos si este mitin fue realmente necesario o si solo responde a una lógica de fortalecimiento político rumbo a 2027.
Continuidad o liderazgo propio
Otro punto a destacar es la constante referencia a Andrés Manuel López Obrador, quien sigue siendo una figura clave en la narrativa de la 4T. Aunque Sheinbaum ha tratado de marcar su propio estilo, el respaldo del exmandatario sigue siendo fundamental para consolidar su gobierno. Su mención en el mitin y el agradecimiento público muestran que, por ahora, la presidenta sigue apelando al legado de AMLO para fortalecer su propia legitimidad.
¿Un acto de gobierno o una estrategia electoral anticipada?
El mitin en el Zócalo dejó varias lecturas:
Demostración de fuerza política en un contexto de posibles tensiones con Estados Unidos.
Mensaje de estabilidad económica y soberanía nacional ante la incertidumbre internacional.
Construcción de una imagen de liderazgo sólido, pero sin desprenderse aún del legado de AMLO.
Si bien este evento se justificó en el contexto de la relación bilateral con Estados Unidos, también es claro que tuvo un componente político importante. Con apenas unos meses en el cargo, Sheinbaum sigue en la fase de consolidación de su gobierno, y estos actos sirven para reforzar su imagen tanto dentro como fuera del país.
El reto, sin embargo, será demostrar que su liderazgo no solo se sostiene en la movilización y en la narrativa de la Cuarta Transformación, sino en resultados concretos que mejoren la vida de los mexicanos. La popularidad puede llenar el Zócalo, pero la historia demuestra que, a largo plazo, lo que define un gobierno son sus acciones y no sus mítines multitudinarios.
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