El precedente que marcará a los gobernadores De Política Alejandro Álvarez Manilla El próximo mes de marzo, Salomón Jara se convertirá en el primer gobernador de Oaxaca que se somete a un ejercicio de revocación de mandato. Más allá del resultado, el hecho en sí representa un parteaguas político: por primera vez, el poder Ejecutivo […]
El precedente que marcará a los gobernadores
De Política Alejandro Álvarez Manilla
El próximo mes de marzo, Salomón Jara se convertirá en el primer gobernador de Oaxaca que se somete a un ejercicio de revocación de mandato. Más allá del resultado, el hecho en sí representa un parteaguas político: por primera vez, el poder Ejecutivo estatal enfrenta un escrutinio ciudadano formal a mitad del camino, no como gesto simbólico, sino como un mecanismo constitucional que pone a prueba la relación entre gobierno y sociedad.
La revocación de mandato nació con la promesa de fortalecer la democracia participativa. Su lógica es clara: si el voto elige, el voto también debe poder corregir. En la práctica, sin embargo, estos ejercicios suelen moverse en una zona ambigua entre la rendición de cuentas y la ratificación política. El reto para Oaxaca será demostrar que no se trata de un trámite diseñado para legitimar al gobernante en turno, sino de una herramienta real para que la ciudadanía evalúe el rumbo del gobierno.
En el caso de Salomón Jara, la consulta llega en un contexto complejo. Su administración ha insistido en un discurso de transformación profunda, de ruptura con viejas inercias políticas y de cercanía con los sectores históricamente marginados del estado. No obstante, Oaxaca sigue enfrentando problemas estructurales: pobreza persistente, rezagos en infraestructura, conflictos sociales recurrentes y una gobernabilidad frágil en varias regiones. La revocación obliga a poner estos temas sobre la mesa, no desde la propaganda, sino desde la percepción ciudadana.
El mayor valor del ejercicio no está únicamente en la pregunta que se hará en las boletas, sino en el debate público que debería acompañarlo. ¿Ha mejorado la vida cotidiana de las y los oaxaqueños? ¿Se gobierna con diálogo o con imposición? ¿Las promesas de cambio se reflejan en resultados medibles? La revocación de mandato tendría sentido si logra detonar esta discusión de fondo y no si se reduce a una movilización de estructuras partidistas para garantizar un resultado previsible.
También hay un mensaje nacional implícito. Si el proceso en Oaxaca se desarrolla con reglas claras, participación informada y respeto a los resultados, sentará un precedente para otros gobernadores que, más temprano que tarde, enfrentarán la misma prueba. En cambio, si se percibe como un ejercicio controlado, con baja participación o sin consecuencias políticas reales, el mecanismo corre el riesgo de desgastarse antes de consolidarse.
En una democracia joven y desigual como la mexicana, someter al poder al juicio ciudadano siempre es una apuesta arriesgada, pero necesaria. La revocación de mandato de Salomón Jara no debería leerse solo como un examen personal, sino como una oportunidad para que Oaxaca inaugure una nueva etapa de responsabilidad política. En marzo, más que decidir si un gobernador continúa o no, la ciudadanía tendrá la posibilidad de definir qué tan en serio quiere tomarse el derecho a evaluar a quienes gobiernan en su nombre.
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