Lo que viviste antes de nacer también forma parte de tu historia Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística. Hay momentos en la vida en los que, aunque todo “parece estar bien”, algo no termina de encajar. Relaciones que se repiten, decisiones que cuestan más de lo esperado, una sensación constante de responsabilidad […]
Lo que viviste antes de nacer también forma parte de tu historia
Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística.
Hay momentos en la vida en los que, aunque todo “parece estar bien”, algo no termina de encajar.
Relaciones que se repiten, decisiones que cuestan más de lo esperado, una sensación constante de responsabilidad o incluso emociones que aparecen sin una causa clara. Y entonces surge una pregunta silenciosa: ¿por qué me pasa esto?
Para muchas mujeres, la respuesta no siempre está en la vida adulta ni en la infancia. En algunos casos, el origen puede encontrarse en un periodo mucho más temprano: antes de nacer.
Este periodo se conoce como Proyecto Sentido y abarca todo lo que rodea la concepción, el embarazo y los primeros meses de vida. Es el momento en el que, sin darnos cuenta, comenzamos a formar una manera de percibir el mundo.
Durante el embarazo, el bebé no solo se está formando físicamente. También percibe el ambiente emocional de la madre y del entorno. Lo que ella vive, siente o atraviesa deja una huella.
Por ejemplo, si durante el embarazo hubo preocupación económica, muchas veces la persona crece con una fuerte necesidad de seguridad, control o estabilidad.
Si el embarazo llegó en un momento en el que la relación de pareja estaba en crisis, es común encontrar adultos que hacen todo por sostener sus vínculos, incluso más allá de lo que les corresponde.
Si la llegada de ese bebé representó una ilusión, un rescate o una esperanza dentro de la familia, la persona puede sentir, ya en su vida adulta, que tiene que “cumplir” con algo, aunque no sepa exactamente qué.
Y hay casos más profundos.
Cuando en una familia hubo una pérdida importante —como un hijo que no pudo vivir o un duelo que no se expresó completamente— el siguiente integrante puede quedar ligado, de manera inconsciente, a esa historia. Esto puede sentirse como una carga emocional difícil de explicar: una tristeza constante, una sensación de no pertenecer o una necesidad de dar sentido a la propia vida.
Nada de esto es evidente a simple vista. No es algo que se recuerde. Es algo que se siente.
Además del Proyecto Sentido, la forma en que ese contexto se vive durante los primeros años de vida tiene un impacto directo en el niño interior.
El bebé no solo percibe el ambiente emocional durante el embarazo, también lo sigue viviendo al nacer. Y en esa etapa, todo lo que ocurre se registra sin filtros: el tono emocional de la madre, la atención que recibe, los silencios, las ausencias o incluso el ambiente dentro del hogar.
Por ejemplo, cuando un niño llega en medio de un duelo —como la pérdida de otro hijo o de un familiar cercano— puede crecer sintiendo una tristeza que no logra explicar. Son niños que, incluso parece que siempre visten de negro o tonos obscuros, se muestran serios, reservados o desconectados.
En algunos casos, no disfrutan sus cumpleaños, les cuesta recibir atención o reconocimiento, y desarrollan una necesidad constante de agradar para sentirse vistos. Aunque reciban cariño o regalos, internamente pueden experimentar una sensación de vacío o de no pertenecer completamente.
Estos niños no están reaccionando únicamente a lo que sucede en el presente, sino a un clima emocional que ya formaba parte de su entorno desde el inicio.
En otros casos, cuando el entorno emocional está marcado por tensión, preocupación o exigencia, el niño puede desarrollar una actitud de alerta constante. Se convierte en un adulto que siente que debe hacer más, resolver más o sostener más de lo que le corresponde.
Comprender esto permite mirar la infancia desde un lugar mucho más claro. Muchas actitudes, emociones o formas de reaccionar dejan de parecer exageradas o sin sentido, y comienzan a tener coherencia.
En la siguiente entrega exploraremos cómo ese niño interior, formado a partir de estas primeras experiencias, continúa influyendo en decisiones clave de la vida adulta, especialmente en la manera de relacionarse, de manejar el dinero y de responder ante la salud.
Porque aquello que se vivió al inicio en lo que creemos que es nuestro pasado, se expresa en la forma en la que hoy se vive el presente.
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