Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística. Hay algo que muchas mujeres viven en silencio: Saben lo que les pasa.Han leído, han trabajado en ellas, incluso han tomado decisiones importantes…y aun así, algo se repite. La misma historia en la pareja.La misma sensación de desgaste con el dinero.El mismo tipo de situaciones que […]
Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística.
Hay algo que muchas mujeres viven en silencio:
Saben lo que les pasa.
Han leído, han trabajado en ellas, incluso han tomado decisiones importantes…
y aun así, algo se repite.
La misma historia en la pareja.
La misma sensación de desgaste con el dinero.
El mismo tipo de situaciones que regresan, aunque cambien las personas o el contexto.
Y entonces aparece una sensación difícil de explicar:
“Si ya lo entendí… ¿por qué sigo aquí?”
La respuesta no está en lo que sabes.
Está en lo que aprendiste a sentir desde muy temprano.
El niño interior no funciona desde la lógica. Funciona desde la experiencia.
Si en los primeros años aprendiste que el amor se gana, hoy puedes estar en relaciones donde das más de lo que recibes… y aun así te cuesta soltar.
Si aprendiste que debes portarte bien para ser vista, es probable que hoy te cueste poner límites, decir lo que necesitas o priorizarte sin sentir culpa.
Si creciste en un ambiente donde había tensión, silencio o distancia emocional, puedes sentirte más “cómoda” en relaciones que se sienten así, aunque una parte de ti desee algo diferente.
Y lo más importante: no siempre se siente como un problema.
A veces se siente como lo conocido.
Como lo normal.
Por eso muchas veces una mujer se queda en una relación que no la hace feliz… no porque no se dé cuenta, sino porque hay una parte de ella que reconoce ese lugar.
Una parte que aprendió que así se vive el vínculo.
Lo mismo ocurre con el dinero.
Hay mujeres que trabajan, se esfuerzan, hacen todo lo que “deberían hacer”… y aun así sienten que no es suficiente.
Que siempre falta algo.
Que no pueden relajarse.
Que tienen que sostener más de lo que les corresponde.
Es una forma de vivir que se integró desde los primeros años.
También se refleja en el cuerpo.
Síntomas que aparecen en momentos específicos.
Cansancio constante.
Tensión acumulada.
Sensación de carga.
El cuerpo también recuerda.
Recuerda lo que viviste cuando no podías explicarlo.
Recuerda lo que sentiste cuando no sabías nombrarlo.
Y lo expresa de la única manera que puede: a través de sensaciones.
Por eso hay momentos en los que, aunque todo esté “bien”, algo dentro de ti no se siente en calma.
Esa sensación tiene un origen, y forma parte de tu historia.
Porque cuando esa parte se reconoce, algo cambia.
Las decisiones se vuelven más claras.
Los límites comienzan a aparecer.
Las relaciones empiezan a transformarse.
Desde un lugar interno más claro y presente.
En la siguiente entrega hablaremos de cómo empezar a trabajar con ese niño interior de manera práctica, para que esa historia deje de repetirse y puedas construir una forma de vivir más alineada contigo.
Comprender abre el camino, y sostener ese proceso en tu vida es lo que permite que todo comience a moverse de manera distinta.
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