Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística Una mirada emocional para entender nuestras decisiones afectivas. Hay una frase que, desde que la leí, resonó profundamente conmigo: “Tenemos la pareja para la que nos alcanzó”. Pertenece al libro del mismo nombre, escrito por Rubén González Vera y más allá de su tono directo, contiene […]
Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística
Una mirada emocional para entender nuestras decisiones afectivas. Hay una frase que, desde que la leí, resonó profundamente conmigo: “Tenemos la pareja para la que nos alcanzó”. Pertenece al libro del mismo nombre, escrito por Rubén González Vera y más allá de su tono directo, contiene una verdad emocional que vale la pena explorar y quiero compartir mi punto de vista y resaltar algunas ideas que considero esenciales para entender por qué tantas mujeres exitosas, profesionales, inteligentes y capaces pueden llegar a sentirse tan confundidas o frustradas en el amor.
En la vida cotidiana, solemos creer que elegimos pareja desde la consciencia, desde lo que queremos o creemos necesitar. Pero, en realidad, la mayoría de nuestras decisiones afectivas están profundamente condicionadas por nuestra historia emocional. No elegimos desde el deseo, sino desde la herida; no desde los sueños, sino desde la memoria emocional que llevamos dentro. Y esa memoria no siempre es amable.
Nuestra forma de amar se construyó desde muy temprano. Creció con las experiencias que vivimos en casa, con la manera en que mamá nos quiso (o no pudo querernos más), con la presencia o ausencia de papá, con los silencios, los enojos, los abandonos o las sobreprotecciones. El libro lo plantea de manera contundente: dentro de nosotros viven distintos “personajes emocionales” que moldean nuestras decisiones. A mí me gusta verlos como arquetipos internos que representaron diferentes maneras de sobrevivir afectivamente durante nuestra infancia y adolescencia.
Por ejemplo, el arquetipo del “Huérfano” aparece en mujeres que aprendieron a valerse por sí mismas porque emocionalmente no hubo un adulto suficientemente presente. Son mujeres brillantes, resolutivas, independientes, capaces de sostenerlo todo… pero profundamente temerosas de mostrarse vulnerables. Cuando este arquetipo domina, la mujer elige parejas emocionalmente indisponibles, porque prefiere cargar sola antes que enfrentar el miedo a ser herida.
Otro arquetipo que influye es el “Guerrero”. Esta mujer aprendió a defenderse, a controlar, a dirigir su vida con firmeza. Su fuerza interna es admirable, pero cuando está en sombra, se convierte en autosuficiencia extrema, dificultad para recibir y una tendencia a elegir parejas que no la igualan, porque inconscientemente necesita sentirse en control.
Y también está el “Amante herido”: la mujer que aprendió a querer desde la necesidad de aprobación. Es la que da demasiado, la que sostiene, la que perdona, la que justifica, porque teme profundamente al abandono. En su historia, amar significó esforzarse para ser vista o elegida y en la adultez esto se traduce en relaciones desequilibradas donde ella carga emocionalmente con todo.
Estas dinámicas no aparecen sólo por historia personal. Desde la mirada transgeneracional, heredamos maneras de amar que vienen de generaciones anteriores. Muchos de nuestros patrones no son sólo nuestros; pertenecen al linaje femenino, a lo que vimos en mamá, en la abuela, en las mujeres que hicieron lo que pudieron con las herramientas que tuvieron.
Y también aparecen en la psicosomática: ese lenguaje sutil donde el cuerpo expresa lo que la palabra no dice. Cansancio extremo, insomnio, tensión mandibular, dolores musculares, ruptura de cadera, gastritis… muchas veces son la consecuencia de “sostener” emocionalmente a otros más de lo que una puede o debe. La pareja, en estos casos, se vuelve un espejo donde el cuerpo revela lo que la mente intenta ocultar.
Todo esto nos lleva a una conclusión reveladora: no elegimos pareja desde lo que somos hoy, sino desde lo que aprendimos emocionalmente a ser. Y por eso, si queremos relacionarnos de una forma distinta, necesitamos mirar hacia dentro, revisar esas voces internas, integrar esos arquetipos y comprender profundamente nuestra historia.
Este artículo es el inicio de una trilogía donde reflexionaremos juntas sobre el amor, las heridas y la posibilidad real de sanar. En esta primera entrega buscamos comprender por qué elegimos lo que elegimos. En el siguiente texto, entraremos en una capa igual de importante: los mecanismos emocionales que, sin darnos cuenta, sabotean nuestras relaciones. Porque no sólo elegimos desde la herida emocional; también reaccionamos desde ella. Nos vemos en la siguiente entrega.
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