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Las expresiones injerencistas del embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, para cuestionar la reforma judicial en curso, provocaron que el presidente Andrés Manuel López Obrador determinara que las relaciones con esa misión diplomática y la de Canadá están en pausa. ¿Cómo le vamos a permitir que él opine que está mal lo que estamos […]
Las expresiones injerencistas del embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, para cuestionar la reforma judicial en curso, provocaron que el presidente Andrés Manuel López Obrador determinara que las relaciones con esa misión diplomática y la de Canadá están en pausa. ¿Cómo le vamos a permitir que él opine que está mal lo que estamos haciendo! No vamos a decirle: abandone el país, eso no, pero sí tenemos que leer la Constitución, que es como leerle la cartilla.
A pesar de la descalificación a Salazar –matizándola que no era un asunto personal– López Obrador identificó al Departamento de Estado como el origen de esa pretensión de intervenir en asuntos que sólo competen a México. Tampoco es él. Qué casualidad que al mismo tiempo que se pronuncian en México a través de la embajada, lo hacen los canadienses, que también es de pena ajena, con todo respeto al gobierno de Canadá, parece Estado asociado.
En conferencia, López Obrador endureció su postura frente a la pretensión estadunidense de involucrarse en el debate sobre la reforma judicial, especialmente al cuestionar la viabilidad de la elección popular de jueces, magistrados y ministros. En este contexto lanzó: mientras yo esté aquí no vamos a permitir ninguna violación a nuestra soberanía. Ya me voy a ir, ya faltan 30 días, pero mientras yo esté aquí como presidente, no puedo permitir que se viole nuestra Constitución.
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