Ciudad del Vaticano. Más de 250 mil fieles se congregaron este sábado 26 de abril en la Plaza de San Pedro para dar el último adiós al Papa Francisco, en un emotivo funeral que marcó el cierre de un pontificado de 12 años caracterizado por la humildad, la cercanía y el compromiso con los más […]
Ciudad del Vaticano. Más de 250 mil fieles se congregaron este sábado 26 de abril en la Plaza de San Pedro para dar el último adiós al Papa Francisco, en un emotivo funeral que marcó el cierre de un pontificado de 12 años caracterizado por la humildad, la cercanía y el compromiso con los más vulnerables.
A las 8:30 a.m., miles comenzaron a llenar la plaza vaticana. Aunque al funeral asistieron presidentes, príncipes y líderes mundiales, fueron los migrantes y reclusos quienes recibieron el féretro en la Basílica de Santa María la Mayor, donde Francisco será sepultado en una ceremonia privada.
El ataúd, sencillo y de madera, fue trasladado en uno de los antiguos papamóviles por las calles de Roma, entre aplausos y vítores de “¡Papa Francesco!”. A lo largo de los seis kilómetros de recorrido hasta la basílica, unas 150 mil personas se alinearon en la ruta, según cifras del ministro del Interior italiano, Matteo Piantedosi, quien estimó una asistencia total de 400 mil personas.

La homilía estuvo a cargo del cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, quien calificó a Francisco como “el papa del pueblo”, destacando su estilo informal, su cercanía con los más desfavorecidos y su incansable defensa de los migrantes. Recordó gestos simbólicos, como la misa en la frontera entre México y EE.UU. y su visita a Lesbos, Grecia, de donde se llevó a 12 refugiados.
“El hilo conductor de su misión fue la convicción de que la Iglesia es un hogar para todos, con las puertas siempre abiertas”, señaló Re, ante una multitud que lo ovacionó.
Francisco preparó personalmente su funeral, simplificando los rituales del Vaticano para enfatizar su visión del papado: un servicio humilde, lejos del poder mundano. Su legado reformador buscó construir una Iglesia pobre para los pobres, como lo expresó al elegir el nombre de San Francisco de Asís tras su elección en 2013.
En Argentina, miles se reunieron en la Plaza de Mayo para rendirle homenaje en una misa multitudinaria oficiada frente a la catedral donde fue arzobispo. Buenos Aires amaneció vestida de blanco y celeste, con flores, banderas y pantallas gigantes que proyectaban imágenes del primer papa latinoamericano.
Líderes mundiales como Joe Biden, Volodymir Zelensky, António Guterres, Keir Starmer y el príncipe Guillermo encabezaron más de 160 delegaciones oficiales. El presidente argentino, Javier Milei, también tuvo un lugar destacado, pese a sus diferencias con el pontífice.
Momentos antes del funeral, Trump y Zelensky sostuvieron una reunión privada dentro de la basílica de San Pedro, reflejando la continua relevancia política del Vaticano.
La misa, transmitida en vivo a nivel global, se realizó bajo estrictas medidas de seguridad, con más de 4 mil agentes desplegados. El ambiente fue solemne, aunque muchos fieles expresaron su pesar con cantos, lágrimas y oraciones.
Francisco falleció el lunes de Pascua a los 88 años, tras sufrir un derrame cerebral mientras se recuperaba de una neumonía. Concluido el funeral, comienzan los preparativos para el cónclave que elegirá a su sucesor, posiblemente a inicios de mayo, bajo la organización del cardenal Re.
Rompiendo con la tradición reciente, fue enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, un templo al que tenía especial devoción por su ícono mariano Salus Populi Romani. En vida, acudía allí a rezar antes y después de cada viaje internacional.
Su tumba, ubicada en una cripta subterránea, lleva solo su nombre: Franciscus. Allí fue recibido por 40 representantes de los sectores marginados, incluidos migrantes, personas trans, reclusos y sin hogar, quienes simbolizan el corazón pastoral de su pontificado.
Durante tres días previos al funeral, más de 250 mil personas visitaron la capilla ardiente en San Pedro. El Vaticano mantuvo sus puertas abiertas día y noche, pero aun así muchos no lograron despedirse en persona.
“Era un papa muy humano, muy cercano”, dijo entre lágrimas Miguel Vaca, un peregrino peruano que acampó cerca de la plaza. “Es una emoción enorme despedirlo”.
Los comentarios están cerrados