Por Alejandro Álvarez Manilla Una cena de nochebuena con sana distancia en medio de la pandemia provocada por el Covid-19 viviremos los mexicanos. Con el fantasma del contagio del coronavirus celebraremos la navidad alejados algunos de familiares y seres queridos. Los saludos serán virtuales. Los brindis tendrán la sombra del recuerdo a los […]
Por Alejandro Álvarez Manilla
Una cena de nochebuena con sana distancia en medio de la pandemia provocada por el Covid-19 viviremos los mexicanos. Con el fantasma del contagio del coronavirus celebraremos la navidad alejados algunos de familiares y seres queridos.
Los saludos serán virtuales. Los brindis tendrán la sombra del recuerdo a los desparecidos familiares, amigos y conocidos que se adelantaron en este año que está por concluir.
Los hogares mexicanos donde antes la alergia invadía el entorno familiar, hoy no tendrá otra sensibilidad. Los más de 120 mil hogares enlutados por el COVID-19 deja de la prevención una regla básica para la convivencia en el país. Aunque alguno la ignoren.
Hoy el México que ha soportado invasiones, revueltas, crímenes políticos, asesinatos y masacres esta aterrado por el enemigo invisible al cual aún no se le logra vencer.
Pese a ello, los políticos declaran “México es más grandes que sus problemas”, si pero no ante esta pandemia, casi el uno por ciento de la población se ha llevado a la tumba.
LO QUE NOS ROBÓ EL COVID-10
A umbrales del 2021. Hago un recuento de lo que me robo el COVID-19. Mis planes de trabajo, mis actividades personales, el alejamiento de mi familia y de mis compañeros de trabajo, de los colegas periodistas y por supuesto de mis amigos. Algunos de ellos no he visto personalmente desde hace ocho meses.
El confinamiento forzado para el cuidado de la salud mía y, de la familia fue y ha sido la fuerza para soportar seguir alejado de la actividad laboral, gremial y social. Algunos he visto pero nos saludamos con desconfianza
El olor a café recién preparado para degustarlo por la mañana en compañía de conocidos para propuestas de negocios. Además el ruido de las fichas del domino sobre la mesa del Club luego de una sesión de trabajo.
Pero también me hizo reconocer mi hogar. Ahora que se guarda en la alacena, ubico los donde se guardan los enseres domésticos, identifico mejor a los vecinos, todo ello obligado a este confinamiento en la lucha por la vida.
Seguiré en espera de la vacuna contra el COVID-19 para poder enfrentar la nueva realidad en el 2021, en nuevas compañías y con nuevos compañeros de trabajo que juntos caminaremos los senderos laborales aún bajo el temor pandémico mundial.
FELICIDAD NAVIDAD.
Los comentarios están cerrados