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De política Alejandro Álvarez Manilla El Consejo Nacional de Morena dejó dos mensajes clave: uno, que el partido pretende cerrar filas ante la avalancha de nuevos militantes oportunistas; y dos, que Adán Augusto López Hernández sigue siendo una figura central —aunque ya no tan protagónica— en el movimiento guinda. La creación de una comisión evaluadora […]
De política Alejandro Álvarez Manilla
El Consejo Nacional de Morena dejó dos mensajes clave: uno, que el partido pretende cerrar filas ante la avalancha de nuevos militantes oportunistas; y dos, que Adán Augusto López Hernández sigue siendo una figura central —aunque ya no tan protagónica— en el movimiento guinda.
La creación de una comisión evaluadora para filtrar a quienes desean ingresar desde otras fuerzas políticas es, en teoría, un paso hacia la “depuración” interna. Luisa María Alcalde lo planteó con claridad: Morena no puede convertirse en una puerta giratoria del reciclaje político. No más Yunes, no más panistas vestidos de morenistas.
Sin embargo, el Consejo también fue escenario de un respaldo simbólico, aunque tibio, a Adán Augusto. Un breve “¡No estás solo!” fue coreado, más por formalidad que por convicción, durante su aparición. El exsecretario de Gobernación no ha logrado capitalizar su cercanía con López Obrador como se esperaba. Hoy, su papel en el Senado y en la Junta de Coordinación Política lo mantiene vigente, pero ya no parece ser el “heredero natural” que algunos promovieron meses atrás.
Detrás de los discursos de unidad, persiste la tensión: el partido gobernante enfrenta el reto de mantener su esencia sin cerrarse a quienes sí aportan. Pero también, de proteger su proyecto sin seguir encumbrando a figuras que ya no conectan como antes con la base.
Lo de Adán Augusto es un síntoma. Su presencia en el Consejo, arropado por algunos, ignorado por otros, refleja el momento que vive Morena: entre la consolidación y el reacomodo. Ya no basta con haber sido parte del obradorismo original. Ahora, el desafío es construir una identidad de partido de gobierno… sin perder la memoria ni la coherencia.
El tiempo dirá si la nueva comisión evaluadora sirve para blindar a Morena o para mantener a raya a quienes no son del agrado de la dirigencia. Por lo pronto, el Consejo deja claro que el partido busca ordenarse, aunque aún no define del todo quiénes caben y quiénes ya no.
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