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Miles de fieles acudieron este 28 de octubre al templo de San Hipólito, algunos con imágenes, figuras o vestimenta de San Judas Tadeo Una mujer quien dijo ser devota de San Judas desde hace muchos años, reconoció que se volvió creyente gracias a su difunto esposo, quien también era fiel del santo y desde hace mucho, no […]
Miles de fieles acudieron este 28 de octubre al templo de San Hipólito, algunos con imágenes, figuras o vestimenta de San Judas Tadeo
Una mujer quien dijo ser devota de San Judas desde hace muchos años, reconoció que se volvió creyente gracias a su difunto esposo, quien también era fiel del santo y desde hace mucho, no falta a la celebración del santo cada 28 de octubre en la Parroquia y Santuario ubicado en la colonia Carboneras de Mineral de la Reforma
Cientos de personas se congregaron en la misa de las 11 de la mañana para recibir la bendición y rezarle a San Juditas por los favores recibidos. El santo, considerado de las causas difíciles es muy venerado por los mexicanos en todos los rincones del país y sus santuarios reciben a millones de personas.
Mientras que adentro del templo se celebraba la eucaristía, cientos de personas que cargaban imágenes de barro, yeso, madera o imágenes en cuadros estaban atentos a la misa, en el atrio un grupo de banda tocaba música mientras los coheteros lanzaban los juegos pirotécnicos al aire y que retumbaban en el cielo.
La fe, la gratitud, pero sobre todo el amor, por San Judas son las cosas que hacen venir a los fieles al templo. Un joven que cargaba una imagen de más de un metro de altura, soportaba el peso del santo mientras escuchaba la misa. Él dijo venir de Cubitos y su fe en San Juditas lo hizo venir a darle gracias por los favores recibidos.
Jóvenes cargaban una pintura hecha a mano del santo de los casos difíciles, dijeron ser la familia Bautista que venía de la colonia El Tezontle para celebrar el cumpleaños del santo.
Al término de la misa, la gente empezaba a salir del templo, pero a un costado de una de las puertas hubo quienes regalaron pulseras que ellos mismos hicieron a mano, para agradecer a San Judas su bienestar que lo compartieron con la gente, al regalar más de 350 de pulseras.
Los fieles recibieron la bendición con unas gotas de agua bendita que varios jóvenes monaguillos lanzaban con flores empapadas, por lo que la gente se arremolinaba para ser salpicada.
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