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Desde la Catedral Metropolitana, el obispo Héctor Mario Villarreal pidió para que gobernantes encuentren el plan para construir la paz; se oró por los religiosos que han sido asesinados En el marco del inicio de “Las Jornadas para la Paz” de este domingo, el obispo Héctor Mario Villarreal, pidió en La Catedral de la Ciudad […]
Desde la Catedral Metropolitana, el obispo Héctor Mario Villarreal pidió para que gobernantes encuentren el plan para construir la paz; se oró por los religiosos que han sido asesinados
En el marco del inicio de “Las Jornadas para la Paz” de este domingo, el obispo Héctor Mario Villarreal, pidió en La Catedral de la Ciudad de México, ” romper la cadena de violencia” que vive nuestro país, mediante el diálogo y el apreciar el valor del prójimo.
Durante misa de 12 se pidió por los políticos, gobernadores y presidente de la República para que encuentren la estrategia para construir paz en el país.
También se pidió por todos los laicos y servidores de la iglesia que han sufrido violencia o han sido asesinados .
A partir de este lunes 11 de julio, se oficiarán misas en lugares “significativos” dónde ha habido actos de violencia y en la misa del día 31, se cerrarán las jornadas pidiendo por aquellas personas que “hacen el mal” toda vez que “también son nuestros hermanos y necesitan oración” dice la editorial del semanario Desde la Fe.
La locura por el poder, la nueva enfermedad del siglo XXI, es la responsable de la ola de violencia que aqueja el país, afirmó el sacerdote Jorge Atilano González Candia, asistente del provincial para el sector social de la Compañía de Jesús en México, durante una misa en la iglesia de la Sagrada Familia, en ocasión de la Jornada de Oración por la Paz.
Afirmó que, desde 1990 a la fecha han desaparecido 2 sacerdotes y 63 más han muerto en todo el país, el caso más reciente es del de los jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, ultimados en Chihuahua.
“Hoy pedimos por su descanso y oramos porque su muerte abra caminos para la paz que necesitamos”, señaló durante la ceremonia litúrgica.
Atribuyó estos hechos a la descomposición social que vivimos y advirtió que necesitamos referentes éticos, una comunidad que legitime a una autoridad que ponga límites.
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