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La guerra cultural se libra también en los colegios de EEUU. Durante el último año, más de 1.600 libros fueron prohibidos en miles de escuelas, gracias, en parte, al empeño organizaciones vinculadas a grupos conservadores. La Biblioteca Pública de Arlington (Virginia) ha dicho basta. “Desde luego respeto el derecho de un padre a decir ‘Para […]
La guerra cultural se libra también en los colegios de EEUU. Durante el último año, más de 1.600 libros fueron prohibidos en miles de escuelas, gracias, en parte, al empeño organizaciones vinculadas a grupos conservadores. La Biblioteca Pública de Arlington (Virginia) ha dicho basta.
“Desde luego respeto el derecho de un padre a decir ‘Para mi hijo, esto no’. Lo que no respeto es el derecho de un padre a venir y decir ‘Esto no, para nadie'”, explica a Efe Diane Kresh, la directora de bibliotecas del condado de Arlington, un pequeño enclave urbano separado de Washington por las aguas del río Potomac.
Kresh atiende a Efe con motivo de la Semana de los Libros Prohibidos, una celebración anual que este año sirve como respuesta a la reciente oleada de censura parental en el país, dirigida, sobre todo, hacia historias de temática racial o con personajes LGTB.
Como parte del festejo, la Biblioteca de Arlington anima a sus lectores a sacar algún libro prohibido o desafiado en las escuelas estadounidenses. Textos como “The bluest eye”, de la premio Nobel de Literatura Toni Morrison, o “Gender Queer: A Memoir”, de Maia Kobabe.
El mensaje parece que ha calado: esta semana, todos los libros “prohibidos” de la biblioteca están prestados.
NADA DE NUEVO
En muchos casos, las prohibiciones de libros en colegios son alentadas, promovidas o ejecutadas por políticos conservadores, como el gobernador de Florida, Ron DeSantis, o el de Texas, Greg Abbott.
Pese a que se ha intensificado en los últimos años, la censura ligada a la defensa de la moral ha sido siempre fuente de controversias en un país en el que las palabras “Confiamos en Dios” adornan los billetes de dólar, los edificios públicos, e incluso, las escuelas.
Según datos de PEN America, una ONG que lucha contra las prohibiciones de libros, el 40 % de los más de 1.600 tomos censurados en escuelas estadounidenses durante el último curso tienen protagonistas o personajes secundarios que no son blancos.
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