Por Óscar Solórzano Lejos están los tiempos en los que el presidente asistía a la boda de alguien de su gabinete y se retrataba para salir en la portada de Hola, esa revista que gusta de escándalos, paparazis y opulencia. Ahora es otro momento histórico, el de la austeridad. Y cuando hablamos de austeridad […]
Por Óscar Solórzano
Lejos están los tiempos en los que el presidente asistía a la boda de alguien de su gabinete y se retrataba para salir en la portada de Hola, esa revista que gusta de escándalos, paparazis y opulencia. Ahora es otro momento histórico, el de la austeridad.
Y cuando hablamos de austeridad no sólo nos referimos al gobierno sino en general a todos los habitantes del país, pues no podemos negar la cirsis en puerta que vivimos, un poco resultado de la pandemia o de la crisis global y otro poco de la propia política de transformación interna.
En este marco, parece poco inteligente que el encargado de la inteligencia financiera del país decidiera casarse con bombo y platillo, en una ceremonia que no tenía nada de austera. Si bien cada quien es libre de hacer con su dinero lo que quiera, siempre y cuando se lo haya ganado de una manera honesta, el festejo no fue bien visto en Palacio Nacional.
Primero, la falta de austeridad, una incongruencia de ese tamaño en las primeras filas del gabinete no parece lo más adecuado; segundo, el hecho de que la novia fuera consejera del INE –enemigo declarado de la presidencia–, con una relación muy cercana a varios personajes del antiguo régimen; y tercero, la lista de invitados repleta de detractores directos de la cuarta transformación y alguno que otro de los propios investigados por la UIF. El escándalo pegó incluso a Claudia Sheinbaum como en una carambola de tres bandas.
Ante tales hechos no había salida más digna posible que el adiós y así fue. Quien tuviera puerta abierta a la oficina presidencial, ahora es agente libre.
Mientras tanto, pareciera que López Obrador vive uno de sus mejores momentos en el ámbito internacional –flanqueado por el canciller Marcelo Ebrad y quien fuera rector de nuestra máxima casa de estudios y hoy funge como representante permanente de México ante la Organización de las Naciones Unidas, Juan Ramón de la Fuente– presidió, en esta misma semana de escándalos, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Su intervención fue, por decir lo menos, congruente con el discurso que maneja en nuestros medios nacionales, señaló la desigualdad mundial como uno de los retos más complejo que tenemos como humanidad.
Señaló a la corrupción como el causante real de esa desigualdad: “Sería hipócrita ignorar que el principal problema del planeta es la corrupción en todas sus dimensiones: […]; sería insensato omitir que la corrupción es la causa principal de la desigualdad, de la pobreza, de la frustración, de la violencia, de la migración y de graves conflictos sociales”.
Puso el dedo en la llaga cuando señaló que los esfuerzos de la propia OMS por lograr una distribución mundial equitativa de las vacunas, ha sido vano e insuficiente.
En general el discurso fue acertado, se cuidaron todos los detalles y gracias a ello se pusieron en la mesa temas que sí son de interés para el presidente como el de obtener financiamiento internacional para poder seguir con los apoyos económicos o la distribución de las vacunas.
También en esta semana se dio a conocer que para el 18 de noviembre tendrán una reunión Trueau, Biden y López Obrador, la primera desde que los presidentes de Estados Unidos y México asumieron la presidencia y la primera después de la firma del tratado de libre comercio. Otro acierto para el Secretario de Relaciones Exteriores.
Y en la Ciudad de México, los diputados le regalaban de cumpleaños a López Obrador la aprobación del presupuesto de egresos para el siguiente año, casi tal como lo presentó la Secretaría de Hacienda.
Mucho que reflexionar, así que ya saben, en eso quedamos.
@OscarSolorzanoMx
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