Austeridad para el pueblo, lujo para los políticos de Morena De Política ALEJANDRO ÁLVAREZ MANILLA Mientras miles de mexicanos enfrentan la cuesta de julio con presupuestos ajustados, servicios públicos deficientes y un entorno económico incierto, algunos funcionarios y figuras prominentes de Morena disfrutan de vacaciones en destinos exclusivos, documentando cada instante en redes sociales […]
Austeridad para el pueblo, lujo para los políticos de Morena
De Política ALEJANDRO ÁLVAREZ MANILLA
Mientras miles de mexicanos enfrentan la cuesta de julio con presupuestos ajustados, servicios públicos deficientes y un entorno económico incierto, algunos funcionarios y figuras prominentes de Morena disfrutan de vacaciones en destinos exclusivos, documentando cada instante en redes sociales con la misma soltura con la que pregonan su adhesión a los principios de austeridad republicana.
Desde que Andrés Manuel López Obrador llegó al poder en 2018, la llamada austeridad franciscana se convirtió en bandera discursiva del movimiento. Desaparecieron fideicomisos, se recortaron presupuestos a instituciones clave, se limitó el gasto en infraestructura educativa, salud y cultura, y se justificaron estas decisiones bajo el argumento de erradicar el dispendio del “neoliberalismo corrupto”.
Sin embargo, los hechos recientes revelan una narrativa que empieza a desgastarse. Legisladores, gobernadores y altos funcionarios de Morena —muchos de ellos impulsores de esta política— han sido captados vacacionando en el extranjero, hospedándose en hoteles de lujo o recorriendo paraísos turísticos sin el menor recato. No se trata de criminalizar el descanso, sino de señalar la incoherencia entre el discurso público y la conducta privada.
¿Qué pasa con la congruencia? ¿No era esta la administración que prometió vivir en la justa medianía, como Juárez? ¿No se suponía que el compromiso con el pueblo exigía incluso renuncias personales? Las imágenes de estos viajes no solo contradicen la narrativa de austeridad, sino que muestran el mismo alejamiento de la realidad social que tanto se criticó a gobiernos anteriores.
La ciudadanía observa. Y aunque el aparato propagandístico intente minimizar estos hechos, la incongruencia cala hondo, especialmente en quienes confiaron en un proyecto que prometía gobernar con el ejemplo. Mientras en muchas comunidades aún se carece de médicos, caminos pavimentados o agua potable, sus representantes disfrutan en Cancún, París o Madrid, financiados —al menos en parte— con sueldos públicos.
La verdadera austeridad no es solo recortar, sino vivir con ética política. No se trata de prohibir vacaciones, sino de ejercer el poder con responsabilidad y sensibilidad. Quien predica la pobreza franciscana no puede comportarse como turista de alto vuelo cada vez que el calendario lo permite.
En un país con tanta desigualdad, el ejemplo de quienes gobiernan importa. Porque cuando se exige sacrificio al pueblo, pero se practica el privilegio desde el poder, no estamos ante un gobierno austero, sino ante una élite que disfraza sus excesos con discursos moralistas.
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