El juicio a un exjefe de Pemex amenaza con exponer años de supuesta malas prácticas en la compañía petrolera estatal y proporcionar un respaldo para que el presidente de México ponga cara a la corrupción gubernamental que ha prometido limpiar. Alguna vez un símbolo de la autosuficiencia y el ingenio mexicanos, Pemex se vio cada […]
El juicio a un exjefe de Pemex amenaza con exponer años de supuesta malas prácticas en la compañía petrolera estatal y proporcionar un respaldo para que el presidente de México ponga cara a la corrupción gubernamental que ha prometido limpiar.
Alguna vez un símbolo de la autosuficiencia y el ingenio mexicanos, Pemex se vio cada vez más acosada por acusaciones de corrupción y problemas financieros, aplastada por una montaña de deudas e impuestos.
La extradición a México de Emilio Lozoya, exdirector general de la firma estatal entre 2012 y 2016, por cargos de corrupción ha permitido al presidente Andrés Manuel López Obrador identificar los problemas de la compañía y respaldar su afirmación de que gobiernos anteriores la llevaron a la ruina.
Tanto López Obrador como la nueva gerencia de Pemex enfatizan que han logrado romper con lo que describen como prácticas corruptas del pasado.
El juicio a Lozoya podría impulsar la buena fortuna de López Obrador en el período previo a las elecciones legislativas de mitad de período el próximo año. Aún así, crear un cambio duradero en la compañía probablemente resulte una tarea desalentadora, opinan analistas.
Con el tiempo, Pemex se involucró tan profundamente en los contratos del sector público que muchos mexicanos llegaron a verla como la “caja” del Gobierno, dijo Heriberto Galindo, excongresista del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en coincidencia con la jefatura de Lozoya en Pemex.
“Creció tanto Pemex que se le salió de control al Gobierno”, dijo Galindo, alguna vez miembro del comité de Energía de la cámara baja. “Desde el punto de vista de contraloría, del control financiero, de control de obra”.
Los fiscales sostienen que, entre otras cosas, antes de convertirse en mandamás de Pemex, Lozoya solicitó y obtuvo fondos de la empresa brasileña Odebrecht, y canalizó dinero en efectivo para la campaña electoral del PRI en 2012 para el exmandatario Enrique Peña.
Luego, como jefe de Pemex, retribuyó con jugosos contratos a Odebrecht e hizo lo mismo por la siderúrgica Altos Hornos de México (AHMSA) después de recibir sobornos, alegan.
Odebrecht admitió haber pagado sobornos en México. Los jefes de AHMSA han negado haber actuado mal, al igual que Lozoya.
Los abogados del exfuncionario han dicho que actuó siguiendo las órdenes de Peña. El expresidente mexicano no ha sido acusado y ha rechazado cualquier sospecha de irregularidades.
López Obrador asegura que Lozoya ayudará a catalogar la corrupción bajo Peña, cuyo gobierno ha descrito como la culminación de un proyecto “neoliberal” de 36 años que alimentó la desigualdad y devastó México.
“El juicio al señor Lozoya va a ayudar mucho a que se aclaren estas cosas, se sepa qué sucedió y sé siga combatiendo la corrupción y la impunidad”, dijo la semana pasada.
En 2013 y 2014 Peña abrió el mercado energético a inversionistas privados, algunos de los cuales se unieron a exejecutivos de Pemex para pujar por lucrativos campos petroleros. Pero la carga tributaria se mantuvo alta y Pemex se endeudó aún más. Después de derrotar al PRI y acceder al poder en diciembre de 2018, López Obrador detuvo la liberalización del mercado, que consideró un intento encubierto de privatizar a la petrolera estatal.
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