Por Óscar Solórzano Para la gran mayoría es una acción populista que lo único que busca es el voto, yo mismo estaría de acuerdo con esta afirmación si no fuera porque hay otros datos de los que se habla muy poco. La pobreza en México es una realidad social que pega en todos los rincones […]
Por Óscar Solórzano
Para la gran mayoría es una acción populista que lo único que busca es el voto, yo mismo estaría de acuerdo con esta afirmación si no fuera porque hay otros datos de los que se habla muy poco.
La pobreza en México es una realidad social que pega en todos los rincones del país; si bien es cierto que existen estados en los que el impulso industrial ha logrado que se mitigue un poco, la realidad es que tenemos una herencia nacional de un grupo de personas que han sido sistemáticamente olvidados.
Según datos del CONEVAL solamente el 23.5% de los habitantes del país es considerada no pobre o no vulnerable, es decir 28 millones de un país de 120 millones de habitantes vive fuera de la pobreza, tiene lo suficiente para comer y puede cubrir sus gastos sin problemas.
Lo cual pone al resto en una situación terrible, el 43.9% son francamente pobres, casi 53 millones de niñas, niños, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores viven en una situación de vulnerabilidad social y económica.
Pero entendamos bien qué es esto. Una persona se considera pobre cuando tiene un ingreso menor o equivalente a la Canasta Alimentaria más Canasta No Alimentaria, esto al mes representa $3,195.43 para las zonas urbanas y $2,071.90 para las zonas rurales. En la pobreza extrema están quienes no alcanzan ni siquiera la primer Canasta, en nuestro país es el 7.4% de personas.
La situación es dramática cuando se mira desde esta perspectiva. De allí que sea necesario inclinar un poco la balanza para que el 32% que está en medio, entre los pobres y los no pobres puedan cubrir sus necesaidades básicas completas y, lo más importante, para que esos millones de pobres accedan al menos a lo mínimo necesario.
Cuando lo analizamos desde esa óptica, los apoyos gubernamentales se entienden, se justifican e incluso se hacen fundamentales. No podemos caer en el pensamiento simplista de quien dice que al pobre “hay que enseñarlo a pescar y no darle el pescado” o que “es pobre porque quiere”. Estas afirmaciones solo hablan de ignorancia, racismo y discriminación social. Veamos por qué:
La educación es un eje estratégico para la transformación social, sin embargo, ese proceso es lento y existen un sin fin de obstáculos que precisamente afectan a los más pobres: acceso, abandono, problemas de salud, alimentación, entre muchos otros. Esto quiere decir que no basta con poner escuelas, sino que además debemos asegurar que los estudiantes puedan llegar a ellas y tener las condiciones para concluir sus estudios.
Por otro lado, la pobreza no es cuestión de gustos o de “querer” ser pobre, cuando no se tienen cubiertas las necesidades básicas todo es urgente: comer, vestir, la salud, pero también la renta, el esparcimiento, la escuela y desde luego, el trabajo digno; esto imposibilita organizar gastos o generar una estrategia financiera para salir de allí.
Es verdad que debemos educar, que debemos también cambiar la mentalidad reinante en nuestra gente, pero en lo que logramos eso, en lo que se inclina la balanza, por una cuestión de justicia, debemos apoyar a quienes menos tienen y quienes menos pueden precisamente para no hacer más grande el problema.
Eso justifica, por mucho, los casi 448 mil millones de pesos que se han destinado a los programas sociales o de bienestar: Pensión de Adultos Mayores, para Personas con Discapacidad, Becas del Bienestar, becas de estudio y de trabajo.
Los apoyos han alcanzado a más de 20 millones de habitantes, lo que quiere decir que flata mucho por hacer para beneficiar al menos a los de más abajo.
Aplaudo estos programas y es vital que impulsemos una agenda que permita hacerlo un derecho constitucional; esta es una prioridad nacional en la que habremos de poner todas nuestras baterías.
Sobra decir que los programas por sí solos no son suficientes, también debemos impulsar la industria, el comerico, la cultura, el campo y quitar el estigma que hoy cae sobre los empresarios, no son los malos de la historia y sin ellos no podremos llegar nunca a ser un país con el que todos soñamos y merecemos.
Así que ya saben, en eso quedamos.
@OscarSolorzanoMx
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