La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, salió al paso de la ola de versiones falsas que durante días intentaron deslegitimar el rescate de animales en el Refugio Franciscano y, con fotografías y videos, expuso públicamente las condiciones de abandono, insalubridad y maltrato en las que vivían perros y gatos en ese lugar.
Las imágenes difundidas por el gobierno capitalino muestran jaulas deterioradas, acumulación de desechos, falta de ventilación, animales enfermos y signos evidentes de negligencia, un escenario que contrasta de forma directa con el discurso de supuesta protección animal que algunos grupos han intentado sostener.
“Ningún animalista podría defender lo que ocurría ahí”, sentenció la mandataria al cuestionar abiertamente que se utilice la bandera del bienestar animal para encubrir intereses ajenos a la causa y desacreditar una intervención que, subrayó, se realizó por mandato judicial.
Brugada fue clara: el rescate no fue un acto discrecional ni político, sino una acción ordenada por un juez de control, derivada de una investigación de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México que acreditó maltrato animal y omisiones graves en la atención de los seres sintientes.
Mientras en el debate público se difundían comunicados y cartas con información imprecisa, los animales permanecían en condiciones que, de acuerdo con la autoridad, son incompatibles con cualquier estándar mínimo de bienestar. “No se puede hablar de amor a los animales cuando viven así”, insistió la jefa de Gobierno.

Actualmente, los animales rescatados se encuentran bajo resguardo institucional, con alimentación adecuada, atención médica permanente, esquemas de vacunación y espacios seguros, condiciones que —reconoció el propio gobierno— no tenían antes del operativo.
En un mensaje directo para frenar la especulación, Brugada descartó cualquier interés inmobiliario sobre el predio y aseguró que su administración no otorgará permisos para desarrollos en ese espacio, desactivando uno de los principales argumentos utilizados para cuestionar la intervención.
Más allá del caso concreto, la mandataria aprovechó para colocar el tema en una discusión de fondo: la falta de regulación efectiva de refugios y la necesidad de pasar del discurso a los hechos. Por ello, anunció que en los próximos días se presentará la Ley para la Regulación de los Refugios de Animales, con reglas claras, supervisión y responsabilidades legales.
A la par, recordó que su gobierno impulsa una política sin precedentes en materia de bienestar animal: 100 clínicas veterinarias en las Utopías, un nuevo Hospital Veterinario, un gran albergue metropolitano y la llamada Utopía Canina, además de la prohibición de espectáculos con violencia animal y la eliminación de la venta de animales en mercados.
Desde la Fiscalía capitalina, Bertha Alcalde Luján confirmó que las condiciones encontradas en el Refugio Franciscano eran sanitariamente graves: alimentos contaminados, sobrepoblación, medicamentos caducados, animales con desnutrición severa, infecciones, tumores y dolor no tratado, así como instalaciones fuera de norma, incluido un incinerador de cadáveres en mal estado.
Por su parte, la Secretaría de Seguridad Ciudadana informó que la Brigada de Vigilancia Animal resguarda a 371 animales provenientes del refugio, quienes se suman a otros 391 ya bajo cuidado oficial, en instalaciones con capacidad suficiente y atención veterinaria permanente.
El trasfondo del caso, explicó el secretario de Gobierno, César Cravioto, es un litigio por la posesión del predio ubicado en la carretera México–Toluca, judicializado desde 2021. Sin embargo, reconoció que durante años el bienestar animal quedó relegado frente a la disputa legal.
Finalmente, la Secretaría del Medio Ambiente detalló que los animales cuentan con expedientes clínicos individuales y que, una vez estabilizados, se impulsará su adopción responsable, mientras el gobierno garantiza su atención integral.
El caso del Refugio Franciscano dejó al descubierto una realidad incómoda: no todo lo que se presenta como “rescate” o “protección animal” lo es en los hechos. Y también abrió un debate necesario sobre quién vigila a quienes dicen defender a los animales.
Por Hugo Renán











