El secretario de Estado de Sanidad de España, Javier Padilla, dijo a EFE en Ciudad de Panamá que los Estados afrontan el reto de impedir que fumar sea otra vez atractivo, ante la seducción que suponen los nuevos productos relacionados con el tabaco, actualmente la principal causa de muerte evitable en el mundo. Este es […]
El secretario de Estado de Sanidad de España, Javier Padilla, dijo a EFE en Ciudad de Panamá que los Estados afrontan el reto de impedir que fumar sea otra vez atractivo, ante la seducción que suponen los nuevos productos relacionados con el tabaco, actualmente la principal causa de muerte evitable en el mundo.
Este es uno de los planteamientos de España en la décima reunión de la Conferencia de las Partes (COP10) del Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud sobre el Control del Tabaco (CMCT OMS), que se celebra hasta el próximo sábado en Panamá, y que también albergará del 12 al 15 de este mes la Tercera Reunión de las partes del Protocolo para la Eliminación del Comercio Ilícito de productos de tabaco (MOP3).
España quiere “empujar” para que las decisiones y acuerdos que se alcancen en la COP10 sean “ambiciosos” y tengan capacidad de acción frente “a los retos que se vienen con las políticas frente al tabaco, muy especialmente vinculados con los llamados nuevos productos relacionados con el tabaco, como los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado, etc”, dijo Padilla.
La situación de España
En España, “venimos de unos años en los cuales fumar había dejado de ser algo atractivo”, pero productos como los cigarrillos electrónicos, vapeadores y el tabaco calentado están revirtiendo esta situación. “Eso es lo que hay que romper. Fumar tiene que volver a dejar de ser algo mínimamente atractivo para los jóvenes (…) para poder avanzar a generaciones libres de humo y de tabaco”, planteó.
Padilla citó cifras “alarmantes”, pues el 25 % de los niños “de 12 años han probado el vapeo en general, y el 20 % en el último año”, un porcentaje que se eleva “incluso al 50 %” en los jóvenes de entre los 15 y 16 años.
“Eso es algo verdaderamente preocupante. Porque, mientras habíamos conseguido llevar una tendencia descendente en las cifras de consumo de tabaco convencional, estamos viendo cómo las nuevas formas del tabaco son una vía emergente de entrada, es por donde los jóvenes se inician a la adicción al tabaco”, comentó.
Destacó el “sesgo de clase” de este fenómeno, puesto que a menor nivel socioeconómico, más se fuma; de ahí, la “importancia de que haya un impulso decidido, claro, desde las políticas públicas para tener la capacidad de proteger a esta población”.
“Estamos esperando aprobar próximamente el plan integral del control de tabaquismo, que se mueve en varios ejes”, uno de ellos “dificultar a la gente el acceso a los productos relacionados con el tabaco” e incorporarlos en la prohibición de su uso en los ámbitos donde tampoco se puede fumar, añadió.
La producción y comercialización de tabaco
La jefa de la secretaría del CMCT OMS, Adriana Blanco, dijo el lunes, al comienzo de la COP10, que el “alarmante aumento” del consumo entre la juventud de productos de tabaco y nicotina “novedosos y emergentes” se debe, en parte, a los mensajes falaces de la industria tabaquera, que los presenta “como sustitutos de medidas reales de control del tabaco”.
Padilla remarcó a EFE que hay que “intentar que todos los Estados tengan la soberanía y la autonomía para no depender de la capacidad de influencia de los ‘lobbies’ de las tabacaleras”.
No se puede estar hablando, argumentó, de la necesidad de meter la salud “en todas las políticas y luego”, cuando se está abordando medidas contra el tabaquismo, toparse con “intereses comerciales generados” por la influencia de las tabaqueras.
Desde el ámbito de la salud pública, explicó Padilla, “siempre nos hemos movido con un marco que se llamaba ‘los determinantes sociales de salud’, y cada vez va ganando más fuerza el marco de ‘los determinantes comerciales de salud'”, es decir, por un foco especial sobre las multinacionales que trabajan en productos que terminan teniendo algún efecto sobre la salud.
“Está claro que los intereses son muchísimos”, pero “son muchos los argumentos que hacen ver que la postura de los Estados ha de ser muy fuerte”, porque, por ejemplo, por la parte de la producción, sí existen “alternativas en el ámbito agrícola que son más sostenibles y que, incluso, son más rentables desde el punto de vista comercial” que el tabaco, indició.
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