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EL VÍNCULO INVISIBLE: CÓMO LA RELACIÓN CON TU MADRE SIGUE INFLUYENDO EN TU VIDA ADULTA
17 mayo, 2026
Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística. Hay decisiones que parecen completamente conscientes. Elegir una pareja. Aceptar o rechazar una oportunidad. Decidir hasta dónde dar en una relación o en el trabajo. Sin embargo, muchas veces esas decisiones se construyen desde una historia emocional que comenzó mucho antes. La relación con la madre […]
Publicado por Redacción MH
Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística.
Hay decisiones que parecen completamente conscientes.
Elegir una pareja.
Aceptar o rechazar una oportunidad.
Decidir hasta dónde dar en una relación o en el trabajo.
Sin embargo, muchas veces esas decisiones se construyen desde una historia emocional que comenzó mucho antes.
La relación con la madre es uno de los vínculos más determinantes en la vida de una mujer. No solo por lo que se vivió, sino por la forma en la que esa experiencia se integró.
Porque lo que se aprende en los primeros años no se queda en la infancia.
Se convierte en una forma de percibir, de reaccionar y de posicionarse frente a la vida.
Y desde ahí, empieza a influir en áreas muy concretas.
En la pareja, por ejemplo.
Hay mujeres que se adaptan constantemente a lo que el otro necesita. Que priorizan la armonía, incluso cuando algo dentro de ellas no se siente cómodo. Que buscan ser elegidas, valoradas o reconocidas desde un lugar que se siente familiar.
Otras pueden sentir distancia, dificultad para confiar o una necesidad de mantener cierto control emocional para sentirse seguras.
Las decisiones se construyen desde una referencia emocional que ya forma parte de la historia de cada mujer.
Lo mismo ocurre con el dinero.
Hay mujeres que sostienen todo, que sienten que siempre deben hacer más, resolver más o anticiparse a todo. Que viven con una sensación constante de responsabilidad.
Y otras que postergan, dudan o no terminan de reconocer su propio valor, incluso cuando tienen la capacidad para avanzar.
En ambos casos, hay una forma de relacionarse con la vida que se integró desde los primeros años.
También se refleja en los límites.
Decir lo que se siente, marcar una diferencia o priorizarse puede sentirse incómodo, incluso cuando es necesario. Aparece una sensación interna que lleva a ceder, a adaptarse o a evitar el conflicto.
Existe una claridad interna sobre lo que se necesita, y al mismo tiempo una historia emocional que sigue influyendo en la forma de actuar.
Lo más interesante es que todo esto rara vez se percibe como un patrón.
Se vive como parte de la personalidad.
Como “yo soy así”.
Y desde ahí, la mujer sigue tomando decisiones que refuerzan esa misma forma de vivir.
Sin embargo, cuando comienza a observar con más claridad, puede notar algo importante:
Muchas de sus decisiones no nacen solo de lo que quiere hoy, sino de lo que aprendió a sentir en su historia.
Y esa conciencia cambia la forma en la que se posiciona.
Empieza a cuestionar lo que antes parecía automático.
A reconocer lo que necesita.
A elegir desde un lugar más propio.
La historia puede integrarse de una forma distinta, permitiendo que las decisiones actuales se construyan desde un lugar más consciente y propio.
En la siguiente entrega abordaremos cómo comenzar a transformar estas dinámicas en la vida cotidiana, integrando lo vivido sin que siga definiendo las decisiones del presente.
Porque cuando una mujer reconoce desde dónde está eligiendo, también puede comenzar a construir una forma de vivir más alineada con ella misma.
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