¿El regreso al Estado de Derecho, ilusión o esperanza?

Por César Santomé López. Analista y consultor.

El avance populista por todo el mundo y el deterioro de la democracia han traído a la mesa de la discusión el concepto del Estado de derecho se ha convertido en un desafío contemporáneo y que se recuerda con vehemencia cuando la frivolidad tecnocrática o las imposiciones populistas abusan de posiciones de poder.

Si bien el concepto se ha ido enriqueciendo, la crisis de la política en el mundo ha reducido esta categoría vital para la sociedad a su mínima expresión. El Estado de Derecho ganó a pulso su lugar en la imaginaria colectiva y en la vida de las naciones democráticas y es una lástima que, al mencionarlo hoy cuando analizamos la política equivalga a invocar una ocurrencia más de algún líder o gobernante que limita cada vez un poco más nuestra libertad. Esta impresión no es exclusiva de una nación o de otra, se trata de un fenómeno de la política mundial.

Esta lamentable circunstancia se origina sobre todo cuando algún régimen los gobernantes en turno violentan los derechos del colectivo debido a una de esas ocurrencias psicodélicas que tienen o por una malévola reinterpretación del marco legal de una nación, solo para lograr objetivos personales que nada tienen que ver con el bienestar social o con los equilibrios sociales y económicos.

Expresiones como “El pueblo es el verdadero constituyente”, atribuida a Hugo Chávez; “La voluntad nacional está por encima de cualquier otra consideración”, utilizada por Erdoğan; “Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista”, de Juan Domingo Perón; o el conocido “No me vengan con que la ley es la ley”, ilustran una misma lógica política: inventar una legitimidad moral superior para situarse por encima de los límites que impone el Estado de derecho.

En una normalidad democrática, el concepto del Estado de Derecho se piensa más como limitante de los poderes del Estado que en afanes autoritarios y polarizantes.

En la actualidad invocar el Estado de Derecho y la democracia bajo un régimen populista es un arreglo narrativo que trata de obtener legitimidad para las arbitrariedades. Esas invocaciones populistas que tanto gustan buscan dominar más que proteger y gobernar. Su triunfo electoral a través de la democracia pasa a segundo término porque ya no les interesa evolucionar y servir, lo que se busca es permanecer y aplastar.

Esta es la lógica de un ecosistema pseudopolítico que justifica el asalto de un gobierno en contra de los demás poderes del estado, en este sentido el poder judicial busca proteger al régimen no a los ciudadanos, buscan venganza política y recursos, no justicia y para lograr eso no se requiere mérito académico ni conocimientos jurídicos, basta memorizar consignas y entender instrucciones.

Sin autonomía y sin mérito académico o profesional legislar o juzgar se vuelven conceptos instrumentalizados para eliminar cualquier cuestionamiento a la autoridad.

Si a este elemento del análisis le aumentamos mucho de lo que hemos descrito en esta columna, entonces empezamos a caracterizar un fenómeno regresivo en la sociedad y en la nación. El deber ser se ha ido sustituyendo con una simulación, con la mentira, con las bizarras justificaciones en favor de los integrantes de la mafia del no poder con lo cual el famoso Estado de Derecho se vuelve humo.

Bajo este estigma algunas sociedades ya han tocado fondo y ante elecciones en puerta más que en el Derecho han volteado a ver a las opciones de derecha. Y aun así cuando los distintos actores de una sociedad amenazada por el populismo agotan las instancias políticas legalmente establecidas, entonces en el último intento para aferrarse al poder el populismo retoma los principios legales torcidos de lo que han dejado en el camino para impugnar o pretender neutralizar al adversario, entonces si se invoca a la ley, tal es el caso de las últimas noticias que vienen de Colombia.

El concepto de Estado de Derecho al igual que la Política debe encontrar un nuevo camino de evolución basado en nuevas categorías políticas e institucionales de análisis, de actuación y de gobernanza. Debemos ayudar a que el concepto regrese a su origen y podamos proyectarlo con mucha potencia para adaptarse a una sociedad que padece conflictos que hace años no existían y hacerle un lugar más fuerte y objetivo en la imaginaria social tan saturada de posverdad, mentira, sensacionalismo y polarización.

De lo contrario no podremos distinguir si la propuesta de la derecha, del liberalismo institucional, la socialdemocracia responsable o del republicanismo cívico, como reacción al tufo dictatorial de los populistas, son en realidad una salida de transición para buscar de nuevo equilibrios democráticos o será el mismo circo, con los mismos elefantitos, nada más que ahora de aquí para allá.

El verdadero adversario del populismo no es otra ideología cerrada, sino una política capaz de reconciliar libertad, justicia, instituciones, ciudadanía y verdad pública.

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