Cada invierno, millones de mariposas monarca vuelven a los bosques de oyamel de Michoacán y el Estado de México, desafiando el frío, la pérdida de hábitat y miles de kilómetros de viaje. Esta generación, conocida como Matusalén, migra desde Canadá y Estados Unidos para hibernar en el centro del país, en un recorrido que puede […]
Cada invierno, millones de mariposas monarca vuelven a los bosques de oyamel de Michoacán y el Estado de México, desafiando el frío, la pérdida de hábitat y miles de kilómetros de viaje. Esta generación, conocida como Matusalén, migra desde Canadá y Estados Unidos para hibernar en el centro del país, en un recorrido que puede superar los 4,500 kilómetros, un trayecto considerado uno de los más sorprendentes del reino animal.
Desde que su migración fue documentada oficialmente en 1975, este fenómeno natural se ha convertido en parte del patrimonio biológico y cultural de México, acompañado también de creencias populares que le dan un matiz espiritual. Durante la apertura del santuario de Sierra Chincua, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, recordó que para muchas comunidades las monarca simbolizan el cumplimiento de una misión: llevar consigo las almas de quienes ya no están.
Un viaje que sigue siendo un enigma científico
A pesar de décadas de estudio, la capacidad de las mariposas para volver al mismo sitio cada año sigue siendo un misterio. ¿Cómo se orientan sin haber estado antes en esos lugares?
Investigadores han propuesto distintas hipótesis: desde estructuras neuronales que detectan minerales en la sierra, hasta la posibilidad de que su memoria genética guarde la información migratoria de generaciones anteriores. Lo cierto es que este fenómeno continúa maravillando a científicos y visitantes, y convierte a la monarca en un símbolo de resistencia, memoria biológica y belleza natural.
Un espectáculo de colores en los santuarios
Quienes visitan los santuarios de El Rosario, Sierra Chincua, Piedra Herrada, Senguio o San Mateo Almomoloa encuentran un paisaje único:
bosques teñidos de naranja y negro, árboles cubiertos por miles de mariposas y claros donde el aire parece vibrar con el batir de sus alas.
El contraste entre el verde del oyamel y el resplandor anaranjado de las monarca crea escenarios que parecen sacados de un sueño. El silencio se convierte en un susurro: el de millones de alas que, al moverse, producen un sonido casi imperceptible pero profundamente conmovedor.
Turismo en ascenso y fuerte derrama económica
Entre noviembre de 2025 y marzo de 2026, más de 800 mil visitantes acudirán a los santuarios para presenciar este fenómeno. La estimación de la Secretaría de Turismo federal proyecta una derrama económica superior a mil millones de pesos (54 millones de dólares).
Los cinco santuarios estarán abiertos al público todos los días hasta el 30 de marzo de 2026:
Sierra Chincua, Senguio, El Rosario, Piedra Herrada, San Mateo Almomoloa
Este espectáculo natural, uno de los más impresionantes del continente, vuelve a recordar la importancia de proteger los bosques y garantizar que el viaje de la monarca continúe por generaciones.
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