Por Óscar Solórzano Aquí en nuestro México lindo y querido, se juega el “Juego del Camarón”, sí, leyeron bien, no el del Calamar, el del Camarón, pero déjenme contarles ¿por qué? En todos los sexenios priístas se siguen las reglas de otro juego: las atrapadas; los expresidentes de este instituto político han tenido su culpable, […]
Por Óscar Solórzano
Aquí en nuestro México lindo y querido, se juega el “Juego del Camarón”, sí, leyeron bien, no el del Calamar, el del Camarón, pero déjenme contarles ¿por qué?
En todos los sexenios priístas se siguen las reglas de otro juego: las atrapadas; los expresidentes de este instituto político han tenido su culpable, su villano preferido, digamos pues su malvado favorito; con Salinas fue Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, líder de los petroleros; con Zedillo el hermano incómodo de los Salinas, Raúl; a Peña Nieto le estorbaba la maestra Gordillo. Los panistas rompieron la tradición y no encerraron a nadie, por eso ya nadie quiere jugar con ellos.
Ahora, parece que los ecos del priismo son fuertes y hasta cierto punto evidentes, pues apenas llegó la 4T y señaló al enemigo público más importante: Rosario Robles, ella es la mala de este cuento, a ella se le cargan los milagros de la pobreza y corrupción. Sin procedimientos adecuados y con todos sus amparos sigue durmiendo las mil y una noches entre las rejas de Santa Martha.
Al principio parecía que la cosa de perseguir delitos en contra del erario iba en serio porque también agarraron a Juan Collado, el llamado “abogado del poder”; luego se giró la orden de aprensión y búsqueda internacional en contra de Emilio Lozoya Austin, exdirector de PEMEX –paraestatal a la que seguramente no tardan en cambiarle el nombre al “Petróleo del Bienestar”–, luego toda la faramalla de pompa y prensa en la extradición de España a México y las filtraciones de los supuestos interrogatorios o confesionales de varias hojas, en las que quedaba en evidencia su complicidad, además de los delitos de cuello blanco y mano larga de varios de los actores políticos del pasado.
Pero el discurso cambió, regresamos a la república del amor en la que el perdón es nuestra luz y guía. Por gracia divina han desaparecido los pecados, la corrupción, la maldad; los que antes eran corruptos terribles hoy solo caen en la categoría de oposición fifí o han sido perdonados.
Molesta un poco, hay que decirlo, porque la promesa era otra, al menos la que nos hicieron como pueblo de México, nos dijeron que se haría justicia, que este sería un gobierno que buscaría resarcir el daño, devolver al pueblo lo robado, reinclinar la balanza.
Parece que no será así, en lugar de eso hemos sido testigos de como no hay procesos contra prácticamente ningún exfuncionario de alto rango, no se han resuelto los crímenes de los 43, no hay ningún responsable por la linea 12 e incluso hemos visto a Lozoya disfrutando de una lujosa cena, violando el arraigo domiciliario –que parece que siempre no es arraigo ni domiciliario– entre muchas otras promesas que seguimos esperando.
Por eso es claro que ahora el juego es otro, ahora es el Juego del Camarón, ese al que si se duerme se lo lleva la corriente, porque aquí en nuestro país del amor y la esperanza, hay que estar bien despiertitos para salir en las fotos, para aprovechar la coyuntura, formarse en la fila correcta y ganar una candidatura, embajada o ser ungidos con el perdón divino de la 4T.
Tal cual, como los camarones hay que arreglarse los bigotes, comernos lo que nos dan y tener cuidado de que no nos lleve la corriente equivocada porque entonces estamos en riesgo de ser blanco de ataques madrugadores y perder la palomeada del visto bueno; aunque podemos estar tranquilos porque no seremos enjuiciados, ni, aunque nuestro nombre aparezca en los Pandora Papers no nos pasará nada pues todo quedará en un ¿cómo te va mi amor? En ese sentido estamos en un país muy seguro, si no me creen pregúntenle a Cienfuegos, ese pobre general al que tantas calumnias le inventó la CIA.
Así que ya saben, en este Juego del Camarón todos pueden ser inocentes, solo no se me duerman “beehehehe ” , en eso quedamos.
@OscarSolorzanoMx
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