El Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés) ha engalanado el Teatro Bicentenario de León, Guanajuato, con la presencia de unos de los cineastas más polémicos, frontales e influyentes de los últimos años en la industria del séptimo arte mexicano. Luis Estrada, una figura poco convencional y que suele colocarse en medio de tormentas […]
El Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés) ha engalanado el Teatro Bicentenario de León, Guanajuato, con la presencia de unos de los cineastas más polémicos, frontales e influyentes de los últimos años en la industria del séptimo arte mexicano. Luis Estrada, una figura poco convencional y que suele colocarse en medio de tormentas mediáticas gracias a las historias que suele mostrar en la pantalla grande, recibió un merecido homenaje el pasado viernes 21 de julio, donde su trayectoria fue el punto medular de la noche.
Existen algunas figuras del cine mexicano contemporáneo que han logrado posicionarse como absolutos referentes dentro de la enorme historia de esta industria nacional, siendo el mismo Luis Estrada, director de cintas como El Infierno (2010), una de dichas voces autorizadas que se han abierto camino a través de los años con su picardía y punzantes cuestionamientos al poder, usando la cinematografía como herramienta de visualización de un país hundido en una evidente pero a veces olvidada miseria política y social.
El ganador de cuatro premios Ariel, ha construido un importante listado de producciones que han influenciado – indudablemente – en una sociedad que se ha acostumbrado a observar, a través de su cine, las prácticas mal encaminadas de nuestros representantes políticos, funcionando como una mirada penetrante a esos personajes que se han encargado de violentar el país desde muchos niveles. Su comedia se adoptó como un bálsamo sanador en medio de una sociedad herida y cansada de las volteretas discursivas de las altas esferas.
Con trabajos como La Ley de Herodes (1999), Un mundo maravilloso (2006) o La Dictadura Perfecta (2014), el renombre de este realizador alcanzó una aceptación en la audiencia como pocas veces se ha podido palpar, trabajando en sus etapas iniciales con figuras del tamaño de Alfonso Cuarón, Emmanuel Lubezki o Carlos Markovich.
Durante la ceremonia, Sarah Hoch, directora del GIFF, y Jorge Micher, subdirector de Difusión de la Filmoteca de la UNAM, reconocieron a Luis Estrada con la Cruz de Plata y la Medalla de la Filmoteca. Sarah Hoch elogió la trayectoria del director y remarcó la importancia de su trabajo a lo largo de estos años:
“Para el Festival es un gran honor que Luis Estrada aceptara este homenaje, ya que su carrera ha conmovido a mucha gente, despertando mucho interés cívico y social, con una crítica en sus historias que antes no existían, demostrando un valor innegable”, comentó la directora.
El realizador se mostró agradecido con el reconocimiento a su labor como cineasta, sintiendo una alegría enorme al recordar toda una vida dentro de la industria del cine: “Por razones que no escogí, siempre estuve involucrado en esta profesión, en gran medida gracias al trabajo de mi padre, y regresar a cada momento que ha marcado mi carrera ha removido muchos sentimientos en mí”, expresó el director de la película Que Viva México.
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