México, tierra de tradiciones milenarias, celebra con orgullo el Día de Muertos, una festividad que honra a los ancestros y refuerza los lazos familiares. Entre sus símbolos más entrañables se encuentra la flor de cempasúchil, esa explosión de color y aroma que ilumina los altares y guías espirituales de los difuntos. Sin embargo, una semilla […]
México, tierra de tradiciones milenarias, celebra con orgullo el Día de Muertos, una festividad que honra a los ancestros y refuerza los lazos familiares. Entre sus símbolos más entrañables se encuentra la flor de cempasúchil, esa explosión de color y aroma que ilumina los altares y guías espirituales de los difuntos. Sin embargo, una semilla de origen chino amenaza con desplazar a la especie mexicana.
El origen del cempasúchil
La flor de cempasúchil nació en Mesoamérica, entre México y Centroamérica. En su forma tradicional, las flores grandes y dobles son conocidas como “hembras”, mientras que las más pequeñas y simples se llaman “machos”. Las variedades que crecen de forma natural en el país son criollas y forman parte del patrimonio agrícola y cultural nacional.
No obstante, en los últimos años ha aumentado la presencia de semillas híbridas procedentes de China, que, aunque se venden con facilidad, representan un riesgo para la biodiversidad y la economía local.
Impacto del cempasúchil chino
Expertos advierten que el uso de semillas importadas puede provocar el desplazamiento de las especies nativas y pérdidas millonarias para los productores mexicanos.
De acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), en 2023 se produjeron más de 2 millones 368 mil plantas y 21 mil 355 toneladas de flor en 28 estados del país, entre ellos Puebla, Oaxaca, Hidalgo, Veracruz y Estado de México.
Aunque la flor tradicional mexicana —la Tagetes erecta— se distingue por su color intenso, su fragancia dulce-amarga y su durabilidad, las variedades chinas —como la conocida “Marigold”— presentan tonos más opacos, menor aroma y una vida más corta. Además, suelen venderse en macetas, a diferencia del cempasúchil criollo, que se comercializa principalmente en manojos.
Pérdidas económicas y culturales
En México se destinan alrededor de 3 mil hectáreas al cultivo de esta flor, lo que genera cerca de 16 millones de macetas y 1.8 millones de manojos cada año. Sin embargo, más del 50 % de las plantas provienen ya de semillas importadas.
Esto reduce el valor de mercado de la flor mexicana y desanima a los productores a continuar con la siembra tradicional. A largo plazo, la pérdida no solo sería económica, sino también cultural: la flor que ha acompañado a generaciones de mexicanos en el Día de Muertos podría dejar de cultivarse de forma ancestral.
Una tradición que debe preservarse
El cempasúchil no es solo una planta ornamental: es un símbolo de identidad y memoria colectiva. Cuidar su semilla nativa significa proteger una parte esencial del alma mexicana, esa que cada noviembre se enciende entre velas, aromas y pétalos dorados que guían el regreso de nuestros muertos al hogar.
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