Depresión Dos-E llega a Guerrero y alerta al Pacífico

La Depresión Dos-E en Guerrero ya encendió las alertas en buena parte del Pacífico mexicano. El sistema se formó este domingo 7 de junio frente a la costa guerrerense y, aunque todavía es una depresión tropical, trae el combo que más preocupa en esta temporada: lluvias torrenciales, rachas de viento, oleaje elevado y un avance que puede complicar rápido la vida diaria en zonas costeras y serranas. El foco principal está en Guerrero, pero Michoacán, Colima y Jalisco también entran en la lista de estados que resentirán sus bandas nubosas con precipitaciones fuertes a intensas durante las próximas horas.

De acuerdo con los reportes difundidos por medios nacionales con base en información del Servicio Meteorológico Nacional, el centro del fenómeno se ubicó durante la mañana a unos 155 kilómetros al sur de Acapulco y a 165 kilómetros al oeste-suroeste de Punta Maldonado. Sus vientos sostenidos rondan los 55 kilómetros por hora, con rachas de hasta 75, y su desplazamiento hacia el norte mantiene en vigilancia a una franja costera que ya conoce demasiado bien lo que significa subestimar una tormenta. El pronóstico apunta a que el sistema podría intensificarse a tormenta tropical en las próximas horas y tocar tierra durante el lunes 8 de junio.

Lo que vuelve delicada la situación no es solo el viento. En este caso, la amenaza más pesada viene por el agua. Las previsiones hablan de lluvias torrenciales de 150 a 250 milímetros en zonas del oeste y la costa de Guerrero, además de lluvias intensas en Michoacán y Oaxaca, y lluvias muy fuertes en Jalisco y Colima. En pocas palabras: no se necesita que el ciclón llegue convertido en monstruo para generar encharcamientos severos, deslaves, desbordamiento de arroyos y cortes carreteros. En temporada de ciclones, a veces el verdadero problema ni siquiera entra por la puerta con nombre famoso: cae del cielo en horas.

Guerrero, en el centro de la presión meteorológica

Si alguien va a sentir primero y con más fuerza el impacto de este sistema, ese es Guerrero. Las proyecciones colocan al estado como la zona con mayor acumulado de lluvia en el corto plazo, especialmente en regiones como Costa Grande, Acapulco, Costa Chica, Sierra, Centro y La Montaña. Ahí no solo preocupa la lluvia intensa sobre ciudades y puertos; también pesan las condiciones del terreno. Cuando cae mucha agua en poco tiempo sobre laderas, barrancas y comunidades con infraestructura vulnerable, el riesgo de deslaves, derrumbes y crecida súbita de ríos se dispara.

El oleaje tampoco es un detalle menor. Para la costa guerrerense se prevén olas de entre 2 y 3 metros de altura, además de vientos de 40 a 50 kilómetros por hora con rachas que podrían alcanzar de 60 a 80. Eso implica precauciones para embarcaciones menores, restricciones en actividades recreativas, vigilancia en zonas de playa y revisión permanente en puertos, malecones y accesos costeros. En Acapulco, donde la memoria de fenómenos recientes sigue fresquísima, cualquier aviso de este tipo se lee con otra seriedad. Y sí: con razón.

Las autoridades educativas de Guerrero ya dieron una primera señal de que el asunto no va en modo relax. La Secretaría de Educación del estado informó la suspensión de clases y de actividades administrativas para este lunes 8 de junio en seis regiones: Sierra, Costa Grande, Acapulco, Costa Chica, Centro y Montaña. La medida aplica para todos los niveles educativos, tanto públicos como privados, y busca reducir riesgos de traslado en carreteras, caminos rurales y zonas urbanas que podrían anegarse o quedar parcialmente incomunicadas.

La decisión no es exagerada. En estados con topografía complicada, la movilidad suele ser una de las primeras víctimas cuando pega un sistema tropical. Un arroyo que sube de golpe, una calle que se convierte en río, una ladera saturada de agua o un árbol caído bastan para cambiar el panorama en cuestión de minutos. Por eso el mensaje oficial insiste en algo que suena repetido, pero no por eso menos importante: no confiarse porque todavía no sea tormenta fuerte o huracán. Con esta clase de sistemas, el daño puede comenzar antes del impacto formal en tierra.

Guerrero llegó a esta temporada con preparación reforzada. Desde mayo, el gobierno estatal había advertido que 2026 se perfilaba como una temporada activa en el Pacífico, con una previsión de entre 18 y 21 sistemas tropicales. También informó sobre la habilitación de cientos de refugios temporales en los municipios con mayor vulnerabilidad. Ese contexto explica por qué ahora las medidas preventivas están apareciendo con rapidez: el estado ya entró al periodo del año en el que cualquier nubosidad organizada frente al mar obliga a ver el radar, no solo el cielo.

Otro punto clave es la zona de prevención por efectos de vientos de tormenta tropical establecida desde Lagunas de Chacahua, en Oaxaca, hasta Técpan de Galeana, en Guerrero. Esa franja marca el corredor donde las condiciones podrían deteriorarse con mayor rapidez si el sistema gana fuerza. Para comunidades pesqueras, prestadores de servicios turísticos y habitantes de zonas bajas, la recomendación es clara: seguir únicamente reportes oficiales, evitar rumores y tener listo un plan básico de resguardo en caso de que cambien las trayectorias o aumenten los acumulados de lluvia.

Michoacán, Colima y Jalisco no quedan fuera del mapa

Aunque el encabezado de la emergencia apunta a Guerrero, Michoacán, Colima y Jalisco también van a recibir su parte del paquete. En el caso de Michoacán, el pronóstico prevé lluvias muy fuertes a intensas, sobre todo hacia la zona sureste y la franja costera. Eso coloca en vigilancia a municipios con historial de inundaciones repentinas, afectaciones en caminos y crecidas de cauces menores. En estos escenarios, el principal enemigo es la falsa sensación de que si el centro del ciclón no va directo a tu municipio, entonces no pasa nada. Pasa, y bastante.

Para Colima y Jalisco el aviso es por lluvias fuertes a muy fuertes, especialmente en el sur jalisciense y en territorio colimense. Eso significa una combinación incómoda para zonas urbanas, carreteras costeras y sitios turísticos: piso resbaloso, visibilidad reducida, oleaje alterado y posibilidad de escurrimientos en áreas montañosas. No es el típico día para improvisar una salida a la playa ni para confiarse en cruces de ríos, vados o tramos donde suele acumularse agua cada temporada.

La Depresión Dos-E en Guerrero también mete presión a la logística regional. Cuando un sistema se mueve cerca del litoral del Pacífico sur, la humedad que arrastra puede extender sus efectos bastante más allá del punto donde está el centro del ciclón. Por eso los meteorólogos hablan de bandas nubosas y circulación asociada: aunque el núcleo esté frente a Guerrero, la inestabilidad se dispersa y termina activando lluvias en otras entidades del occidente y centro del país. Es la forma en la que un fenómeno aparentemente localizado se convierte en un dolor de cabeza de varios estados al mismo tiempo.

Para Michoacán, Colima y Jalisco, el llamado principal es revisar cauces, atender indicaciones de Protección Civil y extremar precauciones en zonas de playa y carretera. En época de lluvias, muchas afectaciones no llegan por una gran destrucción inmediata, sino por accidentes evitables: vehículos intentando cruzar corrientes, personas metiéndose al mar con bandera de riesgo, familias quedándose en viviendas expuestas a deslaves por no salir a tiempo o comunidades que reciben la lluvia más fuerte durante la madrugada. El problema no es solo el fenómeno; también lo es reaccionar tarde.

Hay además un factor que suele pasarse por alto: el suelo ya puede venir cargado de humedad en algunas regiones tras varios días de lluvias previas. Eso reduce el margen de absorción y acelera encharcamientos, deslaves y escurrimientos. Dicho simple: aunque no parezca una tormenta histórica en el papel, el terreno puede responder como si sí lo fuera. De ahí que los acumulados previstos para 24 o 48 horas sean tan relevantes como la categoría del sistema.

Lo que viene en las próximas horas y por qué conviene no confiarse

El pronóstico más repetido este domingo es que Dos-E podría convertirse en tormenta tropical durante la tarde o la noche, y que su trayectoria lo acerque todavía más a tierra durante las primeras horas del lunes 8 de junio. Si eso ocurre, el sistema ganaría nombre y probablemente también atención nacional, pero el escenario de riesgo ya está aquí desde antes. La parte crítica para la población no empieza cuando cambia la etiqueta meteorológica, sino cuando la lluvia intensa encuentra cerros inestables, drenajes saturados o colonias asentadas en zonas inundables.

En términos prácticos, lo que sigue es un periodo de vigilancia muy cerrada. Para habitantes de Guerrero, Michoacán, Colima y Jalisco, eso significa estar pendientes de avisos sobre suspensión de actividades, cierres de puertos, variaciones de trayectoria y reportes locales de Protección Civil. También implica tomar decisiones sencillas pero útiles: cargar el celular, revisar documentos importantes, ubicar refugios temporales si se vive en zona de riesgo, evitar sacar la basura a la calle si llueve fuerte y no intentar cruzar corrientes de agua aunque se vean pequeñas. Sí, suena básico, pero en cada temporal esas medidas hacen diferencia.

En Guerrero el mensaje tiene un peso extra por la experiencia reciente. La entidad viene de años en los que los fenómenos hidrometeorológicos dejaron claro que el Pacífico puede cambiar de humor en cuestión de horas. Por eso ahora la prevención se está moviendo más rápido: suspensión de clases, monitoreo constante y avisos para comunidades costeras y serranas. No es alarmismo; es memoria aplicada. Y honestamente, después de lo vivido, sería rarísimo que alguien pidiera bajar la guardia.

También vale la pena poner sobre la mesa algo que suele perderse entre mapas y trayectorias: una depresión tropical no necesita convertirse en huracán mayor para generar una emergencia local. Si descarga lluvias extraordinarias sobre regiones vulnerables, puede provocar afectaciones severas aunque su intensidad de viento no sea impresionante. En este caso, ese es justo el punto fino de Dos-E. El agua manda el riesgo. El viento acompaña. Y el terreno, la urbanización y la capacidad de respuesta son los que deciden qué tan fuerte pega en la vida real.

Así que el panorama para este cierre de domingo y el arranque del lunes es claro: Guerrero lleva la mayor presión, Michoacán entra en zona delicada por lluvias intensas y tanto Colima como Jalisco deben prepararse para precipitaciones fuertes, oleaje y posibles incidentes asociados. La Depresión Dos-E en Guerrero no es una historia para seguir de reojo mientras suena la lluvia en la ventana. Es un sistema que ya cambió agendas, activó protocolos y obligó a miles de familias a revisar qué tan listas están para una noche larga de temporal.

Si el pronóstico se cumple y el sistema se fortalece, las próximas actualizaciones serán decisivas. Pero incluso si no escala demasiado, el mensaje no cambia: tocará mantenerse informados, cuidar traslados, evitar zonas de riesgo y no caer en la tentación de minimizarlo solo porque todavía dice depresión tropical. En el Pacífico mexicano, ese tipo de confianza mal puesta suele salir carísima.

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