Muy, muy para tan, tan. Por Oscar Solórzano Una revolución es una evolución rápida. Como procesos históricos, tenemos casos maravillosos y terribles, como ejemplo la Revolución Francesa o la Revolución China respectivamente. Dentro de estas revoluciones modernas sorprende que una isla caribeña, pequeña y sin petróleo resultara tan importante para los países de la región […]
Muy, muy para tan, tan. Por Oscar Solórzano
Una revolución es una evolución rápida. Como procesos históricos, tenemos casos maravillosos y terribles, como ejemplo la Revolución Francesa o la Revolución China respectivamente. Dentro de estas revoluciones modernas sorprende que una isla caribeña, pequeña y sin petróleo resultara tan importante para los países de la región y marcara de alguna manera los destinos.
Cuba se erigió, desde hace más de 60 años, como el faro que había logrado ponerle freno al imperialismo yankee y recuperar su soberanía; misma que cedieron a la entonces Unión Soviética. No es que le hayan entregado el poder directo, sino que asumieron a la extinta URSS como protectores y establecieron comercio sólo con los países socialistas.
Al caer el muro de Berlín y la Perestroika Cuba se quedó a la deriva absoluta, navegando en ese Caribe, sin que hubiera nadie que le comprara su azúcar, tabaco y ron, y además con un bloqueo económico tremendo.
El pueblo cubano resistió en aras de la promesa de una vida mejor, supuestamente estaban encaminados a un cambio donde los pobres vivirían tan bien como los ricos y todos podrían gozar de las mieles del reparto igualitario, ¿les suena?
Podemos mencionar algunas ventajas que tuvo Cuba, entre las que destacaron la educación y la salud (hoy decadentes), en lo demás, la realidad ha sido muy distinta, la revolución está estancada, el poder se hereda como si fuera un feudo medieval, y es aquí donde encontramos el obstáculo más grande, el gobierno cubano es el bloqueo de los propios cubanos, coarta todas las libertades, no permite ni siquiera el libre trabajo y las desigualdades ahora son más pronunciadas.
Los ricos son inmensamente ricos y todos los demás son pobres; según el Banco Mundial alguien que gana menos de un dólar al día está en el rango de la pobreza extrema, en Cuba el salario medio es de 37 dólares al mes.
No sorprende entonces que sea el mismo pueblo el que busca que la revolución revolucione, que les ofrezca alternativas de trabajo más allá de las dádivas estatales que no alcanza ni para comer el mes entero.
Conocí a un escritor que recién estuvo preso por decidir alzar la voz ante el hartazgo de no poder llevar una vida digna y me decía que el bloqueo a la isla es un mito ya que EU envía 3000 millones de dólares anuales en remesas a parte del turismo que anualmente genera otros 3000 millones de dólares; llegan 4,3 millones de turistas al año únicamente de la tierra del tío Sam, además de la ayuda “humanitaria” de todo el mundo.
El problema es que sin un motor interno que produzca y un gobierno indiferente a la crisis que vive el “Pueblo Bueno Cubano”, se avecina una verdadera revolución cubana.
En el contexto de estas protestas el propio gobierno cubano ha informado de la muerte de seis altos mandos del ejército, algunos de ellos en retiro, sin que se especifique las causas de tales decesos, lo que deja mucho lugar a dudas sobre la realidad y recuerda las prácticas del castrismo durante las épocas aciagas de la dictadura.
No se confunda, no se trata de abrir un país a la vorágine de las transnacionales, sino de brindar oportunidades reales y certezas para el crecimiento propio.
Lamentablemente algunos países están siguiendo este mismo esquema económico, han cerrado empleos, han desgastado sus instituciones democráticas, se han volcado en dádivas más que en oportunidades concretas y duraderas, en aras de una vida mejor que no acaba de llegar en prácticamente ningún caso.
Nuestro país parece estar justo en medio de una crisis así, estamos en la disyuntiva de tomar el camino de una “trasformación” que con promesas irreales está cerrando las oportunidades, frenando las inversiones, tomando acciones en contra de cualquiera que piense diferente (ya sean parte del gabinete, periodistas, ciudadanos o empresarios), atacando a las instituciones sobre todo aquellas que son garantes de la democracia y la rendición de cuentas.
Podemos aprender de la realidad cubana y la de otros países, preguntarnos si ¿de verdad es eso lo que deseamos o si la estrategia es la correcta para lograr que nuestro país avance en el sentido del crecimiento y la construcción de una sociedad menos diferente?
Así que ya saben, en eso quedamos.
Twitter @oscarsolorzanom
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